Sabucán

Iniciaba la lluvia en el suburbio perdido. Una que otra casa, sin luz. Hacía tiempo que el único foco se había ido. Ella estaba de pie en la esquina, cerca del paradero. Con los hombros caídos, el cuello era un faro buscando algo. No le importaba la lluvia. Tenía la mirada fija en la carretera, como si pudiera reconocer a alguien entre la lluvia y el chasquido del agua. Su rostro soportaba los golpes del viento, las hebras blancas salpicaban su cabello.

Me acerqué, ella no se movió. Recuerdo que pregunté:  

—¿Dónde está el paradero?  

—Vamos —dijo—. Es por acá.  

Empezó a caminar. No había nadie, pero el monte nos miraba. Su ropa mojada, sus chancletas chipoteaban en el agua.

Me sorprendió que caminara despacio y tan fluido, como si conociera cada centímetro de ese camino. Extendí el paraguas, endeble y frágil, pero no le importó o no quiso acercarse a mí.

Paramos en la esquina. Mi impermeable estaba mojado. Pregunté:  

—¿Usted vive por aquí?  

—Sí, por esos caminos —dijo.  

Viré a ver, pero no vi nada. Estaba oscuro.

Hizo una pausa, respiró hondo y con tono afable como si fuera prohibido susurró:  

—Cada noche vengo a esperar a mi hija. Ella va a venir. Sabe que la espero.  

Sin dejar de mirar la calle, las luces de los carros chocaban con su rostro.

El frío. La noche oscura. Solo ella y yo. No pregunté más. Me quedé callada, esperando que ella hablara. Volvió su mirada hacia mí. Una mirada llena de hastío.

—Ella se llama María, una jovencita. Piel canela, de cabello lacio. Era una muchacha con andar de gata. La bruja decía que las gatas no respetan el eclipse y por eso se las lleva. En la oscuridad sus pupilas se encendían y podía caminar en las calles sin luz, solo siguiendo el aleteo de las luciérnagas.

Gozaba adentrarse atraída por el canto de la noche. Siempre me decía que le gustaba escuchar el concierto de timbales de las ranas, en el bajo los silbidos de los grillos; el chasquido de las larvas la envolvía, las cuerdas eran el aleteo de libélulas. ¿Sabe, le gusta la música, de esas que no entiendo?

—Es mi manera, aunque mínima e inútil —dijo—, de honrar la espera de mi hija que va a regresar.  

Guardó silencio. Me pareció que estas últimas palabras fueron dichas por otra voz.

Habla, parece que no existo —De chicas nos decían que el eclipse mancha. Que no saliéramos, que no nos rascáramos. Que la noche que llega de día se lleva a las muchachas que desobedecen. Que te sale paño de muerta en la cara. María no creyó. Aquella mañana de eclipse salió a verlo.

Así se internó para llegar a su lugar preferido, una explanada, sin darse cuenta de que la seguían los perros que sueltan en la noche. A veces pienso que de pronto un viento hediondo la envolvió. A veces creo escuchar un grito suspendido con el vuelo frenético de miles de pájaros.

Bajó la voz:  

—No regresó. Solo encontré un tenis rojo de María.  

Nos quedamos viendo la carretera. Vacía.

En medio de la noche, sentimos esa ausencia. Me parece ver a alguien, llevando un sabucán que deja salir luz. No dije nada. Ella sacude la cabeza. Dice:  

—Hoy no. Hoy, sobrevivo sola.  

Y nos quedamos un par de segundos en complicidad. Los faros del camión aparecen. Extendí la mano, con algo de prisa. Me da la suya. Cada cual en su trinchera…

Profesora de Educación Preescolar, licenciada en Educación por la UPN, con maestría en Desarrollo Curricular con enfoque intercultural. Ha sido funcionario público en instituciones como CONAFE, CECITEY, SEGEY; ha coordinado talleres de formación y capacitación para fortalecer competencias docentes. Ha recibido el Diploma al Mejor Funcionario Público Federal en 2002 otorgado por CNDH de Yucatán. Poeta, maestra, investigadora en el área de educación indígena y comunitaria. Ha cursado Diplomado de Literatura Hispanoamericana en la UADY, en cursos impartidos de poesía con Aula Grama Escuela con la escritora Viviana González, en talleres dados por la editorial Luz Vesania con la escritora Dora Mora, Lucila May Peña, con el Colegio de Escritores de Latinoamérica con el escritor Ignacio Martín, con Foto TRIPSMX Curso “Autobiografía y Fotografía: exploraciones a partir del cuerpo y autorretrato” impartido por la artista visual Abigail Marmolejo así como diferentes talleres de creación literaria.