Estamos insertados en una época extremadamente complicada, y que por días se convierte quizás, en única en la Historia Universal, más allá de guerras, grandes epidemias, fenómenos naturales y no tan naturales, así como múltiples incidencias que ha vivido la humanidad. Me refiero a hechos recogidos desde que tenemos registro de la Historia. Esta situación que vivimos en la actualidad presenta características y particularidades que la distinguen muy especialmente en medio, y muy a pesar, de las nuevas tecnologías y descubrimientos científicos del Siglo XXI.
Cuando parecía que epidemias de la naturaleza como la que estamos viviendo podían controlarse, dejarlas atrás definitivamente y diferenciarnos del pasado en que las pestes y epidemias arrasaban con el género humano, sucede todo lo contrario; y hay días en que la Pandemia de marras me provoca la impresión que estoy reviviendo épocas del pasado que conocí y estudié en los libros de la Historia Universal y que nunca antes pensé que podía pasarme algo tan amenazador y surrealista como la ubicuidad de la Covid-19, que a la vez aparece en las antípodas geográficas de mi país y también casi al lado mío.
Con un ritmo inusitado, se lucha científicamente para encontrar una vacuna eficaz. Son muchos países los que están inmersos en estas experiencias científicas, que cuentan con todos los avances actuales de la ciencia y de la técnica. Cuba no es una excepción y labora activamente en el desarrollo de varios candidatos vacunales, de los cuales SOBERANA 01 es el más avanzado y el primero y único de Nuestra América; no obstante, sus avances son silenciados por la prensa occidental sumisa a los dictados de Mr. Trump, y en especial por la gran prensa latinoamericana.
Esos esfuerzos científicos son muy meritorios y esperanzadores; pero de momento, lo único de verdadera utilidad constituyen las medidas de distanciamiento, de higiene personal como el lavado de manos y el uso del “nasabuco” como le decimos en Cuba, a la mascarilla individual. Los encierros y las limitaciones de la libertad personal y colectiva son procedimientos muy efectivos contra Covid 19, y se incluyen como elementos esenciales a las medidas necesarias.
Precisamente el contrapunteo entre los encierros programados y la libertad personal y colectiva, es una de las características más controvertidas de nuestro tiempo y ameritan de algunas reflexiones sociológicas y antropológicas que comparto brevemente a continuación, desde el encierro habanero en que vivo para resguardarme de la amenaza cercana de la Covid-19, dado mi edad avanzada y las enfermedades crónicas que padezco.
He vivido mucho y he atravesado por diversas etapas de la Historia de mi país, pero esta que vivimos en la actualidad para mí es la única que se mantiene en un encierro programado. Reitero que nunca antes pensé que pudiera suceder.
En cuanto a las consecuencias que nos plantea el contrapunteo que vivimos de LIBERTAD Y ENCIERRO, pienso que es muy oportuno que se planteen algunas consideraciones esenciales por los efectos prácticos concretos que nos afectan a todos. Está muy claro que los fenómenos se conocen por sus consecuencias, pero sólo se pueden resolver por sus causas.
La libertad es un don esencial de la condición humana que tiene una acción consciente que constituye la decisión personal y colectiva de ejercerla como tal y una acción instintiva que forma parte de las esencias básicas de los seres humanos. Desde el punto de vista teológico la libertad es un don esencial de la condición humana derivado de la imagen y semejanza de Dios que constituye condición básica del ser. Esa imagen y semejanza se expresa en diferencia a los animales y la plantas en el sentido básico de que el ser humano como tal es consciente de sus esencias y las ejerce por la acción de sus definiciones y de su voluntad específica. En este sentido la capacidad del pensamiento abstracto y de la creatividad son expresiones que nos diferencian de las demás criaturas de la naturaleza; y por tanto, considero muy personalmente que son dones primarios de nuestra condición humana que para una plenitud de vida, o de peregrinaje terrenal como se puede expresar desde el punto de vista teológico, nunca debería permitirse conscientemente que se nos impida ejercerlos por los que tiene poder para ello.
Desde el punto de vista filosófico Ortega definió la LIBERTAD como las posibilidades de elección que en su vida tienen los seres humanos a diferencias de los anímales que viven y actúan conforme a los instintos que genéticamente tienen inscriptos y desee el punto de vista antropológico concuerdo plenamente con lo que expresa Edgar Morín en su artículo titulado “Antropología de la Libertad” (1). Cito textual: “Una posibilidad de elección puede ser interior, es decir, subjetivamente o mentalmente posible; es una libertad de espíritu. Puede ser exterior, es decir, objetivamente o materialmente posible; es una libertad de acción”.
El espacio de que dispongo no me da para más, y en resumen final puedo plantear que el ENCIERRO que se aplica como medida esencial de enfrentamiento a la Pandemia que nos asola y trata de arrasarnos en estos momentos, es una de las acciones que nos permiten ponernos a salvo; y que por tanto posee una esencia válida en la actualidad que lo diferencia del encierro esclavizador y/o penal.
En definitiva, en cuanto al contrapunteo de libertad y encierros que se están manifestando en la actualidad, concluyo al respecto: que en lo adelante para vivir tendremos que extremar medidas de control y prevención que requerirán profundizar la disciplina de vida; y en consecuencia tendremos que lidiar con encierros programados defensivos de las epidemias que pujan por liquidarnos. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.
1) Gaceta de Antropología, 2000, 2016, artículo.







Responder