Jeniffer Hernández/ JANINWOOL: caminos para la gestión intercultural y contrarepresentación de la mayanidad. Primera parte.

Jeniffer Hernández Gómez es una guionista, productora, cantautora, y gestora cultural que nació hace 29 años en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. Sus ojos negros almendrados hablan y dejan oír su alma: uno dice “maya” y el otro “caribeña”. Nacida en la tierra del jaguar y de la Guerra Social Maya (o la mal llamada Guerra de Castas), la lucha de Jeni en su territorio sigue vigente al ser ejemplo de resistencia para las mujeres ante el patriarcado, eurocentrismo y la exotización del pueblo maya en manos de la voraz industria turística en el Caribe mexicano; tres enemigos que está combatiendo desde su performance como JANINWOOL (cantautora), así como a través de la gestión de diversos proyectos audiovisuales al interior de Quintana Roo.

En este trabajo nos interesa poner atención a dos facetas de Jeniffer: su trabajo de gestión intercultural y audiovisual en comunidades mayas de Quintana Roo, y su performance contrarepresentacional como JANINWOOL en su faceta de cantautora. A través de una entrevista exclusiva en una plataforma de videoconferencia, la Colectiva Contrayerba dialogó con Jeniffer para conocer y enriquecer saberes entorno a cómo gestionar las artes en territorio maya.

Jeniffer Hernández: multidisciplina como resistencia

Yo no quería estudiar en el Tecnológico de Carrillo Puerto porque no quería ser mano de obra. Pensaba: no voy a ser feliz, no es lo que quiero

Jeniffer Hernández

¿A qué se enfrentan las mujeres mayas de Quintana Roo con sueños en el arte? ¿Qué implica hacer gestión de las artes en un estado cuyo mayor foco de inversión está puesto en la explotación de las zonas naturales y la exotización del pueblo maya? ¿Cómo se combaten representaciones hegemónicas sobre el pueblo maya desde las artes audiovisuales?

Como Colectiva apostamos por abordar la vida y trabajo de Jeniffer desde la mirada decolonial, es decir, mirar el macrosistema con raíz colonial y capitalista que condiciona la producción artística del pueblo maya en Quintana Roo.

Jeniffer nació y creció en un municipio que para las lógicas capitalistas sería en “vías de desarrollo urbano”, definido por ella misma como “un lugar que no destaca como zona turística”, un punto casi olvidado y donde tampoco existen opciones de profesionalización en formación en las artes. Entonces, ¿cuáles eran las posibilidades para estudiar lo que ella deseaba?

Jeniffer Hernández de niña

A Jeni siempre le gustó estudiar, observar, leer, observar a las hormiguitas, imaginar y preguntarse sobre sus reveladoras y entrañables experiencias oníricas. Le tocó vivir el fuerte influjo de la televisión de principios del siglo donde quedó atrapada con las películas de Guillermo del Toro que se transmitían en canales abiertos. Para uno de sus cumpleaños, Jeni recibió un regalo de sus hermanas mayores: un diario; desde entonces escribía y escribía, incluso cuando no había luz. Ella supo que su pasatiempo favorito era plasmar en letras sus sueños e ideas que más tarde serían bocetos de canciones o de documentales. Además de ese diario, su encuentro con la valentía de emitir su voz ante un micrófono fue al recitar por primera vez frente al alumnado, padres y madres de familia durante su graduación del kínder.

Al crecer se dio cuenta que las artes eran su aspiración y, aunque su destino le dictaba ser mano de obra pues la única opción de educación pública de Carrillo era el Tecnológico, se rebeló, tomó la batuta de ser feliz y hacer justicia a sus sueños de niña.

