El Santo Niño del Pueblo

Allá lejos en donde está le llevan ofrendas, le encienden velas y le rezan, así me contó la abuela. Es que, al parecer, su sitio, el lugar que prefiere ha sido y es estar entre la gente. Cuando estuvo en la ciudad se le apreció poco, a tal grado que unas nuevas imágenes lo desplazaron.

Creo que la abuela no imaginaba lo que ocurriría al regalarlo. Lo regresaba a quienes en realidad pertenecía: a la gente.

La historia es peculiar. Comenzó en Izamal, era el inicio de los años 60, el abuelo Carlos lo obtuvo, y con él a sus padres, gracias a una rifa. Nadie recuerda cuál era el número que resultó premiado, solamente la sorpresa causada cuando le llevaron la Sagrada Familia. Un pequeño grupo de personas, en su mayoría mujeres, acudieron hasta las puertas de la casa de los abuelos para hacer la entrega de una manera casi ceremonial.

—Oye Carlos, hay unas personas frente a la casa y parece que a ti te están buscando, dijo la abuela Yoya.

—¿Qué será?, respondió aquel con cierta extrañeza.

—Buenas tardes, ¿está el doctor?, dijo con voz fuerte una de las mujeres, otros que la acompañaban cargaban unas cajas como si se trataran de verdaderos tesoros.

—Don Carlos venimos a traerle su niño.

La abuela me dijo con picardía que la miró y pensó muy en sus adentros:

—¿De qué niño habla esta mujer? ¿Será que tuvo un hijo con otra?

La incógnita se resolvió enseguida:

—Salió premiado su número y se ganó usted el niño, bueno, más bien a la Sagrada Familia.

—El abuelo había olvidado que compró un numero de la rifa y que el premio era las imágenes de José, María y el Niño Jesús. Eran grandes, hermosos y el niño Dios ni que decir, tiene el tamaño de un bebé real.

Así, una vez recibidos y después de dar sobrados agradecimientos, los abuelos ya tenían sus primeros santos para poner por primera vez su Nacimiento en la Navidad de aquel año de principios de los 60s, eran unos chavos mis abuelos. Y así fue el año siguiente, el otro y el otro. Los vecinos acudían y pedían permiso para encenderle velas al hermoso Santo Niño, ocurrían algo así como pequeñas celebraciones, el Niño Jesús fue adoptado por la gente. Cada fin de año, en los días previos a Navidad había espontáneas romerías a su casa.

Llegó el día en que don Carlos, doña Yoya y sus hijos tuvieron que emigrar a la ciudad y entre todas las cosas que llevaban estaba una caja especial que protegía a la Sagrada Familia. Pero la casa en la que vivirían no tenía el espacio suficiente para poner el Nacimiento tal como lo hacían en la casa de Izamal. Así, la Santa Familia quedó guardada. Alguna vez se le ocurrió a la abuela instalar el Nacimiento. No sé si fue el tamaño físico o la grandeza espiritual que reflejaban las imágenes lo que le llevaron a pensar que aquel no era el espacio apropiado para ellos.

Las siguientes Navidades no hubo Nacimiento y la Sagrada Familia permaneció guardada varios años más hasta que un día, una persona muy estimada le dijo a doña Yoya que se iba a casar y la invitó a su boda. La abuela pensó: ¿Qué podría obsequiarle? Y decidió algo muy especial.

La joven mujer quedó asombrada al ver el regalo. Era la Sagrada Familia. Casi lloró de emoción y abundó en agradecimientos.

—Doooña Gloria, yo no sabía ni imaginaba cuánto me estima usted y que me tuviera tan en cuenta, dijo mientras algunas lágrimas se deslizaban en sus mejillas. Y así fue como el Santo Niño y sus padres cambiaron de manos. Se fueron lejos, a una comunidad por el rumbo de Tekax, ahí encontraron su nueva casa.

Tiempo después aquella agradecida mujer le contó a la abuela que desde el primer año que pusieron el nacimiento comenzaron a recibir las visitas de vecinos que pedían permiso para encenderle velas, que empezaron a hacer novenas al niño, que le rezaban y le ofrendaban.

De esta manera, la Sagrada Familia regresó a la gente, a su sitio, a la comunidad, en donde querían estar. Aquella pareja de novios tuvo luego varios hijos que crecieron y las romerías a su casa se hacen cada año. Mi abuelo, el del número premiado, partió hace muchos años y esta Navidad la abuela nos contó con evidente satisfacción esta historia del Santo Niño del Pueblo.

Carlos Chablé Mendoza
Es promotor cultural, escritor y cronista de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, México. Premio Estatal de Periodismo 2000 en Quintana Roo. Fundador en 1988 del Centro Quintanarroense de Desarrollo, AC (Ceqroode) ; en 2002 co-fundador de la Academia de la Lengua y Cultura Mayas de Quintana Roo, AC (Acamaya), ambas asociaciones con sede en Carrillo Puerto. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo en Quintana Roo en el año 2000 Participó en 1991 en la constitución del Consejo Maya Peninsular 500 años de Resistencia. Conferencista sobre movimiento indígena y cultura maya en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, España en 1993. Fue coordinador editorial de la revista cultural Nikte T’aan (2001-2004) Miembro de la Junta encargada de la organización de los Encuentros Lingüísticos y Culturales del Pueblo Maya realizados en México, Belice y Guatemala (entre 2005-2008). Corresponsal de medios nacionales y regionales como Notimex y Diario de Yucatán; productor y conductor de programas de radio de la Casa de la Cultura de Felipe Carrillo Puerto hasta 2013 Fue regidor del ayuntamiento de F. Carrillo Puerto 2011-2013. Autor del libro "Xbáalam Naj 500 años después". Ed. Anteros, septiembre 2019. Coautor de “1974. Diálogos de esperanza. Memoria de lucha de clases en Yucatán”. Colegio de antropólogos de Yucatán. 2014. Incluyeron su obra en “Mujeres de roble. Retratos de mujeres mexicanas”. Imágenes del concurso de fotografía Demac 2008 y es coautor de "En busca de María Uicab, reina y santa patrona de los mayas rebeldes"