La felicidad, el tiempo y la seguridad, tres factores interesantes cuando de bienestar subjetivo se piensa en México

Medir lo subjetivo pudiera parecer una tarea no sólo difícil sino además imposible porque la primera pregunta que se viene a la mente es ¿Cómo ponerle medición a lo cualitativo?, Sin embargo, se puede y además se debe, ya que al ponerle número a lo que pareciera no tenerlo, las cifras sirven de guía para tener una mejor apreciación del progreso de las sociedades, así como para diseñar programas sociales y tomar decisiones de política pública que impacten de forma positiva el bienestar experimentado por las personas.

En los últimos años y más con la pandemia que se vive, el bienestar subjetivo es un tema que ha adquirido mayor importancia a nivel mundial, pues enmarca aspectos como las emociones, el involucramiento y las relaciones, contribuyendo a la apreciación del bienestar humano, en tiempos en lo que lo material para muchas sociedades ha dejado de ser lo más primordial, pues si bien, el dinero contribuye al bienestar, el tema de la positividad aunado a la felicidad se coloca en primacía en el siglo XXI, más en este año 2021 lleno de retos e incertidumbres.

Por ser importante el bienestar subjetivo y enmarcar aspectos como la economía, los logros o la vida afectiva, hay tres aspectos importantes dignos de darles un minucioso seguimiento como la felicidad, el tiempo y la seguridad, tres factores que están ligados a la historia, geografía y cultura del país.

Al mencionar el aspecto de la felicidad el INEGI-BIARE hace referencia que en México su valoración es mayor que el promedio de satisfacción con la vida, es decir, los mexicanos somos una sociedad alegre, independientemente de que estemos o no satisfechos con nuestra vida, cifras que destapan una vez más la idiosincrasia del mexicano tan envidiada por muchas sociedades, al igual que castigada.

Los mexicanos salimos muy bien evaluados en la variable de felicidad, no dejando mal a Octavio Paz cuando recuerda que los mexicanos preferimos vivir en una fiesta interminable, la cual nos permite olvidar nuestro doloroso pasado, disfrutar del presente y amenizar el futuro, poniéndole una sonrisa hasta a la misma muerte como la catrina feliz de Guadalupe Posada; o recordando igual a Monsiváis, cuando le dice al mundo entero que la sociedad mexicana somos “globera”, llena de color, siempre felices, “una sociedad que se mueve en dos orillas: una, la del relajo, y la otra, la de la solemnidad, situando al humor entre ambas”.

En la sociedad mexicana la intensidad de las emociones positivas de la población es mayor que las de las negativas, si es bueno o es malo eso no se ha medido, ni tampoco es un indicador que a los mexicanos nos interese hasta el momento hacerlo.

Pensando para bien, México tiene algo en común con varias sociedades tercermundistas latinoamericanas como Chile, Uruguay o Argentina cuyo denominador es que, a pesar de ser sociedades en las cuales se está un poco más feliz, la vida no es fácil para la mayoría.

Al hablar del factor tiempo el cual se mide en el campo de la satisfacción con la vida, los resultados lo castigan mucho, queda en tercer lugar por arriba de lo económico y del país, no hay tiempo para la fiesta, no hay tiempo para el relajo, no hay tiempo para estar en un estado de felicidad constante, y es por eso por lo que a pesar de la falta del tiempo los mexicanos nos las ingeniamos como Cantinflas, aprendiendo a vivir siempre felices bajo cualquier circunstancia.

El tiempo es lo que falta en México, la posición geográfica lo ha condenado a copiar todo lo que el país vecino del norte hace sin estar cultural ni económicamente unidos. Los mexicanos trabajamos todo el día, corremos todo el día, todo lo hacemos aprisa, somos una sociedad cansada, no floja, como muchas sociedades creen. Lo fast se aprendió muy bien, los horarios no encajan, los relojes no están sincronizados, ya no se sabe si el tiempo sirve para medir productividad o disponibilidad, no hay tiempo de ejercitarse, leer un cuento a los hijos antes de dormir, cocinar sano o simplemente dormir bien, la mayoría de los mexicanos vivimos como el conejo de Alicia en el país de las maravillas, con reloj en mano, angustiados por no llegar.

 En comparación con Dinamarca, por ejemplo, México está perdido. En ese país europeo lo slow es un factor importante cuando en calidad se piensa. Para esa sociedad tener tiempo para la cultura y la recreación ayuda a tener ciudadanos más relajados y felices, factores que hacen que sean más productivos, beneficiando más al país en términos colectivos en campos como el económico y de salud, creando a su vez un igualitarismo que sustenta a la sociedad traducido también en éxito.

Pensando en que México es una de las sociedades más inseguras a nivel mundial el tema de la seguridad está muy bien posicionado, los mexicanos nos sentimos seguros a pesar de no estarlo y es que el tema de la seguridad en México ha tomado diferentes matices, entre ellos político, quitándole importancia, haciéndonos creer a la población que todos estamos bien. Los mexicanos aprendimos a vivir con terremotos, con pobreza, con asaltos y secuestros y muy poca cultura de la prevención, por eso en México no pasa nada, todo está controlado y si no es así para eso está el Chapulín Colorado.

Hablar sobre seguridad en México es todavía una tarea pendiente, aunque no se niega que se está trabajando estrechamente con gobiernos de otros países preocupados por este tema, contando México ya con varias ciudades certificadas a nivel internacional en materia de seguridad, como, por ejemplo, Tuxtla Gutiérrez Chiapas.

Como se dijo al principio, medir el bienestar subjetivo si bien es difícil porque depende de la veracidad de las encuestas, si en verdad son certeras, los resultados ayudarán a reducir carencias y a encontrar nuevas rutas para hacer de este país uno mejor del que hoy es, con más gente positiva, satisfecha con su vida y lo que es mejor con más gente feliz.

Ivonne Bouillé Araluce
Nació en Torreón Coahuila, en 1968. Licenciada en Historia con un posgrado en Educación. Docente de asignaturas del área de Ciencias Sociales. Trabajó del 2016 al 2020 como Responsable Académica del Bachillerato Intercultural de Popolá en Valladolid, Yucatán y del 2016 al 2018 supervisando de manera académica a los 198 planteles del Telebachillerato Comunitario (TBC) en el mismo estado, actividades que la conectaron con las costumbres, tradiciones, formas de vida y el aprendizaje servicio propio de las comunidades rurales. Ha colaborado con la Dirección General de Bachillerato de la SEP en la creación del programa modular de primer semestre del TBC “Matemáticas, fuerzas y movimiento”, con la Universidad del Valle de México campus Mérida en la elaboración del programa de la asignatura Comparative History, así como en la revisión del programa de estudios del Bachillerato Intercultural de Yucatán bajo la supervisión de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe CGEIB.