Dramaturgia En los bolsillos de Esther Irene Campos Cab Erick Manzo Olán

Esther se encuentra en medio de la nada. En un bote, acostada en posición fetal con los ojos cerrados. Al cabo de unos segundos se despierta. Lleva puesto un overol bombacho de bolsillos grandes. En el piso del bote se pueden observar un par de objetos: un libro, una gorra, una muñeca de trapo, una cajetilla de cigarros y un paquete de galletas. Esther se levanta.

No sé dónde me encuentro, todo está inundado, como si el mar se hubiera tragado la ciudad, formando una especie de Venecia. Está oscuro y tormentoso, a lo lejos veo una luz, enciendo el motor del bote y me dirijo hacia la luz. A mi paso, los edificios están cubiertos por agua casi en su totalidad, apenas unos metros sobresalen; no hay nadie a mi alrededor, solo estoy yo, buscando aquella luz en el horizonte.

Al llegar, encuentro solamente una clase de bengala flotante, se acerca con rapidez y se inserta en un foco que va adelante del bote; una parte a mi alrededor se despeja, como si un domo me cubriera de la tormenta, sigo sin entender qué sucede. Reviso las cosas que están tiradas en el bote, El país de las últimas cosas de Paul Auster; algo recuerdo de este libro.

No se puede salir de aquí,

las calles se congelan en invierno

y se inundan en primavera.

La madera se pudre lentamente,

todos se roban entre todos.

se drogan para correr,

hasta morir.

Un pez gigante, de color negro y ojos rojos, con cara de rape abisal me acecha. Me habla.

—Estoy ansioso por nadar contigo, me gusta el olor a galletas y cigarrillos que dejas. Si el mundo se acabara, vendrías conmigo, ¿verdad? ¿vendrías y pasarías la noche? Nuestros pensamientos y sentimientos serían irrelevantes. Vendrías conmigo, ¿verdad? ¿Me amarías a pesar de todo? Yo te amo. De verdad te amo.

Recuerdo que adoro fumar, prendo uno, mientras huelo una galleta, me gusta esa combinación.

Let’s get covered in flames and

play some games with the smoke

Mi cuerpo en espacio infinitamente negro

La tensión superficial me mantiene arriba

Atravieso mi primer mundo.

Recuerdo hacia donde ir justo ahora, como apenas un pedazo de película que se me ha mostrado (Esther saca de sus bolsillos una cartera, tiene una credencial escolar con la foto arrancada, una foto de su madre, un billete de 50 pesos y unas monedas); esa señora me resulta familiar, la credencial es de mi escuela, o al menos eso supongo, no sé de qué me serviría ahora el dinero (toma el dinero y hace un puño, luego lo arroja).  Deseo saber por qué estoy aquí.

El mar se abre creando un camino, empiezo a andar y encuentro una escuela destruida, parece ser el gimnasio. El símbolo de un equipo conocido en un banderín me golpea, yo tengo una gorra de ese equipo.

¡Patético!

¡No, no puedes!

             La última en ser elegida

                         ¿Tú quién eres?

Mi espacio es un ciclo, un ir y venir, de forma elíptica se persigue su cola, un Uróboros dimensional que me plantea fotogramas ya conocidos, ya repasados, ya contaminados por el uso desmedido.

Salen sombras con gorras, toman bates y empiezan a golpearla, la hunden en la garganta del abismo. La voz de una mujer se escucha con eco.

—Recuerdo que no te gustaba ir a la escuela, recuerdo que casi siempre te metías en problemas, recuerdo que no querías comer (Esther toma de su bolsillo un llavero) ni siquiera cuando salíamos de viaje, no querías estar con nosotros, ni aunque te sacáramos de la ciudad durante las vacaciones. ¿te gusta tu llavero?

—Siempre me ha gustado, es lo único que me recuerda aquel día en donde, aunque estuviese triste, pude irme. Por unos días, por unos instantes largos.

—Nada te sale bien, ¿verdad? Siempre tan egoísta, solo pensando en ti, no tienes ni la más mínima responsabilidad afectiva, si tan solo entendieras un poquito mejor, ¿es que acaso hablamos latín?

—Siento no entender latín. no sé cómo el hueco de mi pecho aún quiere imitar, entender latín.

—Es la misma excusa de siempre: lo siento, lo intento, te juro que lo entiendo, pero…

Llego al fondo, vuelvo a estar en mi bote, ahora todo está color atardecer brutal, color garganta de ballena, color “ya me harté de esta mierda” o algo parecido. En un edificio gigante, encendido en llamas, puedo ver un Camaleón enorme escupir fuego que grita: ¡Ya me harté de esto! Y por un orificio, que parece más un boquete que dejó una bomba, salen y caen miles y miles de muñecas incendiadas, como una fuga de agua recalcitrante.

