Ucrania en tres niveles

En medios sociales abundan opiniones de lo que sucede en Ucrania; van desde aquellas que afirman que nos encontramos ante una “tercera guerra mundial”, hasta las que señalan que se trata de un conflicto más producto de “constreñimientos de la estructura capitalista”.

Y si bien es cierto que el capitalismo es estructuralmente violento una conclusión de este tipo zanja en el reduccionismo, adolece de profundidad y niega la posibilidad de ampliar en el contexto de los acontecimientos.

En contraposición, Kegley y Wittkopf señalan que para el estudio de lo internacional la diferenciación de niveles de análisis es importante porque enfatiza que las transformaciones no pueden atribuirse a una única fuente sino que debe considerarse la influencia de muchas causas.

Los autores afirman que “el sentido común sugiere que existen interrelaciones entre todos los niveles y que las tendencias y transformaciones en la política mundial están vinculadas simultáneamente a las fuerzas que operan en cada nivel.”

Pero ¿desde que modelo podemos estudiar una coyuntura como la que hoy nos ocupa?

Sigamos por un momento el modelo de tres niveles propuesto por Kenneth Waltz. Si bien se trata de un modelo vinculado al paradigma neorrealista y que ha recibido diversas críticas, es posible que nos ayude a arrojar luz sobre el “minuto a minuto” de la situación en Ucrania sin dejar de advertir que la prospectiva de posibles desenlaces en este momento es muy arriesgada.

Saltando estas advertencias expliquemos brevemente el modelo.

Waltz (1959) propuso que las causas de cualquier conflicto en el ámbito internacional se podían entender a partir de las interacciones de tres niveles: a) el sistémico, b) el doméstico (o estatal) y el c) el individual.

El sistémico, como su nombre indica, explica las acciones de un Estado a partir de sus interacciones con otros en un sistema internacional; el doméstico presenta explicaciones a partir de la estructura interna de los estados y de los diferentes actores subnacionales.

Mientras que, el nivel individual analiza las características personales, estilos de liderazgo e incluso aspectos psicológicos de los principales tomadores de decisiones (léase jefes de estado y uno que otro ministro de relaciones exteriores, en tanto sea relevante).

Hagamos entonces un intento por explicar la situación a partir del modelo de tres niveles propuesto por Kenneth Waltz.

a) Nivel Sistémico: entre la seguridad y la geopolítica

La Guerra Fría (1947- 1989-91) fue una época donde el sistema internacional se enmarcaba en la bipolaridad de bloques y proyectos económicos y sociales contrapuestos: el capitalismo y el comunismo.

En ese momento Ucrania formaba parte de la URSS y estaba inmersa en el Pacto de Varsovia, alianza que nació con el objetivo expreso de contrarrestar la amenaza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Al paso del tiempo, el Pacto de Varsovia se disolvería y la OTAN permanecería como el sistema de defensa colectiva de los aliados europeos de Estados Unidos.

Con esta carga simbólica a cuestas, en 2008, la OTAN anunció su intención de integrar a Ucrania y Georgia, lo que alarmó a Rusia, quien desde entonces ha reiterado su demanda de excluir cualquier intento de expansión de la OTAN hacia el este (ex territorios soviéticos).

Pero esto se agravó a partir de 2020, cuando Ucrania obtuvo el estatus de «socio con oportunidades mejoradas» en la OTAN, lo que significa que es posible acceder a la membresía total, aunque no existe un plan de acción para hacerlo posible en el corto o mediano plazo.

A mediados de diciembre de 2021, Rusia anunció dos propuestas de tratado con Estados Unidos y la OTAN con términos muy estrictos. Moscú pidió a la OTAN dar marcha atrás a sus pretensiones de expansión tanto en Ucrania como en Georgia. También requirió la retirada de las tropas o armas desplegadas en los países que se unieron a la OTAN después de 1997, es decir, Polonia, Estonia, Lituania, Letonia y los países balcánicos.

Además, se les pidió que dejen de realizar ejercicios militares sin el consentimiento ruso previo, tanto en Ucrania y Georgia como en Europa del Este, el Cáucaso y Asia Central.

