La muerte se sienta a la mesa: comida, memoria y tradición

En América Latina, la comida es mucho más que alimentar el cuerpo: es un ritual que reúne la familia al rededor de la mesa, donde se cuentan historias, se celebran nacimientos, matrimonios y cosechas, se despide a quienes parten e incluso se espera el regreso de quienes han muerto.

En la cocina se conserva la memoria de nuestros pueblos originarios: maíz, frijol, chile, cacao, calabaza, tomate, yuca y numerosas hierbas y condimentos locales continúan presentes de manera cotidiana. Por supuesto, después de la invasión europea, se incorporaron otros ingredientes, animales, técnicas culinarias y prácticas religiosas. De ese encuentro —muchas veces violento y desigual— surgieron nuevas maneras de comer y también de celebrar. Es por eso que la cocina latinoamericana guarda una historia de resistencia, adaptación y mestizaje.

Un claro ejemplo, es el Día de Muertos en México, donde la muerte pierde su solemnidad para sentarse a la mesa. No significa que no duela la ausencia, sino que la memoria permite establecer nuevamente un vínculo con quienes ya partieron. Las ánimas regresan, encuentran fotografías, flores, velas y, sobre todo, los alimentos que disfrutaron en vida.

En Yucatán, el Janal Pixan, “comida de las ánimas”, conserva profundas raíces mayas entrelazadas con elementos del catolicismo. En las casas se preparan altares con agua, chocolate, frutas, dulces y comidas. El pib o mucbipollo, cocinado bajo tierra, se convierte en uno de los grandes protagonistas. Prepararlo implica reunir a la familia, encender el fuego, disponer las hojas de plátano, esperar y compartir; es decir, no se cocina un alimento, sino que se reproduce una memoria.

En Pomuch y la zona del Camino Real en Campeche, la tradición de limpiar y acomodar los huesos de los difuntos constituye una particular forma de convivencia entre vivos y muertos. Los restos se sacan y se limpian con cuidado mientras las familias preparan alimentos y ofrendas para recibir a quienes continúan formando parte de la comunidad.

En otras regiones mexicanas, el mole, los tamales, el pan de muerto, las frutas, el chocolate o incluso aquella bebida que prefería el difunto ocupan los altares. Cada familia ofrece algo diferente porque cada muerto tiene también su propia historia.

Por otro lado, en Guatemala, durante las celebraciones de Todos los Santos, el fiambre reúne numerosos ingredientes y generaciones alrededor de la mesa. En los Andes, especialmente en Bolivia, las t’antawawas, panes con formas humanas, acompañan las mesas preparadas para las almas durante Todos Santos. Distintas geografías, distintos sabores, pero un mismo objetivo: recordar.

Quizá por eso nuestras tradiciones sobreviven. Han cambiado, incorporado nuevos ingredientes y dialogado con otras religiones y culturas, pero mantienen algo esencial: la comida continúa reuniéndonos, y en tiempos donde la prisa amenaza con romper la transmisión entre generaciones, cocinar una receta heredada puede convertirse en un acto de resistencia.

Por eso, esta edición Núm. 73 de Lectámbulos se titula: La muerte se sienta a la mesa: comida, memoria y tradición; porque miientras alguien recuerde cómo preparaba la abuela los tamales, cómo se enterraba el pib o cuál era el platillo favorito de quien ya no está, algo de nuestros ancestros permanece.

Porque algún día todos faltaremos a la mesa. Pero quizá alguien vuelva a preparar nuestro plato favorito, pronuncie nuestro nombre y cuente nuestra historia. Entonces, por un instante, volveremos a casa y nuevamente habrá un lugar para nosotros en la mesa.

Nació en Mérida, Yucatán el 3 de enero de 1978. Licenciada en Educación Secundaria con la especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Yucatán y Maestra en Cultura y Literatura Contemporánea de Hispanoamérica por la Universidad Modelo. Diplomada en Competencia Lectora: un Enfoque para la Vida y el Aula (Tecnológico de Monterrey, 2013); Investigación Literaria con enfoque de estudios culturales (Univ. Modelo, 2008); Periodismo, protocolo y Literatura (IECY, 2004-2005) y Literatura y Crítica Literaria (ICY-Santillana, 2002-2003). Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Filosóficas en la Universidad de la Habana. Narradora, poeta y editora. Ha recibido el Premio Estatal de Cuento Corto El espíritu de las Letras (2015); el Segundo Lugar del Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa (2005); el Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2005) y la beca del Programa Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY- 2004). Becaria en dos ocasiones del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo para la Cultura y las Artes en 2006 y 2016, la primera por su proyecto Palabra Viva (2005-2008) para mujeres internas, jóvenes acusados de delitos violentos y enfermos de VIH y SIDA internos en el Cereso de Mérida. La segunda, fue por el proyecto Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo que tejió un puente de memoria a partir de la palabra entre hijas, madres y abuelas de cuatro comunidades mayas de Yucatán. Es presidenta de Zedík, A. C., miembro del Centro Yucateco de Escritores, A. C. y miembro distinguido del Colegio de Profesores de Educación Básica de Yucatán, A. C. por su labor educativa dirigida generar estrategias de fomento a la lectura con niños, como el proyecto Kanules del Mundo Maya (2012-2018) y públicos vulnerables. Titular la cápsula radiofónica A salto de página, en Grupo Rivas dentro del noticiero Arcadio en la Radio, un breve espacio dedicado al placer de la lectura (2013-2016). Ha participado como ponente y conferencista en diversos encuentros y coloquios nacionales e internacionales de escritores y de educación. Coordinadora fundadora de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes y de su programa de formación (2008-2011), así como del programa Biblioteca Básica de Yucatán de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (2009-2013) y de la Unidad Editorial de la misma Secretaría de 2013 a 2018. Creadora y organizadora del Foro Regional Educación y Cultura, con el tema En los espacios que habitamos en octubre de 2014 y La filosofía y la imaginación en las lenguas originarias de América en 2016; asimismo del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia y de las Grandes Ideas en octubre de 2015 y que en su emisión del 2017 llevó el subtítulo Cosmogonías de los pueblos vivos de América; y el Seminario Internacional de Periodismo que reúne a colaboradores del periódico Por Esto!, evento que se realiza desde 2015. Directora editorial del suplemento infantil MUNDOS del periódico Por Esto! (2016-2020) donde también publica artículos periódicamente. Entre sus publicaciones se encuentran Cartas a Sofía, epistolario filosófico para niños publicado por entregas en el periódico Por Esto!, el libro digital Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo, hijas, madres y abuelas escribiendo la memoria (FONCA, SEGEY/2017), la colección infantil interactiva Kanules del Mundo maya (SEGEY/2012-2018), el libro de cuentos Vestido rojo y sin tacones (H. Ayuntamiento de Mérida/2008) y Memorias de mujeres en prisión y otros relatos (ICY, Zedík/2006), entre otros.