Estimados lectámbulos:
Estamos muy agradecidos por los 5 470 cómplices de letras, que disertaron sobre las ideas presentadas en la primera edición de nuestra revista y que compartimos a través de las redes sociales.
Iniciamos octubre con el tema “Encierro y libertad”, que les traemos para dialogar durante este mes, el cual seguramente estará lleno de acontecimientos y anécdotas dignas de contar, analizar, reflexionar y compartir.
Elegimos este tema, porque estos conceptos tienen un enorme significado y, a pesar de haber estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad —no sólo de la gran historia, sino en la vida cotidiana—, es hasta hace unos meses que hemos sido conscientes de su existencia.
Nuestra libertad, de la cual presumimos ser dueños, fue violentada cuando nos pidieron quedarnos en casa, junto con otras medidas restrictivas para evitar la propagación del Covid-19, como usar cubrebocas, acudir al supermercado y comprar ciertos productos en horarios establecidos u ocupar máximo dos personas por vehículo, entre otras. Sin embargo ¿Ahí radica la libertad? ¿Antes del Covid-19, en verdad éramos libres?
Mucho antes que pensáramos siquiera la llegada de una pandemia, ya existían espacios de encierro, donde hombres y mujeres se encontraban privados de su libertad: hospitales, cárceles, manicomios, conventos, monasterios; incluso, el hogar mismo para muchas mujeres cuya vida no tiene otra opción que servir a los demás.
Durante mi trabajo en el Taller de Escritura Femenina del Centro de Readaptación Social de Mérida (2005-2008), conocí mujeres que se descubrieron a sí mismas en el encierro. Una de ellas, Leydi, de 59 años, aprendió a leer literatura, escribir poesía y a pintar, se convirtió en una lectora desmesurada, algo que no había podido hacer “afuera”, porque siempre tuvo primero que ser esposa, madre y abuela. Descubrió su libertad en el encierro. Cuando salió libre, su familia, su esposo, quiso que volviera a ser la ama de casa que se había ido, pero ella había cambiado. Quiso trabajar como maestra de pintura para adultos mayores, le fue bien hasta que se enteraron que estuvo presa. “Afuera” ha tenido que defender su libertad del machismo y los prejuicios. Ha sido difícil y muy doloroso para ella.
De esta misma manera, cualquiera de nosotros podemos preguntarnos ¿Qué es la libertad? ¿Hasta dónde somos libres? ¿Somos conscientes de la libertad de los demás?
Por eso, a lo largo de este número podrás leer diversas perspectivas del encierro y la libertad. Nuestros colaboradores, desde México, Cuba, Argentina y Estados Unidos hablarán de la cárcel, el convento, el confinamiento voluntario, la cuarentena, el amor, la soledad; y de la libertad como las prácticas de movilidad a las que estamos acostumbrados, añoramos o tememos perder, el arte, la toma de decisiones e incluso la posibilidad —o no—, de reconocernos libres.
Verónica García Rodríguez. Octubre, 2020.










Responder