Queridos lectámbulos:
Mucho se ha hablado de la inclusión en los últimos tiempos; sobre todo, en las políticas públicas. Es un término teórico de la comunicación que alude a integrar toda la diversidad; sin embargo, sabemos que aún hay mucha distancia entre esta propuesta teórica con la práctica. Sobre todo, cuando las diferencias físicas, sociales, étnicas, religiosas, genéricas, culturales y muchas otras que hacen que nuestro mundo sea tan diverso requieren romper prejuicios establecidos desde mucho tiempo atrás, modificar conductas arraigadas, o simplemente, transformar el ambiente conocido.
Los migrantes que viven en el exilio con programas hechos a su medida y con limites claros para que sobrepasar los derechos de los nacionales, así como los hombres y mujeres de los pueblos originarios y los ciudadanos con alguna discapacidad saben lo que es sentirse fuera de casa estando en casa, estar en una tierra que no es suya aunque lo fuera, sentirse que hay un mundo en donde no son bienvenidos; como un invidente en una galería de arte, un sordo en un concierto o una familia homoparental en una reunión donde abundan los comentarios homofóbicos.
Quizá, algunos dirán que es imposible, una utopía, lograr la inclusión en un mundo con tantas imperfecciones y tanta crueldad a lo largo de su historia. Sin embargo, por fortuna, la educación, nos da una oportunidad para creer que podemos incidir en la formación de nuevas generaciones con una visión más inclusiva que nos acerque a relaciones más humanas y pacificas.
Es por esta razón que esta edición No. 24 de Lectámbulos queremos dedicarla a la inclusión, porque, sin duda, la tolerancia es un gran paso, pero el objetivo es la inclusión de todos con todas nuestras diferencias.
Verónica García Rodríguez
Agosto, 2022










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