En memoria de la mujer y la poeta
La muerte de Fina García Marruz (abril 28 de 1923-junio 27 de 2022) es hoy, en mitad del pecho, el golpe de la ausencia de una presencia espiritual: la de una mujer que asumió en plenitud, con Martí, “el amor como energía revolucionaria”.
Y es, en mitad del aire, el silencio de una voz fraterna: la del milagro de la hermosura de una poesía honda y transparente.
Pero hoy, en el corazón convulso del mundo, el resplandor de su existencia y el eco de su palabra son un rayo de claridad en la esperanza de quienes con las manos o el sueño cada día, imaginamos el perfil de un ser humano más noble y un porvenir claro para todos.
Porque quienes —como yo— tuvieron el privilegio de conocer a Fina García Marruz de manera personal, vivir la experiencia a un tiempo sencilla y luminosa de su presencia, pueden atestiguar comigo un hecho singular:
Ella, como mujer, vivía en la sencillez de la gracia, en esa gracia humana inefable de la generosidad.
Porque asimismo yo —como muchos otros quienes se han conmovido con sus poemas (en verso y prosa)— soy junto con ellos, partícipe de la vida anidada en la textura luminosa de su poesía.
Al recordar ahora a la mujer y la poeta nos aflora, en mitad del pecho y del aire, la certeza de que ella encarnaba aquel deseo que alguna vez se le atribuyó al Che: ser un hombre lúcido y generoso.
Mi tributo a Fina es, hoy por siempre, un limpio sudario de gratitud a su legado ileso de integridad, amor y transparencia.








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