La formación de Jeniffer pudo ser posible al salirse de Carrillo Puerto y trasladarse al municipio vecino José María Morelos. Tomó una maleta y con los bolsillos vacíos cobró fuerza para estudiar en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQRoo), en la Licenciatura en Lengua y Cultura Maya, la cual fue una opción como continuidad a su primera carrera en Lenguas en una escuela privada que fue incosteable en su natal Carrillo Puerto. Una vez inscrita a dicho programa, se enteró de la existencia de la Licenciatura en Gestión y Desarrollo de las Artes y se propuso que, mediante el sistema de optativas, se adentraría a conocer y aprender de varias disciplinas artísticas con enfoque comunitario, especializándose en música y cine principalmente: “cumplí así con mi programa de Lengua y Cultura pero hacía doble trabajo porque también era comprometida con las materias, maestros y compañeros de la otra licenciatura” (Hernández).

Cabe mencionar que, como muchos de los estudiantes en este país, Jeniffer trabajó en una cafetería y en una panadería para financiar sus estudios, pagar la renta, equipo, papelería, traslados; atravesó desvelos y, en general, todo lo que implicó no contar con privilegios para cumplir sus metas en dos programas de licenciatura. Su camino ha sido difícil y, sin pretender romantizar los obstáculos del sistema económico y social, su esperanza está en que todo lo que ha hecho sea ejemplo para otras niñas y mujeres, para que en el futuro el camino les sea más accesible.

Durante su estancia en la UIMQRoo, participó en múltiples eventos académicos, artísticos, de medios audiovisuales y culturales relacionados con la lengua maya, traducción especializada y ponencias sobre el aprendizaje de la lengua, así como en actividades artísticas realizadas para brindar espacios de desarrollo a los niños y adolescentes de las comunidades aledañas al municipio:

Yo me especialicé en cine documental. Fue durante un curso intensivo que ofreció la UIMQRoo de cine documental con método etnográfico. Ahí puse a prueba mis habilidades en informática, fotografía, edición de videos y reparación de equipos, que fueron conocimientos que yo traía desde la secundaria y de la prepa de donde egresé con perfil en sistemas e informática (Hernández).

Jeniffer Hernández

Fue así como entre 2015 y 2019 comenzó su carrera en el cine documental: acuñó el término “documental ficción”, el cual concibe como un retrato de la realidad con elementos sobrenaturales propios de la cosmovisión del pueblo maya. Raíces Xtáabay (2015) es ejemplo de este género y fue presentado en Quintana Roo y en Cartagena, Colombia. Desarrolló un taller titulado “Producción de medios audiovisuales para artistas locales” en José María Morelos, Q. Roo. Participó en un taller del Instituto Mexicano de Cinematografía. Produjo audiovisuales para el aprendizaje de la lengua maya nivel básico en la UIMQRoo. Participó en el taller de escritura de guion para cortometraje con la guionista y directora Marina Stavenhaguen.

Su capacidad de mirar, imaginar y querer representar la realidad de su entorno, la ha entrenado mediante rodar bicicleta y viajar por los senderos de selva y el pueblo maya, actividad que ha sido definida por ella misma como una especie de meditación activa, pues el cansancio de sus piernas la lleva a conectar con su respiración e imaginar mundos posibles que más tarde pasan a ser proyectos.

Ese es el propósito de hacer gestión: un medio para comunicar desde mi perspectiva que no es solo mía, sino que es un conjunto de vivencias que me envuelven de otras personas, para mostrarle al mundo que también hay otras formas de ver la vida (Hernández).

Es así como la informática, la sociolingüística, el manejo de la cámara, la escritura y rodar bicicleta, forman parte de lo que ella concibe como sus saberes multidisciplinarios, los cuales han entrenado su modo de mirar la vida que es suya y del pueblo. El no encasillarse dentro de una disciplina “artística” y posicionar la rodada como una actividad que genera conocimiento, la lleva a tener una postura decolonial, pues concibe “la bici” al mismo nivel de otras epistemes de la cultura académica tradicionalista y occidental. La multidisciplina es su laboratorio de resistencia personal y colectiva.

Gestión (inter) cultural creativa

Mi encuentro con la gestión cultural creativa no fue intencional, fue catártico…Encontré en ella una forma de liberar mis emociones al compartir y trabajar para otra gente, es decir, hacer arte que no es para mí, sino para otra gente.

