Cuba en busca del mejor camino

16 de octubre de 2020

Una orientación importante de la propaganda de Washington contra Cuba y su proyecto revolucionario socialista consiste en hacer ver que Cuba enfrenta una difícil situación económica, política y social porque no sabe si emprender el camino chino o el vietnamita.

Al hacer referencia a los procesos que han tenido lugar en China y en Vietnam, la prensa internacional influenciada –cuando no controlada- por Estados Unidos, esconde que los extraordinarios logros de estos países han tenido lugar bajo la conducción de sus respectivos partidos comunistas.

Los medios corporativos capitalistas jamás han reconocido que los increíbles avances y ventajas experimentados por estas dos naciones asiáticas de orientación comunista se deben a los éxitos de sus economías, gracias al papel principal que han desempeñado en ellos la sabiduría de sus dirigentes políticos.

Ellos han conducido a sus países al eficaz aprovechamiento de algunos mecanismos de mercado que antes no utilizaban a fin de evitar efectos negativos del orden mercantil en la sociedad que, partiendo de erróneas simplificaciones, suponían implícitos en ésta.

Pretendiendo sacar provecho del fenomenal salto económico adelante de China y Vietnam en la actual etapa de su desarrollo post capitalista, los ideólogos burgueses orientaron su propaganda a calumniar a estas dos naciones con la acusación de que estaban “construyendo el capitalismo”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

China, Vietnam y Cuba tienen en común una cruenta historia de luchas revolucionarias libradas simultáneamente contra el subdesarrollo y el imperialismo. La experiencia de cada una puede ser aprovechada por las otras siempre que se tomen en cuenta las características y circunstancias que las distinguen.

Comparar un proyecto revolucionario con los otros procesos sociopolíticos de izquierda para promover la desconfianza entre las fuerzas progresistas ha sido una línea de trabajo permanente de la reacción mundial en el campo de las ideas.

El proyecto socialista chino pudo sacar al enorme país asiático de la miseria en que lo sumió el capitalismo y colocarlo en un cimero lugar mundial por su indetenible y sostenido ritmo de desarrollo económico, tecnológico y científico.

El mérito por este salto corresponde por entero a su pueblo y a sus dirigentes comunistas que, con más aciertos que faltas en su lucha contra el atraso feudal y las incoherencias del orden burgués, han sido capaces de convertir a China en el motor del desarrollo global actual, según reconoce la mayoría de los economistas.

China ha implantado la “economía de mercado socialista” y se sirve de los resortes del mercado y mecanismos característicos del capitalismo incipiente con mucha mayor amplitud que Cuba, entre muchas otras razones, porque las peculiaridades del desarrollo de la sociedad burguesa en uno y otro país eran bien diferentes al momento de iniciarse los cambios revolucionarios.

En la isla, la presencia de empresas norteamericanas había introducido elementos de socialización de la producción, el comercio y los servicios que eran propios del capitalismo más avanzado de la época (y por tanto precursores dialécticos de las relaciones de producción socialistas). Ello le permitió obviar, no sin dificultades e insuficiencias, etapas del desarrollo de las relaciones de producción propias del capitalismo elemental hacia las pre-socialistas.

China, por su gran extensión y potencialidades, así como por la prioridad que concedió a su desarrollo macroeconómico -dado su carácter de gran potencia retrasada económica y tecnológicamente- encaró de manera distinta el asunto y optó por aprovechar las relaciones mercantiles, a nivel de base, de forma más amplia.

Vietnam, donde el capitalismo coexistió brevemente con una sociedad de economía muy primitiva afectada en su desarrollo por continuas agresiones contra su independencia nacional, tuvo que enfrentar la descomunal tarea de reconstruir su país a base de su recurso más importante: la laboriosidad de un pueblo extraordinario.

Tras vencer en cruenta guerra a la potencia más omnipoderosa y agresiva que la humanidad haya conocido, y además sin recursos financieros propios para cualquier otra opción, Vietnam desarrolla, desde 1986, un proceso de renovación que incluye una economía de mercado bajo orientación socialista.

Hoy, Vietnam, que se ganó a base de heroísmo el derecho al desarrollo, es un país unificado, próspero, estable e integrado con grandes potencialidades en la vida internacional, cuyo objetivo es la construcción perspectiva del socialismo.

Cuba no ha podido desplegar aún todas sus potencialidades a causa de la guerra económica que le ha impuesto desde hace más de 60 años el gobierno estadounidense que la arrecia cada vez más, en inútil empeño por reconstruir las relaciones semi-coloniales con la isla que implantó aprovechando la coyuntura que le proporcionó la derrota del colonialismo español a manos del independentismo cubano.

A partir de su propia experiencia y la de otros países, la revolución cubana decidió acudir a la utilización de ciertos estímulos mercantiles bajo control estatal, como parte de su autóctono modelo de desarrollo socialista.

El pueblo cubano espera no tener que volver a regar sangre para salvaguardar su independencia; apuesta por su propio modelo de desarrollo y confía en que, más temprano que tarde, el pueblo estadounidense forzará a la sensatez a la superpotencia americana sea cual fuere el gobierno que surja de la elección presidencial de  este año en esa nación, tan rica pero tan sufrida, en las condiciones que imponga la pos pandemia al mundo.

Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020