Heridas
Cuando se abandona
ese cielo que trata de ayudarte
en las dificultades y se olvida
para dejar de existir,
mirarse en el espejo
es una costumbre
para ver la nada.
No existen otros ojos
para observarse,
ninguna creación puede salvar,
ni el grito de cien voces
que clavan miradas.
La vida arrastra sus entrañas
y se llora por una muerte
prematura que trata de reír
cuando se pierde
el lenguaje dulce que perdona
el seno negro del buitre.
Algo vuela y alimenta
esa tendencia suicida de quedarse
con la cabeza sepulta
entre las manos y sin mirar
la sangre corriendo
de las propias heridas.
* * *
Tiembla la vida
Tiemblan las copas
al escuchar las voces agitadas,
una cae y cae la última gota.
La sed ofrece
el alma entristecida.
Un grito y es la vida
sobre el cristal roto de un parabrisa
se pega la voz
sobre la máquina que va
corriendo contra el tráfico.
¡Dobla! ¡Dobla!
Los oídos sin visión
no evitan la sombra funeraria
que pinta las mortales palideces
de dos seres que a veces
hubieran podido amarse.










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