¿Dónde están las mujeres?

Rita Longa y Lesbia Vent

Cada vez que en Cuba se barajan los nombres para el Premio Nacional de las Artes Plásticas, que se viene otorgando con periodicidad anual desde 1994, surge la interrogante: ¿corresponderá a una mujer?

Sólo dos representantes del sexo femenino han sido galardonadas con el lauro más importante que se concede por la obra de toda una vida. En la segunda proclamación, a fines de 1995, compartió Rita Longa el premio con Agustín Cárdenas.

En tal caso se distinguieron por igual dos extraordinarias trayectorias en el campo de la escultura. Cárdenas hizo lo mejor de su obra fuera de Cuba, tomando como plataforma el movimiento surrealista en París, donde cultivó la amistad de Andre Breton. El período más fecundo de su producción aconteció entre 1965 y 1982, expresado en mármol y granito: es cuando las formas alcanzan, como observó el poeta, pintor y crítico Pedro de Oraá, una mayor abstracción y pureza, y suscitan junto a su refinada connotación poética ese impulso activo y hedonista de palpar la superficie: “La lección de Arp, Moore y Brancusi ha sido renovada”.

Rita Longa Aróstegui, escultora cubana

Rita Longa lo hizo todo, o casi todo, en Cuba. Entre los cubanos cuando se habla de escultura con nombre propio, aparece en primer lugar Rita Longa. Ella no concibió su tránsito por el arte para darse un gusto personal. Lo suyo era entregar y compartir la belleza con sus compatriotas. Y, en verdad, la vida la premió. La mayoría de sus esculturas al aire libre forman parte del paisaje y el imaginario popular. Pruebas mayúsculas de ello se tienen en la Aldea taína, de Guamá, en la Ciénaga de Zapata, en la occidental provincia de Matanzas; en la bailarina que identifica al mundialmente famoso cabaret Tropicana, en los cervatillos que franquean el acceso al Zoológico de la calle 26 en el barrio habanero del Nuevo Vedado; en la Santa Rita que preside la fachada de la iglesia de Quinta y 28, en Miramar; en la fabulosa Fuente de las Antillas, que distingue los nuevos tiempos en la ciudad de Las Tunas.

Aldea Taina, escultura de Rita Longa

Dentro de las convenciones realistas que dictaron la pauta del arte escultórico de la Isla durante casi toda la primera mitad del siglo pasado, Rita poco a poco fue haciéndose de códigos propios, advertidos por el público y la crítica a partir de la exposición que desplegó en el Lyceum en 1944 y reafirmados en obras de utilidad pública como Ciencia y fe (1946), en el actual Hospital Oncológico; el bronce Ilusión (1950), instalado en el cine Payret; y la composición Forma, espacio y luz (1953), para el Palacio de Bellas Artes. De tal modo supo encontrar el vuelo de la poesía de las formas.

Al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, acontecimiento al que se entregó a plenitud con renovadas fuerzas desde su ya bien ganado prestigio, Rita firmó una obra que merece una atención mayor, Muerte del cisne, en el entonces flamante Teatro Nacional. Con energías multiplicadas no solo legó la ya citada Aldea taína, junto al arquitecto Mario Girona, sino numerosas piezas monumentarias y ornamentales, homenajes a próceres y sentimientos patrióticos y solidarios, y, con verdadera pasión, creó el Taller Guamá y encabezó las labores de la Comisión Nacional para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (CODEMA).

Como parte de esa labor fomentó de manera particular la siembra de esculturas en Las Tunas, ciudad de la región oriental en la que se sintió como en un segundo hogar.

Muchos años después, solo en 2019, otra mujer resultó distinguida: Lesbia Vent Dumois, grabadora, pintora, creadora de un universo muy particular en el que apela a las manualidades y subvierte el sentido ornamental con que muchas veces se identifican menesteres como el bordado a hilo y la confección de adminículos de uso hogareño.

Al resumir su trayectoria, el poeta Miguel Barnet escribió: “Ella destacó como grabadora. Las texturas que iba logrando desde sus primeros originales múltiples definieron un modo de hacer muy personal. Si nos guiamos por la crítica pudiera adscribirse su obra a la Nueva Figuración que en América Latina, y por supuesto, en nuestro país, sentó cátedra en los años 60. Pero el expresionismo de Lesbia, a fin de cuentas, no se parece a nadie. Ella recrea el mundo de su cotidianidad, el quehacer de su casa, de su familia; y las labores manuales que le imprimen a su obra un sesgo de nostalgia. Cabría hablar de una singular intuición poética en sus realizaciones y una inspiración onírica que frisaba con lo surreal, debido, quizás, a la influencia de Eduardo Abela. Ello también se plasmó en la pintura, arte en el que reveló una mirada muy precisa en el ámbito de la composición. Lesbia se niega a lo efímero y le concede a todo lo que toca el don de la perpetuidad. En dos palabras, que todo lo que toca vuelve a nacer”.

¿Rita y Lesbia acaso son únicas? En la historia de las artes plásticas cubanas otras muchas otras mujeres han sobresalido. En las vanguardias del siglo XX, un nombre icónico figura: Amelia Peláez. Pero si se trata de la Nueva Figuración, entre los críticos suele haber coincidencia para señalar el notable caso de Antonia Eiriz.

Ahora bien, luego de la instauración del Premio Nacional de Artes Plásticas, varias mujeres pudieran haberlo obtenido por sus méritos artísticos sobrados y su incesante e ininterrumpida creación: Flora Fong, Zaida del Río, Rocío García, Alicia Leal… Sus nombres no dejan de manejarse en las cábalas, sin embargo los hombres siguen mandando. ¿En este 2021 se romperá el hechizo?

Nació en La Habana el16 de septiembre de 1947. Es crítica de Arte y Curadora. Dirige la Galería de Arte Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Formó parte del equipo de la Editorial ARTECUBANO, del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba. Ha colaborado con varias publicaciones especializadas de Europa y América Latina, y ha impartido conferencias en Beirut, Barcelona y Mérida (Yucatán). Ha sido curadora invitada de la galería Artemorfosis, de Zurich. Más de una veintena de artistas le han solicitado sus contribuciones en sus catálogos personales.