Carta a mi padre: Leo Messi

Comienza septiembre con sus habituales ajetreos de padres e hijos, la lista es larga, útiles escolares, uniformes, zapatos, ir a la peluquería, juntas de padres de familia, cuotas que cubrir, nervios por saber que salón, que maestros, qué compañeros acompañarán durante el ciclo escolar a los hijos, etc.

Todo resulta un poco emocionante y estresante, pero lo que causa muchas veces más ansiedad a los progenitores, viene una o dos semanas después: el deporte, el equipo, el entrenador de los vástagos.

Como madre también me involucré en su momento con los equipos de mis hijos, madrugué a las 5 o 6 am o me rosticé a las 3 pm por asistir a partidos o competencias de futbol, volibol o atletismo. Intenté mantenerme ecuánime, aunque no siempre lo logré, cuando presenciaba alguna “injusticia” en el arbitraje, o peor aún, ocasionada por el entrenador hacia alguno de mis hijos, pero se limitaba a enojos, nervios y sudoración excesiva.

Lo que nunca hice fue usurpar la labor del maestro(a) o socavar su autoridad, ya que siempre he considerado que es parte del aprendizaje de los niños y adolescentes el que vivan pequeñas frustraciones durante su vida. Sin embargo, sí presencié a muchos padres y madres que con voz altisonante ordenaban a sus hijos hacer lo contrario a lo indicado por los entrenadores. Gritos como “baja, baja” de la cancha, cuando les indicaban “sube, sube” por el maestro, gritar “pégale al rival” o “árbitro vendido”, o terminar de plano en un pleito en la cancha con los padres del equipo contrario, siempre me pareció muy vergonzoso y dañino para la enseñanza del respeto de los hijos a la autoridad, a los maestros y a los compañeros.

La historia nos muestra muchas vidas de atletas que aun cuando alcanzaron la gloria deportiva, fueron muy infelices practicando el deporte que les obligaron a realizar sus padres, utilizando una disciplina ferrea y estricta, todo por conseguir y vivir el éxito de sus hijos.

Muchos deportistas tanto campeones o no, han mantenido relaciones complejas con sus padres o entrenadores, llegando incluso a ser lo que hoy se nombra como relaciones “toxicas” y abusivas.

Casos como el del nadador estadounidense Michael Phelps, ganador de 23 medallas olímpicas, hoy vive alejado con su familia de las piscinas y de la presión que las competencias representaron para él, declarando: “Tengo 4 hijos y no quiero que naden, no quiero que vivan lo que yo pasé durante más de 20 años, no se los deseo a nadie”.

Las hermanas Williams, Venus y Serena, multi campeonas en el mundo del Tenis, obtuvieron sus triunfos como resultado de la enorme presión que recibieron desde niñas por parte de su padre Richard Williams, el cual inventó un plan de 85 páginas antes de que nacieran para hacerlas triunfadoras, método que caía indudablemente en el abuso. La historia se ha llevado a la pantalla con la película King Richard, protagonizada por Will Smith.

La gimnasta artística Simone Biles Owens, quien ha creado varios movimientos oficiales que llevan su nombre y ha ganado múltiples medallas en campeonatos internacionales y las Olimpiadas, tuvo una infancia difícil debido a las adicciones de sus padres biológicos. En las olimpiadas de 2020 celebradas en Tokio, se retiró de varias finales debido a problemas mentales por la presión que recibía en sus entrenamientos.

Andrea Agassi, de ascendencia iraní llegó a decir y escribir en su autobiografía llamada Open: “Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado”. El padre de Andrea era un boxeador olímpico, llamado Mike con el sobrenombre de “El Dragón”, lo obligó a jugar tenis desde los cuatro años, construyó una máquina lanzapelotas que le disparaban dos mil quinientas pelotas al día. Andrea llegó a ser el número uno del mundo y ganó ocho torneos de Grand Slam, pero eso no lo hacía feliz ya que era un destino impuesto para satisfacer las metas de su padre.

“Tiger” Woods (Eldrick Tont Woods), es considerado como uno de los mejores golfistas de todos los tiempos, y miembro del salón de la fama del Golf Mundial, sus padres son afrodescendientes, pero con ascendencia china y amerindia, de nombres Earl y Kultida. Earl, un exmilitar, lo apodó “Tiger” en honor a un compañero de combate que le salvó la vida en la guerra de Vietnam. Al igual que algunos casos anteriores desde muy pequeño (tres años) lo obligaron a jugar Golf con un programa llamado de resistencia a las distracciones, diseñado por su padre al estilo de los marines. Lo denigraba y vejaba con insultos raciales, para según él, se fuera acostumbrando a escucharlos. Al fallecer su padre, la carrera como golfista de Woods se vino abajo y salieron a la luz los abundantes problemas emocionales que arrastraba.

El caso de Messi y su padre parece que fue todo lo contrario y la sentida carta que le dedicó al morir refleja una relación de cariño, respeto y añoranza a los momentos vividos juntos, algunos párrafos dicen:

Pa, todavía no puedo creer que te hayas ido. Se me hace muy difícil imaginarme que ya no te voy a ver más, que no vamos a hablar más. Todavía nos quedaba mucho por disfrutar juntos. Cada vez que terminaba un partido esperaba y extrañaba tu mensaje

Desde chiquito siempre fue así. Me llevabas a todos los entrenamientos apenas llegabas de trabajar. Obviamente, a los partidos no faltabas a uno. Cómo sufrías viéndome y cómo disfrutabas, aunque nunca me regalabas muchos elogios.

Fuiste papá, amigo y representante. Siempre eras la persona que tenías que ser en cada momento y nunca te equivocaste en nada. Más allá de algunos reproches o peleas, siempre tenías razón. Al final se terminaba dando como vos decías.

Te amo, pa.

Es hasta cierto punto normal que los padres quieran fungir como entrenadores, managers o administradores de sus hijos, así como el de disfrutar sus dones y triunfos, siempre y cuando se aseguren de que sean los sueños de los hijos y no lo propios los que se quieran alcanzar y sobre todo ayudándolos a florecer y destacar en base a la disciplina y respeto de sus maestros y compañeros y nunca con abusos y exigencias extremas.

Las escuelas también deberían poner las bases claras para del desarrollo armonioso de las actividades extracurriculares y deportivas de niños y adolescentes.

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.