El desafío del liberfascismo en América Latina

La emergencia del liberfascismo en América Latina representa una encrucijada crítica para la región, marcando un punto de inflexión en su panorama político, económico y social. Este fenómeno, que fusiona elementos del liberalismo económico radical con tendencias autoritarias y excluyentes, surge como respuesta a las crisis multifacéticas que enfrenta el continente.

El liberfascismo en América Latina se puede interpretar como una reacción al agotamiento del modelo neoliberal implementado en las últimas décadas. Las promesas de prosperidad y desarrollo asociadas a las políticas de libre mercado no se han materializado para amplios sectores de la población, generando descontento y desigualdad. En este contexto, el liberfascismo se presenta como una alternativa radical que promete resolver estos problemas mediante una defensa aún más agresiva del mercado y la propiedad privada.

Simultáneamente, la región ha experimentado el surgimiento y fortalecimiento de movimientos sociales progresistas, incluyendo luchas feministas, indígenas, LGBTQ+ y ambientalistas. Estos movimientos han cuestionado no sólo las estructuras económicas, sino también las normas culturales y sociales establecidas. El liberfascismo emerge como una contraofensiva a estos avances, proponiendo un retorno a valores tradicionales y una defensa violenta contra lo que percibe como amenazas a la libertad individual y del mercado.

Para ilustrar mejor el concepto de liberfascismo, podemos examinar el caso de Javier Milei en Argentina. Milei no promueve narrativas abiertamente xenófobas, como el fascismo histórico, sino que centra su discurso en la libertad, pero no en el sentido del liberalismo clásico. El liberfascismo que Milei representa propone una defensa agresiva de la propiedad privada y el mercado contra cualquier forma de alternativa, incluyendo el neoliberalismo, al que considera demasiado débil en su defensa del capitalismo.

Así, el liberfascismo va más allá de la utopía libertaria de un Estado mínimo: mientras que el liberalismo clásico concibe un mercado basado en contratos privados y propiedades inalienables, el liberfascismo se apoya en teorías conspirativas y en la posverdad para defenderse de un mundo que percibe como hostil al dominio del capital. En este sentido, el liberfascismo es un fenómeno moderno que, si bien combina el liberalismo económico radical con elementos del fascismo nacionalista, también difiere de estos movimientos.

Como señala Balotol (2023), el liberfascismo introduce la figura del “defensor de sí mismo”, alguien que se siente amenazado por diversos grupos (LGBTQ+, comunistas, feministas, ecologistas, etc.) y responde con violencia. Esta ideología considera todas las relaciones sociales como mercantiles, regidas por una noción abstracta de libertad, vista como la esencia última del individuo. Así, la defensa del yo se equipara a la defensa de la libertad del mercado.

Además de la ferviente defensa del mercado capitalista, otra de sus características centrales es la exclusión política y cultural de mujeres, afrodescendientes, indígenas, homosexuales y cualquier persona que cuestione su modelo de hombre heterosexual y capitalista. En este contexto, la exaltación de la libertad se convierte en una defensa violenta contra quienes no comparten esta visión y contra quienes son diferentes. La apología del mercado va más allá del cinismo neoliberal, resultando en una segregación brutal de aquellos que no se alinean con el liberfascismo.

A diferencia del fascismo histórico del siglo XX, que surgió como una respuesta de la burguesía a la amenaza comunista y se caracterizó por un régimen dictatorial y nacionalista, el liberfascismo emerge en un contexto diferente, enfrentando la crisis del modelo neoliberal y el surgimiento de movimientos interseccionales que cuestionan el dominio del capital en múltiples dimensiones. También es importante diferenciar el liberfascismo del neofascismo, que se centra en el nativismo y la exclusión de los no nativos sin el componente estatal y totalitario del fascismo clásico. El liberfascismo, en cambio, se enfoca en una concepción particular de la libertad que justifica la exclusión y la violencia contra quienes percibe como amenazas a esta libertad idealizada.

El liberfascismo es, como puede inferirse, una mezcla única de liberalismo económico radical y fascismo, adaptada a las realidades del siglo XXI. Su surgimiento refleja las tensiones y contradicciones del capitalismo contemporáneo, donde la defensa de la libertad de mercado se entrelaza con tendencias autoritarias y excluyentes. Comprender estas distinciones es fundamental para analizar adecuadamente los movimientos políticos contemporáneos y desarrollar respuestas efectivas. El liberfascismo, con su particular fusión de ideas sobre libertad, mercado y exclusión, plantea desafíos únicos que requieren nuevas formas de análisis y acción política en el contexto global actual.

