Mas libros y abrazos, cero balazos. Entrevista con Margarita Robleda

“Es mi niña interior la que está muy viva”, así se expresó la escritora yucateca Margarita Robleda Moguel al festejar su cumpleaños el pasado 25 de abril. La autora nos abrió las puertas de su Centro Cultural “De que se puede, se puede” para compartirnos parte de su trayectoria. Atrevida Robleda Moguel, como ella misma se denomina, nos habla de escritura, fotografía, libros, mujeres y sus inicios en el mundo de la literatura infantil.

Orgullosamente yucateca, afirma que su sangre maya la hace poeta y, su sangre pirata, la convierte en audaz y valiente. Actualmente comparte su voz cantando, cuenteando, escribiendo y creando para chicos y grandes, pues considera que su voz y su pluma son un medio para compartir su vocación. A continuación presento la entrevista con Margarita Robleda para el deleite de todas y todos los lectores.

—¿Quién es Margarita Robleda?

—Es una mujer que está todavía en el proceso de investigarlo, continúo en la búsqueda y eso es lo más rico. Mi verdadero nombre es Rana Margarita de la Paz y la Alegría. Soy doctora en cosquillas verbales y besos de rana. Me encuentro haciendo una maestría en la pepena: pepeno ideas, adivinanzas, suspiros y sueños. Soy creativa, curiosa, atrevida, fotógrafa, escritora, cantante, compositora, tallerista, conferencista y poeta.

—¿Por qué Rana Margarita de la Paz y la Alegría?

—Según la cultura azteca todos tenemos un animal, no sé en qué momento descubrí que era yo rana, el animal llegó a mí. Las ranas brincan, cantan a la luna, hacen lo que les da la gana, por eso me siento rana. También soy una promotora de la paz y la alegría, tenemos tanta necesidad de trabajar la paz, necesitamos realizar canciones, rimas y poemas que hablen del tema, hay que invocar a la paz. Y la alegría es hoy uno de los valores más importantes, al grado que mucha gente le tiene miedo a la alegría, me gusta jugar con la palabras, ponerme creativa y regalar felicidad a los niños de cero a 112 años, porque considero que a los 113 nos cambia el carácter.

—¿Nos podrías comentar sobre los inicios de tu carrera en el medio artístico y cultural?

—Empecé componiendo canciones a los 15 años. Pero tenía tres cosas en mi contra: era mujer, componía canciones para niños y era provinciana. Así que dije quiero seguir siendo mujer, quiero seguir dedicándome a la niñez, lo único que puedo cambiar es la provincia, y en 1968 me fui a lo que era el Distrito Federal. Ahí hice mi vida como cantante, compositora y tallerista cultural; recorría el país en mi volchito con mi guitarra y equipo de sonido visitando escuelas, teatros y hospitales, tuve mi programa de Radio Infantil por cinco años con la Rana Susana, el Pavo Sipriano, el burro Jonás, la gallina Matilde y la changa Matanga. En 1979 decido ser cantante esquinera y parquera por elección, es decir, una artista independiente. Tiempo después mis canciones se convirtieron en libros y es cuando inicio a escribir cuentos infantiles.

—Inicias en el mundo del canto y luego transitaste hacia los libros ¿cómo fue esa travesía?

—Yo estaba conectada con el mundo que estaba en ebullición. En 1968 empecé hacer canciones de protesta, por lo que vivíamos en México, es muy curioso, porque yo no estaba en la Universidad, soy autodidacta. Mis canciones eran “hay que cambiar este mundo, hay que dejar de ser espejo, basta de imitar a los demás”, entonces la gente se asustó conmigo, me decían ¿qué haces protestando? Pero como una gran lectora de “El Principito”, el cual repetí infinitas veces, me dio la idea de transformar mis protestas en canciones. Nadie se dio cuenta, pero yo seguía protestando. Y así fue como empecé a dedicarme a la niñez, cambiando mis protestas en canciones infantiles. Desde entonces siempre he estado rodeada de niñas y niños.

—¿Por qué te decidiste por la literatura infantil? sabemos que también tienes novelas, poemas, cuentos juveniles, pero en su mayoría escribes para la niñez

—Me di cuenta que habían cuentos no tan apropiados para la niñez, existían muchos libros manipuladores y los niños necesitaban validación. Cuentos donde los hombres no pueden equivocarse o los de princesas donde las mujeres terminamos esperando ser salvadas, ¿por qué tiene que ser un príncipe azul? Si me gusta uno verde o morado, o ¿por qué no puedo yo salvarlo a él? Considero que una idea cambia el mundo, por lo que decidí escribir mis propios libros, así nace “Inquietudes de una raya”, “Un puntito llamado Federico”, “Casilda de vacaciones” y “De que se puede… se puede”, los cuales se publican en 1983, entonces les quité a los cuentos las brujas, fantasmas, madrastras y príncipes azules. En los siguientes años mis sobrinos me inspiraron a continuar escribiendo cuentos infantiles, y así surgen “El Carrito de Monchito”, “El Gato de las mil narices”, “Pulgas, el perro de José Luis” y “Una cola especial”. Empecé a jugar con las rimas y las palabras, hice una colección que se llama “Rana, rema rimas” donde enseñaba a los niños a expandir su horizonte.