Jeniffer Hernández

Jeniffer siempre mira con los ojos del pueblo. Estudiar en la UIMQRoo le reafirmó el compromiso con el desarrollo de la comunidad, la formó en carácter humano y ético al momento de dar cualquier paso en materia de las artes, pues se trata de no hacer una gestión con lógicas de la burocracia urbana o académicas, tal es el camino de la interculturalidad:

No es que yo haya aprendido sobre interculturalidad sólo me hice consciente […]. Cuando me hago consciente la adopto como una forma de vida y como una bandera que quise seguir mostrando y representando; es a partir de esta conciencia tanto colectiva, como identitaria, cultural y social que yo tomo esos valores para plasmarlos en este tipo de gestión, tanto en los resultados como en los procesos. De manera intrínseca, es un compromiso honesto con la sociedad (Hernández).

En la postura de Jeniffer, es interesante observar que sus saberes académicos son una herramienta para fortalecer al colectivo como un compromiso honesto:

No busco la interculturalidad la llevo dentro y en mi trabajo se ve reflejado porque es una forma de contarle al mundo lo que se vive. No es querer agradar y no es querer una aceptación. Mi trabajo habla y conecta con la gente (Hernández).

Ese es el sentido de la interculturalidad como eje en la creación de conocimientos y productos estéticos, sin lucrar con los conocimientos ancestrales y las prácticas cotidianas del pueblo mediante soportes tecnológicos, metodologías, teorías, técnicas y herramientas ajenas a la comunidad pero que permitan un justo desarrollo social.

El ejercicio intercultural busca cambiar el paradigma de roles de quién propone, produce y exhibe el producto. Desde una mirada decolonial, los procesos artísticos y la responsabilidad de quienes gestionan es generar una red con las personas con las que se construye el producto, donde Jeniffer es un eslabón más en la estructura rizomática. A diferencia del protagonismo, el paternalismo o las decisiones verticales del neocolonialismo estético, para la interculturalidad es el colectivo la prioridad, como compromiso ético y constante. Pudimos charlar de lógicas extractivistas cuyo fin es aprovecharse del saber colectivo sin dar el crédito y lucrar con el material obtenido. Algo que es muy común en comunidades mayas cuando académicos o productores de cine borran la participación colectiva para jactarse como únicos autores. La lógica de “patentar” no cabe en la lógica comunitaria pues el conocimiento se produce en colectivo. El instructor es un facilitador de la tecné para que sea posible el contenido estético e ideológico. 

También nos compartió las etapas que desempeña en la gestión cultural creativa: la creación de proyectos y la búsqueda del financiamiento. Cuando le preguntamos sobre la metodología de creación de proyectos ella respondió que ninguna en específico, más bien:

Soy experimental. Me baso en varias cosas como la metodología de la investigación, es decir, me planteo preguntas (qué cuando como quienes porque lo hago), en la etnografía y sus pasos (observar, cuestionar y comprobar); en procesos de enseñanza y aprendizaje…a veces llega la idea y se convierte en una canción o se convierte en algo que yo quiero grabar”. (Hernández)

Otra de sus líneas de creación artística son las metodologías de participación. El taller de “Producción audiovisual para artistas locales” es un ejemplo de ello. En este taller se propuso generar un espacio de empoderamiento para personas que radicaran en José María Morelos, Q. Roo y que tuvieran habilidades artísticas empleadas en su cotidiano, tales como expresarse poéticamente, mostrar alguna habilidad histriónica, física o musical, etc. Fue un laboratorio que derivó en cuatro videos que pueden verse en su canal de YouTube JANINWOOL. Jeniffer fungió como guía, puso el equipo técnico, fue instructora de aspectos técnicos-metodológicos (manejo de ángulos y planos), de creación de guion y del storyboard. Para motivar las cuatro propuestas les hacía unas preguntas a los grupos de trabajo: “¿Qué quieres contar? ¿Qué es lo que dicta tu corazón? ¿Cómo te imaginas esto?”. Esas eran las premisas para empezar a generar una narrativa y después sólo supervisaba los procesos, entre los cuales, destaca el video La discriminación realizado por un grupo de mujeres de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), quienes sintieron la necesidad de representar los obstáculos que atravesaban por hablar una lengua originaria.

