Dramaturgia Lírica de un sueño de Marisa Rubio

A —¿Cómo estás hoy?

B —Bien, bueno, no sé… Lo soñé de nuevo.

A —Cuéntame.

B —Estaba en un lugar grande, un jardín con mucha vegetación. Era una convivencia, habían otras personas realizando una actividad que no recuerdo, ahí estaba yo con mi familia: mi esposo, mis hijos. Y, yo sabía que él estaba ahí con su familia, porque pude verlo de lejos, eso me emocionó mucho. Entonces, me desprendí del grupo para ir a la cocina que estaba apartada del jardín. Él llegó solo a la cocina también y nos encontramos, sentí la fuerza de una ola, un imán estaba dictando nuestros pasos.

Un abrazo. Era inevitable, resultado de una larga espera. No hablamos, nadie dijo una palabra. Un contacto pleno, un reencuentro. Dos piezas que embonan, sentí su olor y su respiración. Algo roto que se reintegró.

¿Duró unos segundos? ¿Minutos?

 No sé. 

El tiempo desapareció.

A —¿Y qué pasó?

B —Yo debía regresar a mi vida y no quise que este momento fuera perturbado por nada y que tampoco perturbara nada.

Llegó mi esposo. Todo estaba en calma, regresamos todos a las actividades de la fiesta, ahí comprendí que era una fiesta.

Después, “el hombre de mis sueños” tomó una guitarra y se puso a cantar. Alguien por ahí se burló de él y dijo: ¿Y este trovador trasnochado?

Yo me sentí mal por él, pero no dije nada, guardé la incomodidad para mí.

A —¿Y, entonces?

B —Nada, desperté con muchas emociones encontradas.

A —¿Por qué?

B —Porque es impresionante que sueñe de forma recurrente con este hombre que conocí hace 30 años, ni siquiera fuimos novios. Fue una historia que incluso acabó mal, porque no había forma de nada.

A —¿Por qué tú crees que no había forma de nada?

B —Porque ese año murió mi mejor amigo, mi tristeza era más grande que todo, yo no podía querer a nadie. Todo era dolor.

A —Parece que lo tienes bastante claro, ¿qué es lo que te inquieta?

B —No entender qué hace este hombre instalado en mis sueños.

A—Bueno, no es un sueño recurrente.

B —Precisamente, el personaje es recurrente, no el sueño. Y debo decir que este personaje me quita el sueño cuando estoy despierta y cuando finalmente me duermo, aparece tan campante y yo vuelvo a temblar de angustia como hace 30 años.

A —¿A qué le temes?

B —A fracasar otra vez con la misma persona. ¿Porqué carajos regresa si ya pasaron 30 años?

A —No sé, dímelo tú.

B —Yo tampoco lo sé, por eso estoy aquí con usted, hurgando en mi cabeza. Supongo que tengo que preguntarle a este hombre la próxima vez.

A —Parece que estás programando una cita.

B —Parece, sí. Creo que tengo en mi agenda un lugar para mi pasado. Incluso, creo que me está soñando y que en una realidad paralela estamos atrapados en un recuerdo.

A —Bueno, esa es una suposición poco probable. ¿Has pensado llamarle a esta persona?

B —¡Jamás! ¡Primero, muerta! Yo no voy a ser la que regresa del inframundo, nostálgica de la prepa a buscar a un ex a hablar de los “hubieras”. Sólo de pensarlo me da espanto.

A —Bueno, en ese caso el camino es incierto. El inconsciente es un laberinto. Podemos discutir aquí lo que te representa este personaje a ti.

B —Podemos. Podría hablar por horas de todo lo que pudo ser y no fue, de cómo me mantuve enamorada de un fantasma, nutriéndolo de cualidades y de perfección. Eso, soy perfectamente capaz de hacerlo. Incluso usted podría darme de alta por el reconocimiento de mis patologías, soy buena en eso. El tema es, que volveré a dormir y ahí veremos qué pasa.

A —Ok, ya me contarás. Por ahora se terminó el tiempo, nos vemos la próxima semana.

Mi curiosidad empezó a tornarse en obsesión. Busqué información sobre las almas gemelas, el esoterismo, los sueños lúcidos. De ahí pasé a las invocaciones antes de dormir. Me quedaba claro que conseguir un teléfono y hablar con un señor con quien viví un tórrido romance hace 30 años no era la solución a mi pregunta.

