Perversidad sin fronteras

“Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan; hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre de los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana”.

Fidel Castro Ruz, ante la ONU, en el Día de los Derechos Humanos.

Es cierto que nadie puede asegurar dónde está el límite de la crueldad humana. Es así porque sencillamente no existe, por obra y gracia de todos los que se empecinan en hacerle la vida imposible a esta humanidad que tanto sufre y padece las acciones de la parte más oscura del imperio, o mejor, afirmar que es el mismo imperio que, consciente de su total obsolescencia, ha llegado a su agonía con el macabro aullido de la fiera herida de muerte, precisamente el momento de mayor peligro de esta humanidad.

Véase como prueba de lo anterior, el genocidio que practica Israel en complicidad con su papá USA contra el pueblo palestino ante la mirada aterrorizada del mundo. Los opulentos pasan la página para no complicarse la vida; los muchos sienten cómo se les aprieta el corazón por la cólera y la impotencia ante el derroche de maldad de aquellos; y están hasta jefes de gobiernos lacayos que no salen al ruedo por temor al toro. Y otro gran conglomerado de organizaciones internacionales “defensoras” de derechos humanos que se entretienen redactando pálidas declaraciones en el intento de “calmar” a los beligerantes, tal si fuera una simple discusión entre naciones y no un atroz genocidio.

Algunos de mis amables lectores se preguntarán por qué quien escribe estas líneas hace tal introducción. Y la respuesta es simple: acabo de ver una imagen que ya no es posible borrarla de mi mente: es la foto de una madre palestina cargando a su hijo. Ella tiene como una túnica negra, su cabeza cubierta de un pañuelo del mismo color. Su mirada resulta imposible definir, posiblemente porque es una mezcla de dolor intenso unida a cierta resignación ante tanto sufrimiento. Y tiene cargado al hijo, al que no puedo olvidar, aunque quisiera.

Esta criatura no parece víctima de la metralla asesina si no del hambre. Intento descifrar su imagen: aún vive, aunque muriendo lentamente; puedo pensar que se trata de un adolescente; su mirada indescriptible, quizás vea la penumbra o el simple vacío del espacio; está semidesnudo y solo cubierto por un pedazo de paño de color indefinido. Pero lo más impactante es su cuerpecito todo, porque sus brazos y piernas son deformes, solo muestran sus huesitos desnudos. Y sus ojos ¡caramba!, como si miraran lo insondable, el vacío, lo inaudito e irreal. En fin, un ser humano, un niño, alguien que había nacido para ser feliz y ahora está quizás a minutos de morir, pero de ¡HAMBRE, DE HAMBRE!

Me parece necesario referir algunos datos tan impresionantes como malvados: al menos 154 niños murieron en Gaza como resultado de la desnutrición causada por el cerco sionista, mientras más de 51 mil reciben tratamiento por enfermedades relacionadas con el hambre. Un activista, director de la Asociación para el Retorno de la Salud en Gaza, ha referido que la grave escasez de alimentos y atención sanitaria amenaza la vida de decenas de miles de niños cada día.

Además, reveló que cada 24 horas, como promedio, se contabilizan 16 abortos por la falta de atención médica y que 1,015 bebés menores de seis semanas fueron asesinados; 450 fetos también murieron en el vientre de sus madres, y se produjeron más de 12 mil abortos espontáneos. Bien, como usted puede imaginar fácilmente quedan cientos de datos espeluznantes que sucedieron y continúan sucediendo consecuencia del genocidio actual que se comete contra el pueblo palestino, en matrimonio indisoluble, repito, con EE. UU.

Compañera, compañero: por favor no interprete este comentario como algo patético a ultranza. Es que no he pretendido una simple narración; contrariamente, sí, un llamado a la conciencia de nuestros pueblos para no cejar en el empeño de mantener la denuncia a tanta vileza, a tanta afrenta a la humanidad, a tanto atropello de nuestros niños y niñas que quieren arrebatarle su sagrado derecho de existir con paz y felicidad, y ser nada más y nada menos que el futuro de esta humanidad que tanto sufre.

Es originario de la La Habana, Cuba, con 48 años de experiencia en los medios de comunicación, fundamentalmente en la radio. Periodista, escritor, analista de programación, asesor de primer nivel, director de programas, entre otros. Es colaborador habitual del Portal de la Radio Cubana, y antes del periódico Tribuna de La Habana. Ha recibido diversas distinciones, entre ellas, la Medalla “Félix Elmuza” de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba); Medalla “Raúl Gómez García” del Ministerio de Cultura de Cuba; Premio Ramal de Periodismo Radial por la Obra de la Vida en la Radio “Juan Emilio Friguls”; Reconocimiento al Mérito Periodístico por sus aportes al Periodismo radial y la Excelencia del Trabajo Realizado; Sellos conmemorativos de 60 Aniversario de la UPEC y 85 Aniversario de la Radio Cubana. Por otra parte, a solicitud del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), ejerció funciones de Jurado Nacional del Festival Nacional de la Radio, a cargo de las actividades de propaganda y programas informativos, durante ocho años consecutivos. De manera autodidacta y con el apoyo de prestigiosas figuras logrado un considerable conocimiento de la Comunicación Social. Igualmente, diseñó metodologías que han sido implantadas en el Sistema Nacional de la Radio cubana. Por otra parte, es autor de tres libros: “Los programas informativos en la Radio”; “La Radio, Arte, Técnica y Magia” y “Una Mirada a las Tinieblas”; este último aprobado y en proceso para su publicación. Además, ha impartido cursos y talleres a periodistas del Sistema Nacional de la Radio en Cuba.