Los cafés son espacios de sociabilidad

Antigua cafetería La Flor de Santiago en Mérida, Yucatán

Un sinfín de aristas pueden estudiarse en torno a los cafés de cada localidad, su historia, personajes asiduos, organización y desarrollo, así como su evolución palpable en la reorientación de sus formas y concepciones comerciales, sin embargo, lo que perdura sorteando las transformaciones tecnológicas y los embates de la modernidad; es su uso como espacios de sociabilidad. Son los cafés tradicionales y los de “especialidad” el lugar donde se desarrollan diferentes formas de interacción social que producen por sí mismas una serie de representaciones materiales y simbólicas que definen a cada grupo social, establecen sus normas y códigos, e incluso marcan las diferencias entre clases sociales.

A lo largo del mundo pueden encontrarse cafés emblemáticos que forman parte de la tradición de consumo, pero sobre todo, de las prácticas de sociabilidad de diferentes sectores poblacionales, siendo testigos de la presencia de grupos políticos, artísticos e intelectuales, que en su interior han desarrollado debates, proyectos, vanguardias o diálogos inconclusos que de una u otra forma han repercutido en el accionar de sus integrantes y de la sociedad, la identidad de esos grupos guardan también elementos adquiridos en los espacios públicos usados para su quehacer, quedando los cafés inscritos en su memoria e historia.

Los cafés pueden agruparse en la actualidad por sus diferencias tanto en el consumo que ofrecen como por sus dimensiones empresariales. Hoy, grandes trasnacionales dominan el panorama de las ciudades cosmopolitas sin importar que sus lógicas capitalistas llevan al extremo la sobre-explotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo mediante la subsunción que se relaciona directamente con la auto-valorización del capital y la creación de plusvalía. La disputa entre tradición y modernidad se manifiesta de igual forma en los tipos de cafés, es por ello que observamos espacios conformados con magnificencia y otros que resguardan las formas de antaño, reproduciendo espacios íntimos de sociabilidad en donde la socialización de saberes se reproduce cotidianamente.

Al ser espacios de sociabilidad y socialización en muchos casos rompen con la formalidad y la sacralidad moral e institucional de las diferentes épocas, los cafés son receptáculos de cultura y expresión de la misma, para el caso de la clase obrera y los sectores populares forman parten junto a las cantinas y plazas públicas de los sitios en los que el esparcimiento social destensa sin ocultar las condiciones de vida, pero no debe entendérseles únicamente como un espacio de ocio, sino más bien como el lugar en donde se da la interacción de lo público y lo privado, así como la divulgación de ideas, cultura y valores sociales específicos. La imagen de tertulias artísticas-literarias, de reunión políticas, familiares o de amigos, de parejas en el esplendor romántico o al final de su camino, al igual que de lectores y escritores solitarios sumergidos en las meditaciones del ser, son parte de la cotidianeidad de los cafés que se resisten a la reconfiguración de la propia sociabilidad en el marco de la modernidad exacerbada.

Quienes disfrutamos de estos espacios en compañía o en soledad, sabemos y valoramos su importancia. En nuestro caso particular, la memoria resguarda épocas vividas en la Flor de Santiago o en el Café Moncho, ambos perdidos entre las crisis económicas y sanitarias, pero que sin lugar a dudas, forman parte de nuestras tradiciones históricas y culturales de Yucatán.

Cristóbal León Campos
Cristóbal León Campos es Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América. Es editor de Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura. Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán, De Peso y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía (SEGEY. 2015), coeditor del libro Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones (SEGEY, 2015), autor de En voz íntima (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».