Ser maestro: entre el respeto de ayer y los desafíos de hoy

Pelicula El maestro (1957), tomada de RTV.es

Año de 1950. La mortecina luz que irradian las lámparas de los altos postes de acero gris, con forma de sombrillas, colocados a los lados de las avenidas principales de la Ciudad de México, invita a la reflexión a causa de la penumbra. Una leve llovizna obliga a apurar los pasos, dejando atrás el término de la jornada; mientras se camina, también se admiran las maravillosas postales cotidianas que suceden en esta capital. En la parada del camión se perciben personas adultas que terminan sus labores, jóvenes que salen de la secundaria y maestros que concluyen el turno, todos dirigiéndose a sus hogares.

Las memorias que esas imágenes traen a la mente ocasionan recuerdos irremplazables acerca del respeto que en aquella época se sentía por los adultos mayores y los maestros, ya que estos eran quienes influían en nuestra formación y cuyos consejos se tomaban en cuenta en muchos de nuestros actos. Aunque la energía eléctrica y la red carretera presentaban deficiencias considerables en aquel entonces, muchos maestros caminaban largas distancias hasta comunidades lejanas para impartir sus enseñanzas en condiciones deplorables y sin recursos. Estas actitudes inspiraban la admiración de los habitantes en esos días.

Durante mucho tiempo la sociedad mantuvo esa percepción. Los maestros fueron gestores, líderes comunitarios, solucionadores de problemas, redactores de los escritos que el presidente municipal necesitaba, organizadores de las festividades del pueblo, de la iglesia y demás actividades. El presidente municipal, el maestro y el sacerdote representaban a algunas de las personas más importantes del poblado.

Con el transcurso de los años y la llegada de la modernidad, las actividades fueron cambiando y, con ello, también la apreciación social. En las décadas siguientes, la mejora de la red carretera, de los servicios de energía eléctrica e hidráulica y, posteriormente, la aparición y expansión del internet implicaron cambios significativos.

Tanto los sacerdotes como los maestros y las autoridades fueron perdiendo parte del respeto y reconocimiento que tradicionalmente habían tenido entre los habitantes de pueblos y ciudades.

En la actualidad, las ofensas y agresiones hacia algunos de estos personajes están a la orden del día. Es común encontrar noticias de violencia en las escuelas y de atentados físicos y verbales que, en casos extremos, incluso pueden derivar en asesinatos o suicidios.

Son incontables los hechos de agresión que se pudieran mencionar, ya sea entre los mismos alumnos o entre alumnos y maestros. También se presentan relaciones inapropiadas entre maestros y alumnas o viceversa, así como acusaciones o noticias falsas generadas, en algunos casos, por alumnos que buscan desacreditar al maestro; en fin, situaciones comprometedoras que pueden surgir por resentimiento o venganza.

Es ineludible notar cómo las personas relacionadas con la docencia se han visto forzadas a cambiar los métodos disciplinarios ante las nuevas disposiciones y formas de protección de los derechos humanos. Sin embargo, cuando existen deficiencias en los procedimientos o en las investigaciones, puede ocurrir que las responsabilidades no sean determinadas correctamente, provocando una percepción de injusticia entre los involucrados.

Es urgente la revisión de las formas de atención y, cuando corresponda, de penalización de los delitos que ocurren en el ámbito escolar, para lograr la mejora de los procedimientos correctivos y, con ello, optimizar las condiciones en las que se desarrolla la enseñanza.

Deben crearse y fortalecerse protocolos de reglamentación en las escuelas mediante los cuales cada trabajador tenga delimitada la función que deba desempeñar, para no interferir con el ejercicio del otro.

Asimismo, debe darse a conocer, desde el inicio del curso, a padres de familia, maestros y trabajadores escolares, la normatividad que regirá el período escolar vigente.

Al referirnos a este tema, resulta inexcusable la exhortación al conjunto de habitantes de una comunidad, grande o pequeña, donde se desarrolla el proceso educativo, para que todos los que forman parte de esa sociedad colaboren cumpliendo con sus responsabilidades y aportando ideas que sean de verdadera importancia para potenciar el desempeño de cada trabajador involucrado.

No permitamos que la educación se quede en recuerdos bellos; hagamos que retome y recupere su valor, para que la niñez mexicana avance aprovechando los cambios sociales y asumiendo el compromiso de hacer un mejor país.

Narradora y docente de profesión. Es miembro del taller literario Café con piquete que coordina la escritora Melba Alfaro. Ha participado en diversas emisiones de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, FILEY, con lectura de sus cuentos. Es autora del libro "La sombra del infortunio".