De hecho, no me interesaba la persona, sino el personaje. El joven apuesto y lleno de talento que me robó el alma con todo y suspiros estaba ahí, tocando la puerta para decirme algo. Y yo debajo de esta piel que envejece, guardo a la mujer plena en sus 20 años, con su remolino de vida intacto. Esos dos son los que quieren hablarse de tanto que no se dijeron. Ese loco amor, pide, exige, un momento más en el tiempo sin tiempo. Y, por alguna razón, he asumido que soy yo quien debe reunirlos.

Lo tengo frente a mí, me invita a venir a su casa y quedarme con él. No hablamos, toda comunicación es telepática. Me encuentro con una maleta en la puerta de una casa de 2 plantas, me conduce a una habitación, todo es nebuloso y azulado.

En la casa vive con su familia, esposa e hijos. Yo me sorprendo, pero al mismo tiempo me siento tranquila. Su mujer es amigable, vive con sus hijos en la parte alta de la casa, su lugar está seguro.

“El hombre de mis sueños” me instala abajo, con él. Está contento de verme, hemos buscado el acercamiento, hay curiosidad de saber quién es el otro hoy.

Hablamos, reímos y nos ponemos al día, ya no somos los mismos aunque la atracción aún existe y es fuerte, lo sabemos, estamos listos para esto.

Me mantengo cercana con distancia prudente, no soy un peligro.

En esa planta baja de la casa encontramos un momento de intimidad cómplice para recordar lo que fuimos, hablar del pasado y asumir el presente.

En algún momento estamos los tres.

Su esposa me pregunta por mi vida, y yo le cuento. Todo le parece interesante. Poco a poco, cada cosa toma su sitio, el corazón encuentra la calma.

Entre miradas y risas, coqueteamos, es inevitable. Sabemos que no habrá más allá. El acercamiento es fraterno, amigable, hospitalario. Hay una alegría mutua de sentirnos liberados.

Nos reconocemos maduros y elegimos la amistad, hoy nacida de un amor imposible.

Es también una posibilidad de amor, quizá más grande y permanente, pues no paga el precio de la pasión.

A —¿Y qué pasó después?

B —Desperté.

A —¿Y qué piensas de esto?

B —Nada, viendo que puedo voluntariamente encontrarme con él, estoy pensando invitarlo a unas vacaciones en Bora Bora.

A —Oníricas…

B —¡Claro! Son más baratas.

A —Ok, suena muy interesante. Y dime, ¿qué pasó con el medicamento, lo sigues tomando?

B —No…

A—¿Por qué?

B —Porque no me deja soñar.

A —No creo que debas cortar un fármaco sin prescripción médica, pero hablaremos de eso la próxima sesión.

B —No habrá próxima sesión. Gracias. Yo me quedo con mis sueños.

Marisa Rubio
Actriz mexicana, formada en el Centro Universitario de Teatro UNAM se instala en Francia desde 2014 y desarrolla actualmente proyectos artísticos entre Francia y México. En 2020 escribe y dirije la pieza para niños La Ruta de la Vainilla estrenada en la Ville de Dreux. Este mismo año, co-funda el Colectivo Interdisciplinario Aguafuerte Histoires Vivantes. En 2019 escribe e interpreta la pieza para niños CACAO ! Un dulce regreso a la infancia estrenada en el Festival de Dreux, Francia y con presentaciones en diferentes eventos como : Festival de Dia de Muertos, Parque Floral de Paris y Festival Gastronómico Qué Gusto ! Es programadora de actividades culturales diversas en El Zókalo Bar Cultural, desde 2017, mismo año en el que estrena en el Teatro Apollo de Paris el espectáculo de música y teatro Au-delà de Frida siendo co-creadora e intérprete. Algunas de sus participaciones en México en cine, televisión y teatro son: "Gloria" Película realizada en 2014 y ganadora del premio Ariel, otorgado por la Academia Mexicana de Cine. Participa del 2010-2013 en las 3 temporadas de la Serie de televisión "XY" , nominada en 2012 en varias categorías en el Festival de Montecarlo. En 2015, regresa a México para participar en teatro en la obra "Wit" de Margaret Edson, ganadora del premio Pullitzer. El montaje gana varios premios de la crítica mexicana. En México de 2010 a 2014 forma parte del elenco original y estable de la obra Toc-Toc de Laurent Baffie en su versión mexicana, con una larga y exitosa temporada de 1000 representaciones y denominada por la crítica : La Mejor Comedia del Año 2013.