El tiempo pasa y siempre es bueno hacer un corte para reflexionar lo andado, más cuando de proyectos culturales y editoriales hablamos, pues el trabajar con las ideas y las palabras, así como con las emociones e ideologías, exige una constante vinculación con territorios físicos y conceptuales muchas veces inéditos. Ya sea si se trata de una reflexión y/o proyecto sobre el acontecer político-social, o de una creación literaria. Lo cierto es que la labor de construcción de espacios de diálogo plurales y abiertos, con el fin manifiesto de contribuir a comprender el acontecer que vivimos en lo local e internacional, y reflejar a través de la expresión escrita todo lo que concierne al ser humano, es un reto y una oportunidad de renovación ante nuevas perspectivas y de reafirmación de que la palabra escrita sigue siendo un medio fundamental para la lectura de la realidad y para el compromiso con las mejores causas de la humanidad.
Y lo digo así con la justa dimensión. Poner en práctica las palabras y las ideas con el objetivo de contribuir a un mundo mejor, a una humanidad más humana, no es un idealismo desterritorializado ni una ufana misión desprovista de contradicciones, las cuales asumimos sin reparo. El camino que nos ha llevado a los primeros cinco años de la revista Lectámbulos, que ahora celebramos, lo hemos recorrido con la certeza de que se está construyendo un movimiento cultural que no niega lo político y que se alimenta así mismo de esa condición, la de ser precursores de nuevas miradas a nuestro entorno y de ser partícipes decididos de las transformaciones urgentes que vivimos, con una mirada crítica y propositiva, velando por el cumplimiento cabal de los ideales que sustentan las tradiciones latinoamericanas y caribeñas del pensamiento crítico, revolucionario, social y cultural, mismo que está íntimamente ligado a nuestros pueblos, a la diversidad cultural como el centro de nuestra realidad, y al debate público que tanto distingue a la región que nos vio nacer, pues si bien la revista a través de su soporte virtual llega a infinidad de rincones en el mundo, es justo recordar que nacimos aquí, en el Mayab milenario, donde lo real maravilloso, con las costumbres y las tradiciones, da vida a nuestro pueblo entrecruzado de raíz con el caribe insular y continental, hermanados de sangre y cultura con el sueño de José Martí, una Nuestra América unida e integrada por el bien de todas y todos.
Y es que en este galopar, en este andar cotidiano por el mundo de la palabra, las fronteras geográficas se difuminan y quedan únicamente los lazos de fraternidad, comunidad y trabajo colaborativo, así es como desde Cuba, España, Italia, Venezuela, Francia, República Dominicana, y tantas otras naciones, como de tantos rincones de la República Mexicana, llegan los textos, los artículos, las opiniones, narrativas y reflexiones, al igual que la creación literaria y el análisis cultural que se publica mes con mes en Lectámbulos, pues no olvidemos que nacimos durante la pandemia de Covid-19, cuando la humanidad se enfrentó a sí misma y cuando más necesario que nunca fue usar la palabra, la escritura y la lectura para reencontrarnos, unirnos y dialogar bajo los preceptos diversos que dan sentido a nuestras ideologías progresistas y cosmovisiones socioculturales.
Hoy no puedo más, por ahora, que agradecer la oportunidad de ser parte de este proyecto cultural e intelectual, ya sea como editor, como escritor o como promotor, pues la convicción por un mundo mejor y por una humanidad más humana, no conoce claudicación cuando está arraigada en lo profundo de la conciencia y en la praxis diaria del quehacer por el bien común de nuestros pueblos.










Responder