El 4 de abril constituye una fecha conmemorativa de los niños y jóvenes cubanos que no puedo pasar por alto (1); en que confieso que mi vejez física se rejuvenece espiritualmente porque el sentido básico de la Revolución socialista es siempre joven y de eso quiero escribir en esta etapa final de mi existencia antes de que me llegue el momento de la partida física que a todos nos toca, de vivir en la eternidad. No es una queja existencial lo que quiero expresar, porque me referiré en definitiva a lo que considero la razón básica de nuestra existencia terrenal: la lucha por la vida.
Comienzo por decir que la vida humana es la más maravillosa experiencia del mundo que vivimos y nos corresponde luchar siempre sin descanso porque se conserve en sus esencias en un ambiente de paz y justicia social. Esto no es solo una verdad de Perogrullo, es una razón básica existencial que algunos han perdido para siempre por sus ambiciones egoístas cuajadas en la maldad y el odio que debemos rechazar.
Yo pienso, que el momento de las reflexiones filosóficas existenciales sin abusar de sus expresiones repetidas es muy importante tenerlo muy en cuenta en las circunstancias históricas que nos toca vivir y lo que se conmemora cada 4 de abril en la Historia de Cuba lo amerita porque la niñez y la juventud constituyen la etapa más importante de nuestra existencia ya que en esos momentos debe dar inicio la lucha por la vida. No es un concepto abstracto, lo que planteo es una razón concreta de cómo vivir a lo que me refiero.
El respeto por la historia vivida, es una concepción básica que nunca deberíamos perder; y en este sentido quiero manifestarme por mis experiencias vividas en la UJC, surgida un 4 de abril en 1962 a propuesta de Fidel en el Congreso de los Jóvenes Rebeldes que se celebraba en esa ocasión.
Entonces yo ya había entregado mi vida a la Revolución Socialista cubana dentro de las filas del 26 de Julio fundado por Fidel. Era en aquella época del Batistato un hijo de una familia acomodada (rica) devenido un líder estudiantil católico. Viví intensamente la ruina económica de mi padre y encontré en la lucha por el Socialismo en Cuba una respuesta concreta a la pobreza y la injusticia que ya nunca he abandonado. Desde entonces soy un seguidor tras las huellas de Jesús de Nazaret y de Fidel Castro
Soy Fundador del Partido, pero el destino fraguó mi regreso a la lucha dentro del movimiento juvenil cubano donde me había iniciado como un luchador de filas en el repudio de la matanza batistiana en la Calle Humboldt 7 por convocatoria que me hiciera entonces mi compañero y amigo de siempre Ricardo Alarcón.
Poco después en 1964, fui enviado por la Dirección de la Revolución al trabajo en la UJC concretamente de la reestructuración, conforme a las asambleas de jóvenes ejemplares planteada por Fidel como medida esencial contra el sectarismo que se había presentado en el país revolucionario.
Ahí comenzó mi vida dentro de la UJC junto con Miguel Martín, Roberto Ogando, Eugenio Rodríguez Balari Jaime Crombet y otros más; de quienes guardo los mejores recuerdos de vida política. Hoy solo sobrevivimos Ogando y yo, los demás compañeros que menciono ya habitan para siempre en la Gloria de los Justos después de haber cumplido con la Obra de la vida. A ellos va mi recuerdo emocionado para siempre hasta que me toque acompañarlos en lo que es la vida del mundo futuro que los cristianos proclamamos en el Credo.
El 4 de abril entonces para mí es una fecha de respeto máximo y de recordación que me hace vivir de nuevo aquella lucha juvenil que la Revolución cubana nunca debería olvidar.
Precisamente en estos momentos difíciles y tan complejos que estamos viviendo, en que la Revolución se encuentra en peligro como nunca antes, el 4 de abril constituye una fecha de vitorias que tenemos que conmemorar priorizadamente con la concepción de que nacimos para vencer y no para ser vencidos, en que es imprescindible convertir las consignas abstractas en lucha directa sin cuartel por las Revolución y la vida.
Así las cosas, mi descarga sentimental revolucionaria en mis 86 años en medio de mis achaques diabéticos a los que me sobrepongo para proclamar Patria o Muerte y que siempre venceremos si hacemos de la lucha la acción central de nuestras vidas.
Así los expreso y así lo planteo.
(1) Luego del triunfo de la Revolución Cubana, el 4 de abril de 1961 se crea la Unión de Pioneros Rebeldes (UPR), la que luego de un año se convirtió en la Unión de Pioneros de Cuba (UPC). En 1962 se acuerda a propuesta de Fidel denominar la Asociación de Jóvenes Rebeldes fundada por el Che como Unión de Jóvenes Comunistas UJC.







Responder