La Covid-19 alteró inesperadamente las fronteras de la enseñanza superior presencial en marzo de 2020 y obligó a emplear sólo métodos virtuales para concluir el semestre. Profesores y directivos reconsideran aún cómo continuar la docencia bajo esta pandemia infinita.
Los desafíos y retos que se han presentado en el ámbito educativo desde que inició el confinamiento se han quedado sin resolver aún en su gran mayoría; la desigualdad es el tema más urgente sin una solución concreta y real hasta la fecha. El cascarón que ocultó por muchos años las prácticas desiguales, corruptas e injustas en el magisterio mexicano se fracturó con la llegada de la pandemia del Coronavirus y puso en evidencia la crisis por la que atraviesa, desde hace décadas, la educación en México.
Han transcurrido ocho largos meses desde la aparición en Cuba de los primeros casos de la COVID-19 y ahora, a sólo dos del adiós al 2020, es que la totalidad de los niños y jóvenes han podido regresar a sus centros de enseñanza. Es una de las más dañinas consecuencias de la pandemia y de la estela de sacrificios y sufrimientos provocados a la sociedad.
En sólo unos meses la educación ha cambiado drásticamente, con el auge distintivo del aprendizaje electrónico, mediante el cual la enseñanza se lleva a cabo de forma remota y en plataformas digitales. ¿Será este un cambio duradero?
la nueva modalidad a distancia no ocultó el desfase existente entre lo económico, político y lo social, ni tampoco que en México el acceso a internet es menor al de muchos países en vías de desarrollo y que si lejos se está de hacer un uso adecuado de las tecnologías de la información y comunicación, más lejos todavía de contar con plataformas digitales que permitan un aprendizaje de calidad.










