Lección para la izquierda estadounidense

Una reciente encuesta realizada en diciembre de 2020 por el Centro de Investigaciones Estratégicas Pew muestra que el 67% de los encuestados considera que la mayoría de los políticos estadounidenses son corruptos. Pew es un think tank con sede en Washington D. C. cuyo objetivo es aportar información a las autoridades del gobierno sobre las problemáticas, actitudes y tendencias que caracterizan a Estados Unidos y al mundo,

Al respecto, el periodista Greg Godels, vocero habitual del partido comunista de Estados Unidos, ha hecho notar que, aunque los medios de comunicación y el sistema bipartidista mismo han hecho todo lo posible por dividir a los ciudadanos en tribus enfrentadas a un abismo insalvable, el desprecio popular por los políticos corruptos trasciende ese propósito divisionista.

Curiosamente, en esta opinión coinciden las dos terceras partes de los ciudadanos de los países vecinos de Estados Unidos, aunque no concuerda con lo que publican encuestadoras tales como “Transparencia Internacional” o “Freedom House” y que sitúan a EEUU en el lugar supremo de los países libres de corrupción en el mundo, contrastándolo con la dominante en los países más pobres de África, Asia y América Latina, formando parte de una lista a la que habitualmente agregan a los países que Washington considera sus enemigos más evidentes (Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua y Cuba), también ridículamente etiquetados por Washington como los más corruptos.             

Es sabido que estas listas se elaboran a partir de las opiniones de empresarios, académicos y profesionales seleccionados, recogidas con el propósito de conocer sus percepciones, experiencias o anécdotas que son los criterios que verdaderamente interesan a los encuestadores.

Son criterios que no distinguen entre ilegalidades menores y mayores, aspecto que tiene notable efecto en la conformación de la imagen de moral pública y el destino político de las naciones. Tampoco distinguen entre los manejos corruptos de un funcionario de aduanas mal pagado y las transacciones multimillonarias entre los grupos de presión, los contratistas y los políticos poderosos.

Las encuestas, sin embargo, revelan que la mayoría de los estadounidenses tiene hoy poca confianza en el sistema político existente en el país. Menos de la mitad (45%) están algo (36%) o muy (9%) “satisfechos con el funcionamiento de la democracia en su país». El 24% -casi uno de cada cuatro de los encuestados- no está nada satisfecho con la «democracia» estadounidense, en tanto que el 29% no está totalmente satisfecho.

Si bien las encuestas anteriormente tributaban a la promoción de una hostilidad irreflexiva por parte del público a todo lo que oliera a socialismo en función de la Guerra Fría, las actuales pretenden hacer ver en los pueblos la falsa imagen de masas ignorantes, atrasadas y conservadoras que difunden las élites engreídas y los medios de comunicación corporativos.

Pero la verdad es –según Godels- que el pensamiento de las mayorías estadounidenses es mucho más avanzado, progresista, y hasta más radical que el de sus “ilustres” predecesores. Añade, “si nuestra apreciación de lo que es la democracia tiene algo que ver con la voluntad del pueblo, habrá que reconocer que la encuesta de Pew arroja una larga sombra sobre la noción popular de que en Estados Unidos existe una democracia o que esta nación representa el florecimiento más pleno de la democracia”.

Aunque tal conclusión puede resultar incómoda a alguna gente, ella expresa el sentir de la mayoría. Por eso, el periodista agrega: “Para aquellos estadounidenses que se preocupan por la pérdida de nuestra democracia a manos del escurridizo Donald Trump, puedo decirles que en realidad pueden estar seguros de que se están preocupando por algo que ya no existe”.

Finalmente, Godels se dirige a la “izquierda fragmentada en mil grupos reunidos en torno a organizaciones no gubernamentales asidas a la cola del Partido Demócrata, la mayor parte de los que se califican a sí mismos como izquierda” pero que están fuera de contacto con el potencial radical, incluso revolucionario, que se cuece a fuego lento bajo la plácida superficie de la vida cotidiana de Estados Unidos.

Según el periodista marxista estadounidense, “esa izquierda desilusionada por décadas de derivar hacia la derecha de los dos partidos corporativos (demócrata y republicano) y habiendo abandonado desde hace tiempo cualquier visión grandiosa, la fragmentada izquierda estadounidense actual aspira a poco y se conforma con menos aún”. Como advierte Godels, una izquierda que se adelanta al sentir de las masas es insensata, pero una izquierda que desaprovecha las oportunidades de cambio que ofrece un público disgustado y hambriento sería trágicamente lamentable.

Manuel Yepe Menéndez
Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020