Madres buscadoras y desaparición forzada

Queridos lectámbulos:

Iniciamos julio con la euforia del Mundial de Futbol que, por primera vez en la historia, tiene como sede conjunta a México, Estados Unidos y Canadá. Durante unas semanas, el planeta parece detenerse para mirar cómo rueda un balón; los estadios se llenan, las calles se pintan de colores y las conversaciones giran alrededor de un gol. Sin embargo, mientras el mundo celebra, los problemas no hacen pausa.

Paradójicamente, el torneo que nació con el ideal de hermanar a los pueblos se desarrolla en medio de profundas tensiones internacionales. La escalada del conflicto entre Israel e Irán mantiene al Medio Oriente al borde de una guerra regional, que se suma al genocidio persistente en Gaza; mientras Cuba continúa resistiendo los efectos del bloqueo económico, y energético impuesto por Estados Unidos. Por si fuera poco, el sismo que azotó Venezuela sigue sumando víctimas, en tanto que descubre la grave de suministros y la falta de capacidad operativa del Estado.

Pero mientras la atención mundial se concentra en el futbol, en México persiste una tragedia mucho más silenciosa: la desaparición forzada de personas.

Hace apenas unos días volvió a llamar la atención el bloqueo policiaco a colectivos de madres buscadoras durante una manifestación en la Ciudad de México, con el objetivo de proteger el perímetro mundialista; porque, mientras millones siguen el marcador de un partido, ellas recorren cerros, brechas y terrenos baldíos con una pala en las manos. No buscan protagonismo, buscan un cuerpo, un hueso o una prenda que les permita poner fin a una espera interminable.

La desaparición forzada constituye una de las violaciones más graves a los derechos humanos, porque no solo desaparece a una persona, sino condena a toda una familia a vivir entre la incertidumbre y la esperanza.

México enfrenta hoy una de las crisis más profundas del mundo en esta materia. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, el país supera las 130 mil personas desaparecidas (Comisión Nacional de Búsqueda, 2025). La cifra duele por sí sola, pero adquiere mayor dimensión al compararla con otros países. En Colombia se registran alrededor de 124 mil desaparecidos relacionados con el conflicto armado; en Siria se estima que existen más de 100 mil personas desaparecidas desde el inicio de la guerra; Sri Lanka acumula entre 60 mil y 100 mil casos derivados de su guerra civil; y Bosnia y Herzegovina aún busca a cerca de 7 mil personas desaparecidas tras el conflicto de los Balcanes (CICR, 2024; UBPD, 2024; ICMP, 2023). La diferencia es que muchos de esos países vivieron guerras declaradas. México no.

Se ha dicho muchas veces que nuestro país es una gran fosa clandestina, y no es una frase retórica; son las propias madres buscadoras quienes han localizado cientos de fosas que las autoridades nunca encontraron. Han cambiado el miedo por la búsqueda, la desesperación por la organización y el dolor por una esperanza que se niega a morir.

De ninguna manera se condena celebrar el futbol, son necesarios también los momentos de alegría. Lo preocupante es cuando el espectáculo se convierte en una cortina que desvía la mirada de las heridas más profundas del país. Sobre todo, porque tan sólo en 2026 van 6 personas buscadoras asesinadas, que se suman dentro de las 25 mujeres buscadoras (madres, hermanas e hijas) asesinadas o desaparecidas desde 2010, cifra que, de acuerdo a Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, asciende a entre 39 y 43 personas reportadas en total.

Sin duda, cuando termine el Mundial, alguien levantará la copa y los estadios volverán a quedar vacíos. Pero las madres seguirán caminando bajo el sol, escarbando la tierra y preguntando por quienes un día salieron de casa y nunca regresaron.

Por eso, Lectámbulos dedica esta edición a las Madres buscadoras y desaparición forzada, pues mientras exista una sola madre buscando a su hijo, el verdadero partido de México no estará en una cancha, sino en la construcción de un país donde la justicia deje de ser una promesa y se convierta, por fin, en una realidad. Esa sí sería una victoria capaz de celebrarse por generaciones.

Nació en Mérida, Yucatán el 3 de enero de 1978. Licenciada en Educación Secundaria con la especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Yucatán y Maestra en Cultura y Literatura Contemporánea de Hispanoamérica por la Universidad Modelo. Diplomada en Competencia Lectora: un Enfoque para la Vida y el Aula (Tecnológico de Monterrey, 2013); Investigación Literaria con enfoque de estudios culturales (Univ. Modelo, 2008); Periodismo, protocolo y Literatura (IECY, 2004-2005) y Literatura y Crítica Literaria (ICY-Santillana, 2002-2003). Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Filosóficas en la Universidad de la Habana. Narradora, poeta y editora. Ha recibido el Premio Estatal de Cuento Corto El espíritu de las Letras (2015); el Segundo Lugar del Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa (2005); el Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2005) y la beca del Programa Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY- 2004). Becaria en dos ocasiones del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo para la Cultura y las Artes en 2006 y 2016, la primera por su proyecto Palabra Viva (2005-2008) para mujeres internas, jóvenes acusados de delitos violentos y enfermos de VIH y SIDA internos en el Cereso de Mérida. La segunda, fue por el proyecto Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo que tejió un puente de memoria a partir de la palabra entre hijas, madres y abuelas de cuatro comunidades mayas de Yucatán. Es presidenta de Zedík, A. C., miembro del Centro Yucateco de Escritores, A. C. y miembro distinguido del Colegio de Profesores de Educación Básica de Yucatán, A. C. por su labor educativa dirigida generar estrategias de fomento a la lectura con niños, como el proyecto Kanules del Mundo Maya (2012-2018) y públicos vulnerables. Titular la cápsula radiofónica A salto de página, en Grupo Rivas dentro del noticiero Arcadio en la Radio, un breve espacio dedicado al placer de la lectura (2013-2016). Ha participado como ponente y conferencista en diversos encuentros y coloquios nacionales e internacionales de escritores y de educación. Coordinadora fundadora de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes y de su programa de formación (2008-2011), así como del programa Biblioteca Básica de Yucatán de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (2009-2013) y de la Unidad Editorial de la misma Secretaría de 2013 a 2018. Creadora y organizadora del Foro Regional Educación y Cultura, con el tema En los espacios que habitamos en octubre de 2014 y La filosofía y la imaginación en las lenguas originarias de América en 2016; asimismo del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia y de las Grandes Ideas en octubre de 2015 y que en su emisión del 2017 llevó el subtítulo Cosmogonías de los pueblos vivos de América; y el Seminario Internacional de Periodismo que reúne a colaboradores del periódico Por Esto!, evento que se realiza desde 2015. Directora editorial del suplemento infantil MUNDOS del periódico Por Esto! (2016-2020) donde también publica artículos periódicamente. Entre sus publicaciones se encuentran Cartas a Sofía, epistolario filosófico para niños publicado por entregas en el periódico Por Esto!, el libro digital Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo, hijas, madres y abuelas escribiendo la memoria (FONCA, SEGEY/2017), la colección infantil interactiva Kanules del Mundo maya (SEGEY/2012-2018), el libro de cuentos Vestido rojo y sin tacones (H. Ayuntamiento de Mérida/2008) y Memorias de mujeres en prisión y otros relatos (ICY, Zedík/2006), entre otros.