Del libro Nada que finjir
Soy triste de nacimiento, mi nombre artístico es Trisha, así me conocen en el Bar La Noche. Déjame te cuento que comencé desde abajo, refregando pisos y limpiando los baños. Hacía como que trabajaba mientras las vedettes ensayaban sus números. Me ofrecía a limpiar sus camerinos para ver de cerca sus atuendos. Admiraba de sobremanera a Ruby, quien caracterizaba a Rocío Dúrcal, que si bien es cierto no es una belleza de mujer, pero eso sí, muy respetada en el ambiente.
Una noche, al faltar Ruby por enfermedad, me puse su ropa, me pinté, me acomodé con reverencia la peluca, mientras veía con emoción y asombro mi cambio. Me coloqué de pie frente al espejo y parpadeé un par de veces, así como lo hacía Ruby, y fue ahí donde me descubrieron en todo el sentido de la palabra. Me descubrió Pepa, la administradora de La Noche. Yo esperaba una regañiza marca diablo por ese atrevimiento, fue todo lo contrario. Me pidió que caminara, que girara, que hiciera ademanes de la Dúrcal, por eso digo que me descubrió en todo el sentido de la palabra. A partir del día siguiente me invitó a que ensayara con la Rula, quien caracterizaba a las vedettes. Me asignó el papel de Yuri, pues decía que mis orígenes jarochos iban a brillar más con una cabellera rubia. Y un mes después, cantaba en La Noche “ Detrás de mi ventana, veo pasar la mañana en la espera de la noche…” y a coro conmigo más de doscientas locas dejadas o heridas por el mismo mal de todas las que pasan un lunes por el bar: la soledad.
Comencé a ser un ícono del ambiente, al grado que me invitaban frecuentemente a encabezar las marchas del orgullo, a asistir a entrevistas en la televisión sobre todo en tiempos electorales, cuando todos los candidatos hablaban de promesas de igualdad y derechos, y yo, como digna representante de las maltratadas por la sociedad, asistía y debatía como sólo una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre puede hacerlo.
Pero ¿sabes? No todo son luces y cámaras. No todo es escenario. Quiero que escribas la parte esencial de mi vida: La tristeza de este lugar. He visto pasar a muchos por La Noche. Y aquí, donde a bien has tenido entrevistarme para tu artículo, te cuento que me he sentado con tanto chico atormentado por su vida doble. Hijos que fueron echados de casa por sus padres, quienes les gritaron que nunca parieron a un puto. Chicos golpeados y ensangrentados en el alma con tanta palabra hiriente de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos de escuela. Padres de familia que, después de intentar llevar la vida que la sociedad les exigía, acababan viniendo a La Noche a desahogar sus represiones. Cuánto hombre casado, políticos, hombres de religión, pero créeme, que a ninguno de ellos juzgué; los oí, y a otros hasta los amé con la carne y con el espíritu.
Quiero que escribas ahora que se acerca el aniversario veinte de La Noche, un artículo de homenaje a quienes tenían este lugar de refugio, tal y como su nombre lo dice, en lo oscuro y solitario, en donde todos somos anónimos, y por unas horas podemos dejar de ser quienes somos, descargar ese yugo y a la mañana siguiente, regresar a lo establecido. Tú ves de fuera el oropel de La Noche, pero no sabes que aquí hay más dolor que alegría, para eso está Trisha, por eso la buscan. Inclusive, así como me ves de anciana, aún los pubertos se han enamorado de mí, porque los sé escuchar.
Anda, publica que aquí La Noche sueña con ser ese lugar de reconciliación. Reconciliación de las madres con sus hijos. De las esposas con los esposos, de los amigos con los ya no amigos. La Noche quiere brillar tanto como el día, pero eso sólo será posible cuando nos quitemos esas normas hipócritas que nos han impuesto. ¿Acaso el amor tiene un color? ¿Qué Dios no hizo también a los homosexuales? El argumento de tantos es que Dios nos hizo inocentes y después erramos ¿Puede acaso hacer una semilla sin estar involucrado en el fruto? Muchos han muerto sin esta reconciliación. Yo no quiero irme sin ser su voz. A mí me confiaron sus secretos y prometí no sólo guardarlos sino mitigarlos. Sé que tu crónica sobre La Noche será ese homenaje a los caídos, a los que vienen aún en camino, y que esperamos les sea menos doloroso este trance. Escribe y anota que Trisha guarda esas tristezas hasta hoy. Y permíteme pedirte perdón, porque hasta ahora me atreví a llamarte no sólo para contarte la historia que escribirás sobre La Noche, sino para decirte también que soy tu padre.










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