—Tienes dos libros en braille, has escrito para niños migrantes, para niños de los hospitales, haces literatura inclusiva, ¿podrías comentarnos sobre el tema?

—Siempre estoy pensando ¿cómo atiendo a este grupo de infantes? o ¿qué necesidades hay? Empecé hacer cuentos como retos, empecé a jugar, de las cosas que vivía me inspiraba y me daba ideas para escribir más cuentos. Dibujaba mis canciones: el gusanito, el ciempiés, el caracol, la ranita, así surgieron mis cuentos. De repente me di cuenta de que faltaban libros para los niños y niñas migrantes y escribí “Paco, un niño latino en los Estados Unidos” y “María, una niña latina en los Estados Unidos”, mi objetivo era darle identidad y autoestima a la niñez migrante, ambos libros se encuentran en español e inglés. También tengo dos libros en braille “Aventuras en la ciudad” y “Cosquillas de curiosidad”, y cuatro libros para los infantes de los hospitales.

—¿Cuál consideras es la razón de tu éxito con la niñez?

—Tengo una ventaja muy grande de tantos años trabajando con niños y niñas, he perdido el miedo al ridículo, entonces hago tremendas travesuras. Más libros y abrazos, cero balazos. Necesitamos alimentar nuestra mente con ideas y nuestro corazón con cariño, la paz es el fruto de eso, del pensamiento, corazón y conexión, no podemos nada más pensar o solo sentir. Tienen que estar juntos. Necesitamos libros y necesitamos cariño, nuestros niños y niñas están ávidos de eso, creo que es el éxito que tengo con ellos, los alimento con ideas y también les doy cariño. La ternura es un arma poderosa.

—La lectura y escritura ocupa un lugar importante en tu trayectoria ¿qué nos puede decir sobre eso?

—Los libros son amigos, ventanas, trampolines, son vida, en primer lugar soy lo que soy porque soy lectora, a través de los libros es como me he formado, en ellos no hay límites. Para mí fue muy importante leer a los 12 años “Mujercitas”, porque en ese libro me vi, me podía parecer a Jo, ese personaje me dio permiso de ser yo misma, de ser diferente. Por otro lado, Yo no podría vivir sin escribir, mi lenguaje es más rico escrito que hablado, me asombro luego de escribir palabras que no uso cuando hablo. Hay palabras guardadas dentro de mí, para que broten en el momento exacto que se necesitan.

La palabra es muy poderosa, cuando no tenemos la palabra, golpeamos, atropellamos, no sabemos expresar nuestras emociones, sentimientos, nos deprimimos, entonces necesitamos a la palabra para poder entendernos, poder entender al otro y hacer el puente de comunicación. Las palabras acarician o golpean, construyen o destruyen, las palabras construyen puentes, uno tiene que respetar la palabra.

—Has impartido conferencias a nivel internacional sobre la mujer ¿algún mensaje que desees compartir con las mujeres?

—He descubierto que soy traductora de sentimientos, por eso escribo literatura para mujeres, mis libros ¿Quién es Irene Torres?, “Mi credo, hoy”, “Luna de lunas” y “Mujeres del mundo, Imagen y Palabra, Tan distintas, tan iguales, tan hermanas”. Las mujeres tenemos la tarea de atrevernos, yo siempre digo que los locos y locas se juntas con los de su especie. Yo les diría a todas las mujeres, atrévete, atrévete a ser tú. No eres la que dijeron que eras, tienes que descubrirlo, eres humana con miedo, gozo, certeza, alegría, etc. somos tan parecidas. Necesitamos reinventarnos, confiar en nuestro instinto, con miedo, pero haciendo las cosas.

—Margarita tu curiosidad te ha llevado a experimentar con la fotografía, ¿el libro “Mujeres del mundo, Imagen y Palabra, Tan distintas, tan iguales, tan hermanas” surgió de unas fotografías?

—Descubrí la fotografía hace algunos años, tomo muchas fotos en mis viajes y alguien me dijo ¿por qué no haces una exposición de fotografías de mujeres? Cuando yo las tomé tuve la percepción de que me dijeran algo sobre las fotos, porque es un paso muy importante exponer, porque te expones al ojo ajeno, a la crítica y se necesita cierta madurez de poder decir te lo estoy compartiendo y se vale que no te guste. Escribo poemas de mis fotografías, la fotografía es un instante de oportunidad.

—Para finalizar deseas compartir algo sobre la fundación Margarita Robleda y del centro cultural “De que se puede, se puede”.

—El objetivo de la fundación es que recuperemos la consciencia de que somos seres humanos y comunitarios, porque ya se nos olvidó, y eso es lo que hago a donde vaya. Y como dice uno de mis libros “Intentarlo sigue siendo la mejor manera de conseguirlo”.

Arline Bojórquez
Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, diplomada en tanatología y fomento a la lectura. Actualmente estudia la maestría en psicoterapia humanista. Colaboradora del libro "Gesto y espacio: permanencia y arquitectura en Yucatán" (Segey 2015) y autora de la columna Tribu F en el diario Novedades Yucatán. Es creadora del taller Journaling & escritura terapéutica dedicado a mujeres que desean encontrar su voz y compartirla con el mundo. Contacto: arlinebc@hotmail.com/Instagram: arlinebc