La peculiaridad del liberfascismo latinoamericano radica en su adaptación al contexto histórico y cultural de la región. A diferencia del fascismo europeo del siglo XX, no se centra en un nacionalismo exacerbado o en la figura de un Estado todopoderoso. En su lugar, adopta un discurso que exalta la libertad individual y económica, pero lo hace de una manera que justifica la exclusión y la violencia contra grupos marginados y disidentes.

Un aspecto crucial de este fenómeno es cómo el liberfascismo está reconfigurando el debate político en América Latina. Tradicionalmente, la región ha oscilado entre gobiernos de izquierda y derecha, pero el liberfascismo introduce un nuevo eje que desafía esta dicotomía. Se presenta como una alternativa tanto al socialismo del siglo XXI como a las políticas neoliberales moderadas, apelando a un descontento generalizado con la clase política tradicional.

El auge de figuras como Javier Milei en Argentina o José Antonio Kast en Chile ejemplifica cómo el liberfascismo está ganando terreno en la región. Estos líderes combinan un discurso de libertad económica radical con posturas socialmente conservadoras y, en algunos casos, autoritarias. Su atractivo radica en la promesa de soluciones simples a problemas complejos, apelando a un sentimiento de frustración y resentimiento entre ciertos sectores de la población.

La encrucijada que plantea el liberfascismo en América Latina tiene implicaciones profundas para el futuro de la democracia en la región. Por un lado, existe el riesgo de que estas tendencias erosionen aún más las instituciones democráticas ya debilitadas en muchos países. En el mejor de los casos, la amenaza del liberfascismo podría servir como catalizador para una renovación y fortalecimiento de las fuerzas democráticas y progresistas.

Además, el liberfascismo plantea desafíos significativos para la integración regional y la cooperación internacional. Su énfasis en la soberanía nacional y la desconfianza hacia organismos internacionales podría obstaculizar esfuerzos de colaboración en temas cruciales como el cambio climático, la migración y el desarrollo económico sostenible. En el ámbito económico, la propuesta liberfascista de una desregulación radical y una reducción drástica del Estado podría exacerbar las desigualdades existentes y generar nuevas formas de exclusión social. Esto, a su vez, alimentará ciclos de inestabilidad política y social en una región ya marcada por altos niveles de desigualdad.

Frente a esta encrucijada, es crucial que los actores políticos, sociales y académicos de América Latina desarrollen estrategias efectivas para confrontar el liberfascismo. Esto implica no solo una oposición directa a sus propuestas más extremas, sino también abordar las causas subyacentes de su atractivo: la desigualdad económica, la inseguridad, la corrupción y la desconfianza en las instituciones democráticas.

Concluyendo: la emergencia del liberfascismo en América Latina representa una encrucijada crítica que desafía los fundamentos de la democracia, la justicia social y el desarrollo inclusivo en la región. Cómo los países latinoamericanos respondan a este desafío determinará en gran medida el futuro político, económico y social del continente. La respuesta requerirá no solo una comprensión profunda de las raíces y manifestaciones del liberfascismo, sino también la articulación de alternativas viables que aborden las necesidades y aspiraciones de la población sin caer en soluciones autoritarias o excluyentes.

BIBLIOGRAFÍA:

Ayala-Colqui, J. (2022). El nacimiento del “liberfascismo” y los distintos modos de gestión de la pandemia en América Latina. Prometeica-Revista de Filosofía y Ciencias, (24), 182-199.

Ayala-Colqui, J., Romero Contreras, A., Barria-Asenjo, N. A., Huanca-Arohuanca, J. W., & Letelier S, A. (2023). La extrema derecha como problema psicoanalítico: acerca del “liberfascismo” y sus modalidades de goce. Revista de Humanidades de Valparaíso, (23), 143-162.

Balotol, R. (2023). Interseccionalidades de la izquierda y la derecha en América Latina y Europa. Una exploración de los procesos políticos contemporáneos. Íconos. Revista de Ciencias Sociales, (77), 157-176.

Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).