Es muy atractivo hablar de éstas, y es que son tantas. Decidí hacerlo, luego de ser invitado a las páginas de Lectámbulos, y comenzaré por las reales, por aquellas que se establecieron durante la etapa más álgida de la llamada guerra de castas, cuando se decía que la “civilización” terminaba en Peto y después, adentrándose en la selva, comenzaba la “barbarie”. Así, a nuestros abuelos y abuelas los nombraron peyorativamente como “los bárbaros de oriente”, todo por querer vivir, y lo hicieron por medio siglo, lejos del gobierno yucateco y mexicano.
Noj Kaaj Santa Cruz Xbáalam Naj era nuestro centro principal, la capital en términos de los tsules, de aquel territorio recuperado en 1850. Desde ahí nuestros ancestros gobernaron y reestablecieron su orden en base a sus costumbres y vivieron libres hasta que esto se acabó. Luego de varios intentos fracasados los tsules, apoyados por los waches, llegaron a Santa Cruz y los mayas masewales se replegaron a la selva, nuestra casa.
Eso ocurrió en 1901 pero la frontera aún existe y seguimos siendo diferentes, tal vez no los mejores pobladores de la tierra, pero sí los elegidos de Dios.
Nos sentimos distintos a los demás y actuamos como tales, y ¿cómo no? si aún seguimos venerando y protegiendo a la Santísima, la santa cruz maya que cohesiona y nos hace uno. Si el lector o lectora no lo entiende es porque existen todavía las otras fronteras, aquellas que impiden entender una forma diferente de ver el mundo y la vida; las que impiden vernos sin discriminación y a veces con desprecio, aquellas fronteras que no dejan ver a “los otros”, la justeza de nuestro pensamiento heredado de los ancestros que nos hace señoras y señores del tiempo.
Si para algunos, o muchos tal vez, es difícil de comprender la manera de explicarnos el mundo, (cosmovisión le llaman los estudiosos) es porque las fronteras creadas en sus conciencias y que llevan a menospreciar lo indígena, en este caso lo maya, se consolidaron en cinco siglos de dominio colonial.
Por eso, como contribución a la descolonización de las conciencias, nos comprometemos a destruir las fronteras reales y ficticias; ordenaremos las cosas como Dios manda y viviremos en paz con una relación respetuosa y equitativa entre todos y todas, indígenas o no. Somos el pueblo maya, nacemos sobre la tierra y para nosotros no existen fronteras.







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