Dejar las decisiones sobre la creación del discurso estético e ideológico, es un ejercicio propio de los procesos de participación y desde luego, de una perspectiva decolonial, ya que la creación no recae en uno o en quien puede considerarse que “sabe más”, sino que el colectivo tiene otros conocimientos valiosos cuyo fin es verse reflejados en un producto que conduzca al empoderamiento. Con estos procesos, Jeniffer propone que el cine sea una herramienta de acción social para todas las personas, tal como el deseo de Colectiva Contrayerba en deconstruir la idea de las bellas artes, vistas como blancas, lejanas e inaccesibles: en nuestra colectiva, la arquitecta Gladiola Chi es quien asesora procesos de participación en la creación escénica al interior de las comunidades, pues tiene una amplia trayectoria en las búsquedas de la construcción colectiva y comunitaria.

Ahora bien, sobre la búsqueda de financiamientos para desarrollar proyectos, Jeniffer suele buscar convocatorias públicas que posean rubros en Arte y medios audiovisuales, Cine, Música y Desarrollo comunitario, principalmente. También crea carpetas de producción, una herramienta aprendida en el taller de Polos audiovisuales del Instituto Mexicano de Cinematografía, la cual le sirve como base para buscar financiamiento público o privado. En este último, por lo general, ha tenido experiencia en contar con apoyo no tanto monetario sino operativo como recibir capital humano, recurso material o transporte.

Jeniffer recalcó que no todo debe romantizarse en los de procesos de gestión y producción, pues existen retos como mujer en las artes comunitarias, principalmente el machismo y la desconfianza de su propio pueblo que no creía en su trabajo: “poco a poco la gente va confiando en mí. Me considero un ejemplo, un referente en mi territorio para demostrarle a otras mujeres que, si una es disciplinada, lo puede lograr” (Hernández). Otro aspecto es la burocracia de la administración cultural en Quintana Roo donde ella mencionó que, antes de la pandemia y su insistencia en procesos vía internet, Chetumal solía ser el punto donde se entregaban física y presencialmente todo el papeleo, aspecto que muchas veces repercutía en inversión de tiempo, dinero y en el desconocimiento de andar en la ciudad: “este último paso de las convocatorias, es lo que hace precisamente que muchos chicos y chicas desistan, pues consideran que es muy cansado y muchas veces tienen temor de perderse para encontrar las oficinas” (Hernández).

La gestión intercultural es un posicionamiento político. Lo creativo en la gestión de Jeniffer radica en no seguir metodologías tradicionales pues debe adecuarse a los tiempos y procesos de lo más valioso: trabajar con personas. A su creatividad se acuñan la interculturalidad, la multidisciplina, las metodologías de investigación etnográfica y de la participación, además de poner todo el tiempo énfasis en las relaciones humanas, pues es en red como se construye el saber y las artes en el pueblo.

Continuará.

Christi Verónica Uicab Martín
Nació el 4 de junio de 1995 en Mérida, Yucatán. Creadora escénica y cofundadora de Colectiva Contrayerba. Licenciada en Literatura Latinoamericana por la UADY. Desde el 2015 es promotora de la lengua, literatura y cultura maya. A partir del 2014 trabajó junto a la escritora Ana Patricia Martínez Huchim (Tizimin, Yucatán. 1964-2018), como promotora de su libro U yóol xkaambal jaw xíiw/ Conrayerba, mediante lecturas dramatizadas y ejercicios escénicos que se presentaron en eventos al interior de Yucatán. Beneficiara del PACMyC 2019 para la adaptación dramática, producción, montaje y presentación de “Contrayerba: monólogos de mujeres mayas”, basado en el libro homónimo de Martínez Huchim, donde funge como co-creadora e intérprete. Becaria del PECDA Yucatán 2021 (Jóvenes creadores) para la producción del unipersonal “In káabae’ María Uicab” (Me llamo María Uicab). Actualmente, motivada por la profesionalización de su actoralidad, cursa el sexto semestre de la licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.