Cuba es de los pueblos más humanos y hospitalarios del mundo

El pueblo cubano es ejemplo de amor y libertades para los pueblos del mundo, aquellos que se fincan de manera pacífica y con respeto a la vida.

Somos fraternos y solidarios con un pueblo que invierte con empeño en desarrollo humano y que se ocupa para atender en primer lugar al prójimo y al servicio de las causas justas. Debemos estar siempre como pueblo tendiendo la mano y el corazón a quienes han sembrado respeto en vez de odio, a quienes han empuñado resistencia en vez de violencia, para decir ¡Ya basta a los abusos del más fuerte! Debemos brindar cobijo a la persona desprotegida y manto al peregrino en vez de sembrar discordia, entre pueblos y entre hermanos del planeta.

Los pueblos que migran, en su gran mayoría, lo hacen por desigualdades sistémicas, por un mundo donde fluyen más las ganancias y las mercancías que los acuerdos justos de intercambio, no debemos permitir entonces, que dicho sistema alimente los odios y los rencores para impedir que sean los seres humanos los que se muevan con libertades.

Debemos trabajar por un mundo donde prevalezcan más las razones y los acuerdos y no la fuerza y el despojo.

Me tocó el honor de representar al gobernador Huacho Díaz Mena, en el Consulado de Cuba el pasado 3 de diciembre y en la sede de la Universidad José Martí de Latinoamérica en Mérida, el 4 octubre, en 2025. México y Cuba somos naciones hermanas. En la Península de Yucatán tenemos lazos tan fuertes de sangre desde hace siglos, que entre nuestros pueblos las fronteras figuran sólo en lo imaginario, donde regularmente no requieren recordarse, salvo para reconocernos en la fraternidad ante el abuso.

Nos encanta el arroz con frijolito y plátano frito, ligero al caldo o casi seco, pero eso sí, de un negro aperlado. La yuca nos identifica al grado como la vianda reina y símbolo nuestro, desde toda Cuba hasta Tabasco. Nos parecemos tanto, que ni siquiera pensaríamos en engañarnos, y ni podríamos hacerlo.

Lloramos y reímos con lágrimas negras, morenas como la tierra, y sufrimos la inmensa pena si no nos vemos, si cada quien partiera a distintos rumbos o nos dividieran. Cómo pesa mucho si nos ofendieran y nos quedáramos callados. Por lo tanto, alzamos la voz y con cariño nos defendemos de la mano.

Hicimos amistad, un poco con amor, un poco con verdad. Nos vienen a convidar a arrepentirnos, nos vienen a convidar a que no perdamos, nos vienen a convidar a indefinirnos… Pero, caminando somos lo que fuimos, mexicanos y cubanos.

Creo que el destino me traza tareas maravillosas que van completando episodios del destino. De estudiante en la preparatoria cinco de la UNAM, el profesor Javier, de psicología, nos pidió acudir a un evento de un tal Virulo —era el año 1995, si no mal recuerdo—; salí fascinado del Centro Cultural San Ángel, me iba tarareando a “ Constantino Von Sauertcraututi”.

Ya saben, entre la sátira humorística de un cubano, el cruce con los albures chilangos, mi mente de yucateco en rebeldía empezó a brincar por fin con felicidad, después de tres años inadaptado al frío, a la resequedad de la piel y muchas otras cosas más, volvía a sonreír —riéndome de la desgracia para poderle hacer frente con humanidad—, y eso que la chilangada me consentía mucho.

Ahora, en la emblemática casa de mi tierra Yuca, en T’Hó, llamada Mérida, en la que me encuentro con mucho cariño y nostalgia, al distinguido personaje cantautor, nada más ni menos que Alejandro García Villalón: Virulo, no me queda más que decir, aunque hay mucho más por contar: ¡Que vivan los pueblos libres de América! ¡Que vivan los pueblos amorosos y felices de América! ¡Que viva la paz y fraternidad en el Mundo!

…Y lo que faltaría contar: la nostalgia retorna al Monumento a la Revolución en la Ciudad de México, con Silvio Rodríguez y con el Buenavista Social Club, a fines de los años noventa.

Doctor en Educación, con una Maestría y Licenciatura en Ciencias de la Educación. Maestro de aula y fundador del partido Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, en Yucatán. En el servicio público se ha desempeñado como subdelegado de la secretaría de Bienestar, donde coordinó operativos directos y programas de desarrollo humano en las comunidades yucatecas. Actualmente, es Jefe del Despacho del Gobernador de Yucatán, Joaquín Díaz Mena.