«La asamblea de los fantasmas» de Aníbal Malaparte (O la voluntad de détournement vuelta poemario)

El arte debería ser, también, una promesa, debería prometernos algo dentro de su capacidad subversiva. Hay que desconfiar de la consolación, pues el arte no ha de ser consolador y no está para arrullarnos, aliviarnos o protegernos. Pero prometer es otra cosa.

Alain Badiou

Hay autores que más que escritores son proclamas de ruptura, que redefinen no solo la coyuntura artística sino también la posición hegemónica de la propia producción artística: la tonalidad de la música, las figuras en la pintura, el humanismo en la escultura… y por supuesto, la inteligibilidad sintáctica en la poesía.  Es por ello que clasificar a las vanguardias como simples corrientes estéticas es bastante reduccionista, las vanguardias son fenómenos sociales que siempre terminan enfrentados a las concepciones conservadoras. Más allá de las citas de sus lideres o de la capacidad teórica de sus autores la vanguardia cataliza la rebelión contra las reglas habituales y enfrenta con violencia todo consenso.

Es por ello que las vanguardias tienen a organizarse, son grupos pequeños pero usualmente conformados por personalidades de peso y carisma que inspiran disciplina, estas alianzas, cuya existencia y disidencia existe ya sea para hacer la revolución (como los bolcheviques de Lenin) o para crear nuevas sensibilidades estéticas (como los surrealistas o los situacionistas) no pueden existir sin una dimensión de agresión y provocación del que no pueden desprenderse a riesgo de perder su existencia colectiva. Este arte inconcebible sin su violenta militancia ha creado personajes como André Breton o Guy Deboart en el pasado siglo y Aníbal Malaparte en estos tiempos contemporáneos.

Este poemario sin medias tintas publicado en Valparaíso Ediciones (2023) el poemario La asamblea de los fantasmas aparece con toda la fuerza de un viejo cartel de propaganda rescatado de una ciudad en ruinas e intervenido por una nueva generación de luchadores callejeros con una estética diferente (acaso aún más violenta e irreverente) pero con un mismo objetivo: proclamar la imposibilidad de la rendición, no como acto de justicia para la causa a la cual han dedicado sus mejores años de juventud sino en venganza su propia debilidad.

Guitarra color cereza,
cuerdas de bronce, curvas de mujer,
sollozas el blues de tus hermanos negros desconocidos

Cada poema es un hambriento fantasma, un preta que camina entre nosotros, que se reúnen en una corte de rabia y tristeza donde las conspiraciones y reinvenciones de toda una generación de combatientes antifascistas que trazan su línea de vida en medio de las luchas que nacen en las barricadas de la APPO, que lanzaron bombas caseras a la policía en la batalla de San Lázaro y organizaron la ola de huelgas solidarias cuando desaparecieron a los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa mientras se enamoraban con nihilista ímpetu: sin poner ni aceptar límite alguno. Este libro no es solo poesía: es un espacio de deriva, mapa quebrado que nos invita a sabotear la lógica lineal y a recuperar lo perdido, lo exiliado por quienes se resignaron a la corbata que estrangula y ahora se avergüenzan de su pasado.

¡Y esto no se acaba hasta que nos acabe!
pero es que de todas formas me gustó
acechar ahí, donde ocultaste los cuerpos
¡Y es que caer prisionero
no es lo mismo que no entregarse!
¡Así como tampoco hay fuerza que me obligue
a llamar San Petersburgo a Leningrado!

Malaparte —o lo que queda de él en este palimpsesto de voces espectrales— actúa como un médium político y poético. Sus fantasmas no son meros símbolos de lo muerto; son agentes activos, tan comprometidos con sus violentas memorias como con la paz que esperan encontrar en la revuelta. Hay en estas páginas una voluntad de détournement: cada aparición espectral subvierte el conformista relato del conservador disfrazado de humanista, de la caridad burguesa, del pasado inamovible y del futuro predecible.

y mi amor insaciable hasta la aurora,
lleno de ti y de tus nuncas,
que emplea porvenires posibles,
irreales pasados para justificar
nuestro último tango entre llamas,
perpetuo atentado contra la inmensidad.

El estilo fragmentario, de psicótica y hermosa claridad resuena con la lógica del collage. Las escenas se yuxtaponen como caóticas notas del jazz improvisado, revelando debajo capas de sentido contradictorio. No hay aquí una arquitectura clara: solo ruinas parlantes. Pero esas ruinas nos invitan a jugar, a imaginar lo que pudo haber sido, lo que aún podría ser. Este poemario-collage deviene en la fuga del poder capitalista, de la tertulia en el okupa donde nosotros los vivos, por fin, somos obligados a escuchar a los muertos. La asamblea de los fantasmas no se lee; se interviene, se reordena, se vive como un happening. Es un libro que demanda ser arrancado en pedazos y reensamblado porque los silencios del poeta no son accidentes: es ahí donde nos interpela a hablar, a rellenar esos vacíos son nuestras propias historias traicionadas y rotas, pero aun anhelantes de bailar sobre las ruinas del mundo.

Pasante de la licenciatura en pedagogía en la Universidad Veracruzana. Lector de clásicos y contemporáneos.