Soy especial, porque me gusta mi forma de ser

María Regina quería vestir el mismo uniforme de cuadritos azules que usaban sus hermanas, pero conseguir que fuera aceptada en la misma escuela no fue tarea fácil para sus padres. En el año 2000 aún no era una práctica normalizada en las escuelas incluir a niños con discapacidades para convivir con los niños considerados “normales”. Los pretextos e inconvenientes que planteaban los directores y alguno padres de familia de las escuelas eran diversos: necesitaban un acompañamiento especial, podrían atrasar el avance del grupo, recibirían el rechazo de los niños que percibirían las diferencias, etc. Sin embargo, gracias al tesón de sus padres, así como a que los colegios elegidos siempre han sido pioneros y audaces en la implementación de métodos pedagógicos y en la apertura a la modernidad en bien de su alumnado, María Regina fue aceptada inicialmente en el Centro Educativo Renacimiento, para estudiar la primaria y secundaria, y en el Colegio Peninsular Rogers Hall, su preparatoria, esta última, escuela de sus hermanas.

La experiencia fue exitosa, y así como María Regina, quien nació con el síndrome de Down (nació con un cromosoma más, el 21), niños con diversas discapacidades motoras, auditivas, de la visión u otras, se han ido incorporando a las escuelas demostrando que todos pueden beneficiarse con la inclusión. Los temores de los adultos son superados al observar en los recreos y festivales artísticos y deportivos la amistad y la aceptación de estos niños dentro de los grupos. Los maestros también perciben que esta medida les ayuda a concientizar a niños y jóvenes sobre el respeto a todos y la sana convivencia, entre otras cosas.

No sólo las escuelas primarias, secundarias y preparatorias, han dado un paso adelante, también las Universidades entendieron la necesidad de contar con un programa para jóvenes con discapacidades y de cerrar el círculo proporcionándoles además un entrenamiento para vivir con independencia y con autonomía económica, esto último gracias a la disposición de diversas empresas que han implementado opciones para recibirlos durante sus prácticas y en algunos casos contratar con remuneración a los alumnos graduados.

En la universidad, no nos vieron ni como “raritos” o como “pobrecitos” nos trataron, insisto, como personas

María Regina

Cuando María Regina concluyó el diplomado llamado: “Construyendo Puentes” en la Universidad Marista de Mérida, fue la escogida para dar las palabras de despedida del grupo, no se piense que, por ser una persona especial con una discapacidad, ya que como ella misma declaró, desde el primer día de clases en la universidad la trataron precisa y solamente como persona, mirándola a ella y no a la discapacidad.

María Regina había demostrado que era capaz y hasta excelente para hablar en público y exponer sus ideas, además de ser una joven alegre, a quién le gusta modelar, bailar y cantar (ha grabado un disco con sus canciones favoritas), por lo que, de su generación era de las que mejor se desenvolvía con el público y sin temor a los micrófonos. Al concluir su discurso el aplauso fue atronador y la sonrisa de todos los presentes fue completa al escuchar decir a María Regina: En la universidad, no nos vieron ni como “raritos” o como “pobrecitos” nos trataron, insisto, como personas primero.

En días recientes, la sociedad yucateca se congratuló por la noticia de la adopción de un niño de un año y tres meses conocido como “Cachito”, con síndrome de Down. Durante sus escasos meses de vida el niño estuvo bajo la tutela del Gobierno del Estado, específicamente del DIF y la Procuraduría de Protección a niñas, niños y adolescentes en Yucatán.  La alegría con la que fue recibido por su madre, quien declaró: le pedí a Dios un milagro y llegaste tú, nos llena de esperanza de que la integración será normalizada y el pequeño “Cachito” tendrá las oportunidades que tuvo María Regina y logrará un desarrollo pleno y feliz de acuerdo con sus capacidades.

Ya quedaron atrás los días en los que a los niños que nacían con alguna discapacidad se les apartaba de la sociedad, llegando en casos extremos de alejarlos de la mirada de cualquier persona ajena a la familia, viviendo semi secuestrados y con nulas esperanzas de tener una vida plena y feliz. Hoy en el mundo vemos a muchos niños y jóvenes triunfando en diversas disciplinas deportivas o artísticas, tal es el caso del venezolano José Dávila único director de orquesta del mundo o el japonés Nobuyuki Tsujii que ejecuta magistralmente difíciles piezas musicales en el piano. Ambos con síndrome de Down y el último, además ciego.

La inclusión educativa ha sido un camino largo y difícil por recorrer para muchos padres con hijos con alguna discapacidad, María Regina es una pionera, pero muchos no contaron y aún no cuentan con esa oportunidad. Como sociedad debemos impulsar esta inclusión tanto en las escuelas como en las empresas y entender las palabras de su mamá, quien declaró: No es que no puedan hacer las cosas, sólo necesitan más tiempo y apoyos de las demás personas, en un entorno favorable para ellos.

Laura Elena Rosado Rosado
Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.