En el fondo, Rusia desea volver a una antigua concepción de seguridad basada en el reconocimiento por parte de Occidente de un cinturón de seguridad a partir de una franja del territorio europeo, justo alineado en Ucrania, entendiendo que esta franja es indispensable para la sobrevivencia de Rusia.

En este mismo orden de ideas, académicos rusos como F. A. Kazin han señalado que “la ampliación de la OTAN desde los años noventa, se ha llevado a cabo prácticamente ignorando el interés ruso y se ha reflejado negativamente en la situación de Rusia en Europa y a nivel global”.

Lo anterior nos hace comprender que Ucrania es central para la permanencia del estado ruso, pero otro aspecto por demás relevante es la geopolítica de los recursos.

Ucrania no sólo es el punto de tránsito del gas natural ruso hacia Europa, sino también el punto de conexión de la infraestructura rusa entre Occidente y Oriente, en términos de oleoductos, carreteras, ferrocarriles y carreteras.

Para Estados Unidos, Ucrania también es un pivote  geopolítico,  indispensable para  el  incremento  de  poder  e  influencia,  así  para el  caso  de  Rusia,  Estados Unidos tiene intereses análogos: Ucrania es pieza clave para contener  el  ascenso  de  Rusia  y China como  potencia.  

No es raro entonces que China y Rusia publicaran una declaración conjunta criticando la influencia estadounidense y el papel de las alianzas militares occidentales, la OTAN y AUKUS, en Europa y Asia denunciando “la influencia negativa de Estados Unidos para la paz y la estabilidad de la región”.

El concepto que emerge de esta alianza es el de “indivisibilidad de la seguridad” donde Rusia y China argumentan que la seguridad de unos no puede lograrse a costa de otros y que la propia expansión de la OTAN responde a una lógica de la Guerra Fría.

Preocupaciones que parecen lógicas a la luz de la creación en 2021 de la alianza miliar de Estados Unidos con Reino Unido y Australia (AUKUS) destinada casi en su totalidad a la fabricación de submarinos nucleares.

b) Nivel doméstico: entre el nacionalismo y el separatismo

Ucrania es, por su superficie (603, 500 km ²), el segundo país más grande de Europa después de Rusia y por delante de Francia y de España.

Desde siempre se ha discutido que la Rus de Kíev, la actual capital de Ucrania, puede considerarse el origen de la propia Rusia.

Las estadísticas oficiales señalan que un 78 por ciento de los habitantes de Ucrania se autodefinen como ucranianos y un 17 por ciento se consideran rusos. A estos dos grupos étnicos se agregan minorías bielorrusas, moldavas, tártaras, búlgaras, húngaras, rumanas, polacas y judías.

Lo cierto es que, las tendencias nacionalistas o de reafirmación de la identidad propia y las separatistas o de apego al origen ruso han estado presentes en la vida política de Ucrania desde siempre.

El nacionalismo ucraniano contemporáneo se configura sobre las regiones situadas el oeste del país, mientras que el separatismo pro ruso se ubica al este, sobre todo en la región de Donbass.

Otro aspecto relevante es que Ucrania, desde que obtuvo su independencia de la Unión Soviética en 1991, ha vivido constantemente en crisis. En las últimas dos décadas tenemos como ejemplos la severa recesión económica en 2000 y numerosas revueltas entre 2004 y 2013.

Durante estos años también creció la simpatía por Europa, evidenciada por las protestas de 2013 que terminaron con el derrocamiento del gobierno pro-ruso de Viktor Yanukovych, quien se negó a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea.

Ese mismo año, Rusia intervino en Crimea y la anexó. Además, promovió el separatismo en la región de Donbass. Se estima que el potencial conflicto en esta zona ha causado la muerte de unas 14, 000 personas. Como se ha mencionado, Rusia ha dicho repetidamente que Ucrania no es su «zona de influencia», sino su área de seguridad inmediata.

Es necesario señalar que los nombres de República Popular de Donetsk, y la República Popular de Lugansk han sido utilizados desde el 2014, desde la firma de los Acuerdos de Paz de Minsk por parte de Ucrania y Rusia.