Un cuervo gigante de siete ojos se aproxima a la mujer del bote, es negro, sin sombras ni luces, de ojos rojos.

Quiere mi muñeca.

—¡Dame eso! ¡me pertenece!

—No, déjame, es mi muñeca!

—¿Cómo lo sabes, si no recuerdas nada? ¡Nunca recuerdas nada! ¡nunca pones atención!

Una cabeza de medusa del tamaño de una isla pequeña está llorando y sollozando.

—¡Dejen de pelear! ¡siempre es lo mismo contigo, Esther! ¡Te digo que eres una egoísta!

—El pez gigante (susurrando. Debajo del bote): Al diablo con esto, sumérgete conmigo, vuelve a nadar conmigo. No necesitas esto, sabes que eres buena persona, no has hecho nada malo, solo has pensado en lo que es mejor para ti, lo sabes. Al fin y al cabo, no sabes dónde estás, más allá del fondo quizá. ¿qué importa si eres egoísta? ¿recuerdas el volante?

Está doblado en ocho

Yace en mi bolsillo

El ocho es número par

El ocho es comienzo

Transición entre el cielo y la tierra

Lo infinito.

Pero yo me encuentro en este mar sanguinolento, y recuerdo y desdoblo el papel de ocho partes, no fui a la marcha. Tal vez sí soy egoísta. Lo que pasó es este mar de glóbulos rojos sin fin, y yo tan victimizada, tan sufrida, tan hipócrita.

No está mal estar mal, está bien ser un desastre,

an Disasterology. Nobody knows to dream about it

i got one million faces for you

no body knows to dream about it

let’s get covered in flames and play some games with the smoke

Juega con el humo o ahógate en tu incendio.

El yo es un narizón de ojos que se agrandan con su propia recepción visual, egoísta de cabecera, gerente del “qué mierda te importa” y partidario del callar lo que siente (todo se va tornando más rojo, como un foco gigante que tiñe todo como una especie de filtro). El bote sin rumbo, el mar más profundo, a pesar de estar oscuro puedo ver mi reflejo en él, viéndome desde esa segunda dimensión, me parezco al pez que tanto espera mi compañía, estoy arrugada, mi frente se remanga de angustia y mis dientes se escapan solos, pretendiendo sentir algún goce tardío. Hurgo por última vez mis bolsillos para encontrar algo que me haga recordar, que me diga algo positivo (encuentra una postal de una playa con algo escrito al frente).

—¡Todo este trayecto hacia ti hasta hoy! Y no termina… ¿Qué crees tú que es más importante que el azul y el rojo?  Se supone que esto me debe resultar familiar (voltea la postal y hay una foto engrapada de una niña posando en la misma playa), pero realmente no puedo familiarizarme con nada. O nada de esto me pertenece o de verdad es que soy una inconsciente.

De repente todo se despeja, de la nada todo está claro, es como si despertara de esta pesadilla, pero toda la ciudad sigue inundada, y yo sigo en este bote. Veo en el suelo del bote un lápiz, me recuesto y me quedo viendo el pedazo de madera, me levanto y escribo en el borde del bote mi nombre completo: Esther Irene Campos Cab. Lo remarco tantas veces como sean necesarias para que sea visible; después de desgastar la madera y asegurarme de poder ver mi nombre, intento encender el motor, no funciona. En la base puedo ver unos remos, están algo gastados y suaves por la humedad, pero decido remar.

Oscuro

Erick Manzo Olán
Nació el 26 de febrero de 1998 en Villahermosa, Tabasco. Actualmente estudia el séptimo semestre en la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Ha representado adaptaciones de obras como: "Kame hame ha" de Jaime Chabaud y "Préstame tus alas" de Miguel Vázquez en el 2017. También ha participado en El día del cuento presentando una lectura dramatizada del cuento "Ómnibus" de Julio Cortázar. Fue el príncipe sirio Narraboth en la obra "Salomé" de Óscar Wilde, dirigida por Paco Marín en mayo de 2019 que se presentó en el Festival Estatal de Teatro Wilberto Cantón en septiembre del mismo año. Además del teatro, ha participado también en el ámbito cinematográfico, siendo el protagonista del cortometraje Y de golpe, dirigido por José Gamboa y presentado en el proyecto "Vacío urbano", así como en un cortometraje promocional para el Congreso de Literatura CIELL, el cual forma parte de la UADY. También participó como personaje protagónico para el corto El perro de las dos tortas, uno de los metrajes dirigidos por alumnos de Arte 7 de la ESAY en enero del 2020. Forma parte del grupo "Caballo azul", que dirige el maestro Paco Marín y en el colectivo "Epígrafe". Actualmente está trabajando en las obras: La piedra oscura de Alberto Conejero, dirigida por Paco Marín. Y una adaptación de la obra Fausto de Marlowe, adaptación escrita por Edward Chan y Juan E. Chávez, esta última por parte del colectivo Epígrafe.