De todos los males de la humanidad, el desamparo ante nuestra naturaleza biológica es uno de los más potentes, la conciencia de vislumbrar el camino que viene nos vuelve tremendamente vulnerables y el miedo de enfermar o morir, nos va aplastando la fortaleza.

La educación de los jóvenes y del pueblo en general debe fundamentarse en las realidades específicas que vivimos en el pasado y en el presente que tenemos por delante. Estamos en la Hora de los mameyes.