En ese momento, Rusia se comprometió a respetar la integridad territorial de Ucrania a cambio de que esta aceptara la autonomía de Donetsk y Lugansk. En la reciente escalada de tensión Ucrania y Rusia se acusan mutuamente de incumplir con los Acuerdos de Paz de Minsk.

Cuestión que dio un giro el 21 de febrero pasado cuando se informó la decisión rusa de «reconocer de inmediato la independencia y la soberanía» de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, firmando pactos de amistad, cooperación y asistencia mutua que fueron ratificados de inmediato, tanto por Donetsk y Lugansk, así como por la Duma Estatal de Federación Rusa.

Esto marcaría el inicio de la operación abierta de Rusia en el territorio ucraniano.

c) Nivel individual: las decisiones (y discursos) de Biden, Putin, Zelenskyy y otros

Desde su regreso a la presidencia en 2012, Vladimir Putin se aleja de occidente fundamentando sus decisiones en un nacionalismo que hace eco de los grandes momentos de Rusia: desde el imperio hasta la URSS.

Frente a la anexión de Crimea en 2014, antecedente directo de lo que ocurre ahora, no cedió ante la diplomacia coercitiva, ni a las sanciones económicas, ni a las presiones militares…rasgos de liderazgo que muy probablemente se repitan en la presente escalada de tensiones.

Aquí es necesario recordar que el liderazgo de Putin en Siria incrementó el poder de su nación marcando el regreso al tablero geopolítico de Rusia; es calculador, contundente y determinado.

Ante estos rasgos, lo que leemos de Putin en este momento son todo tipo de argumentos para justificar sus acciones, algunos lógicos como los ya comentados respecto a seguridad o la necesidad de frenar la aspiración de Ucrania de unirse a la OTAN, hasta algunos netamente discursivos como la existencia de un supuesto «genocidio» o de «neonazis» en Ucrania.

Por su parte, Biden carga a cuestas el peso de un Estados Unidos en declive y deslegitimizado.

Desde enero conocía que Rusia avanzaría sobre Ucrania pero calificó esto como “una incursión menor”. Hay analistas que afirman que la ligereza de sus declaraciones iniciales fueron las causantes indirectas de que Putin se animara a dar los siguientes pasos respecto a Ucrania.

Hoy parece subir el tono en el aspecto de las sanciones económicas pero ha señalado que la OTAN no intervendrá en Ucrania a menos que Rusia decida atacarles.

Zelenskyy, antes de ser presidente de Ucrania era actor de televisión.

Participó en la serie «Servidor del pueblo», Zelenskyy interpretó a un profesor de historia que se convirtió en presidente después de hacer un video viral contra la corrupción.

En abril de 2019 la ficción se hizo realidad. Desde entonces, el presidente de Ucrania no se ha mantenido al margen del escándalo.

Trump le pidió, por ejemplo, que investigara las acusaciones de corrupción de Biden a cambio de ayuda militar y en octubre de 2021 fue mencionado en los Pandora Papers, develándose una riqueza oculta que le resto popularidad entre sus connacionales.

Ahora Zelenskyy se encuentra entre un Putin belicoso y un Biden que parece haberlo dejado solo…

Habrá que dar cuenta también de los perfiles de liderazgo y principales decisiones de otros tomadores de decisiones. Para efectos de Ucrania, tendremos que revisar los posicionamientos de los principales líderes de la Unión Europea, de Asia y de Latinoamérica.

Comentario final

Hemos dado cuenta de aspectos relevantes para comprender la situación en Ucrania, aunque este análisis no es completamente exhaustivo.

Sin duda, la aplicación de modelos de análisis como el de los tres niveles puede arrojar luz en el desarrollo de hechos que por la inmediatez de los medios digitales y la tendencia al reduccionismo de los medios de comunicación muchas veces no son abordados con la densidad necesaria.

Finalmente, es necesario advertir que, si bien el presente análisis se basa en el ser de la situación, el deber ser implica recordar que toda nación debe vivir en paz y que los conflictos bélicos deben ser superados a partir de espacios de diálogo, de gobernanza global y de diplomacia pública. Hagamos votos para que esto ocurra.

Alonso Ronald Ortiz García
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).