Un lugar llamado Bechuanalandia

Confieso que nunca había escuchado ese nombre, por ello pensé que se trataba de una película infantil a la que le habían asignado un peculiar título. Grande sería mi sorpresa al investigar y descubrir que se trataba del nombre del país que hoy conocemos como Republica de Botswana, nombrado así durante el tiempo que fue gobernado por los ingleses. Este país africano se encuentra al sur del continente, no tiene salida al mar y es vecino de Sudáfrica, Namibia, Zimbabue y en un pequeño punto al norte, con Zambia. El 70 % de su superficie está cubierta por el desierto de Kalahari, pero gracias al rio Okavango alberga una gran cantidad de animales, entre ellos jirafas, guepardos, hienas y principalmente elefantes de los que hay más, que en cualquier otro lugar del mundo.

Bechuanalandia fue un protectorado del Reino Unido hasta 1966 que logró suspender ese mandato y establecer un gobierno autónomo, considerándose para esos años, como uno de los países más pobres de África. La prensa, a raíz de ese evento, describió al país como un “gran terreno sin caminos”, por lo que había poco que celebrar y escazas esperanzas de estabilidad económica. Sin embargo, a diferencia del caos que prevalece en varios países africanos, hoy se le sitúa como una de las economías con más rápido crecimiento en el mundo y un PIB per cápita de los más altos de África.

Antes de su contacto con los blancos europeos, los batswana, principal grupo étnico del país, vivían como pastores y granjeros bajo dominio tribal. En el siglo XIX tuvieron enfrentamientos tanto con los colonos Boers (también llamados afrikáners), granjeros de origen holandés que se establecieron en Sudáfrica, como con los zulúes, por lo que acostumbrados a ser gobernados por consenso, los tres principales jefes tribales viajaron a Inglaterra y pidieron ayuda al gobierno británico, quien estableció el protectorado de Bechunalandia y así lograron que no se les incluyera dentro del plan de Unión de Sudáfrica, a pesar de la firme intención de ese gobierno de anexionarlos, aunque si perdieron parte de su territorio sureño.

Muchos de los logros obtenidos a partir de su independencia son atribuidos a quién llegaría a ser su primer presidente y legítimo heredero de su tribu los Bamangwato, conocido como el príncipe Seretse Khama. Al quedar huérfano de padre estando muy pequeño, había sido educado por su tío Tshekedi Khama, quien lo preparó para ser el próximo rey o Kgosi de su tribu. Lo envió a estudiar derecho en la Universidad de Oxford pretendiendo que al concluir regresaría a su tierra para casarse y asumir su destino.

No contaba Tshekedi con que sus planes no se realizarían como el pretendía, ya que Seretse se enamoró de Ruth Williams una inglesa de piel muy blanca con la que compartía muchas afinidades, como el gusto por la música de jazz. Ruth era de familia clase mediera que había ayudado durante la segunda guerra mundial como conductora de ambulancias en los aeródromos en el sur de Inglaterra y al concluir la conflagración trabajó en una compañía de seguros. Su hermana Muriel colaboraba en la Sociedad Misionera de Londres donde hizo amistad con Seretse y se lo presentó a Ruth. Ambos quedaron prendados el uno del otro.

Él quería regresar a su tierra y consolidar todas las ideas que tenía para sacar de la pobreza a su patria, pero no quería abandonar a Ruth, así que le pidió que se casaran a lo que accedió ella a pesar del disgusto de su padre. Solicitaron el matrimonio religioso ante las autoridades anglicanas, sin embargo, al enterarse el tío Tshekedi quien fungía como regente, envió una carta solicitando le sea negado, lo cual consiguió, además de amenazarlo con perder su reino si no obedecía.

También las autoridades sudafricanas hicieron todo por evitar su unión, ya que les parecía escandaloso el matrimonio de un negro con una blanca por representar un mal ejemplo del país vecino, sobre todo en esos momentos de la década de 1940 que acababan de instituir el apartheid o segregación de razas y dentro de las prohibiciones estaban las uniones interraciales. El primer ministro Daniel Malan, describió el enlace como “nauseabundo”.

La pareja no estaba dispuesta a separarse por lo que optaron por casarse por lo civil, era el año de 1948 y el primer ministro inglés Winston Churchill, a pesar de declarar que “eran una pareja muy valiente”, desaprobó su unión. Seretse y Ruth viajaron después de su boda a Bechuanalandia y recibieron inicialmente el rechazo de su familia y tribu, pero pronto los dos consiguen ser aceptados y respetados. Las autoridades inglesas, temerosos de la cada día mayor influencia de la pareja en el pueblo batswana, con engaños lo citan para una plática en Londres, asegurándole que sería cosa de días, sin embargo, sólo le mandaron el pasaje del vuelo de ida para él solo, sin Ruth, dejándola en el país africano embarazada de su primera hija.

Para evitar que regresara a su tierra las autoridades inglesas falsearon los resultados de un comité de investigación sobre la preparación de Seretse para asumir el Kgosi de Bechuanalandia, la cual no había arrojado nada negativo sobre él con excepción de su “desafortunado matrimonio” y en 1951 lo exilian de su tierra, impidiéndole por casi seis años regresar a su patria. Ruth da a luz sola sin Seretse en África y después de muchas solicitudes logra reunirse la familia en Londres. En 1956 Seretse cede ante las presiones, renuncia a sus derechos tribales y solicita autorización para regresar a su patria como simple ciudadano. La historia de su amor conmocionó al mundo y fue difundida como la de: “el príncipe africano que renunció a su trono por una mujer blanca”.

La sentencia de exilio fue duramente criticada por varios grupos de activistas británicos que la calificaron de racista, así como por la mayoría de las tribus de su tierra quienes condenaron tan estricta medida, tanto que cuando la Alta Comisión Británica les ordenó remplazarlo, los Bamanguato se negaron a hacerlo.

Al aceptarse su renuncia, Seretse y Ruth logran regresar a Bechuanalandia, donde se ocupa en un principio en la ganadería, pero al mismo tiempo va adquiriendo autoridad entre las diferentes tribus quienes lo respetaban y consultaban. Funda en 1961 el partido democrático de Botswana (BDP) y comienza su lucha por alcanzar la independencia de su país.

En una ocasión le informan que los ingleses estaban haciendo estudios sobre los minerales de la tierra de Bechuanalandia y Seretse siendo abogado, analiza los acuerdos del protectorado, descubriendo que los tres Kgosis que lo formalizaron, entre ellos su abuelo el rey Khama III, cuidaron mucho no comprometer el subsuelo de su tierra por lo que pide a su tío Tshekedi se unieran de nuevo para defender lo que sería básico para el desarrollo del país. En 1966 consiguen la Independencia de Inglaterra y Seretse gana las elecciones convirtiéndose en el primer presidente de la Republica de Botswana.

Al año siguiente, se descubre un gran yacimiento de diamantes en Orapa y Seretse transforma los ingresos recibidos por estos en salud, educación e infraestructura y, sobre todo, en combatir la corrupción, llevando a Botswana a un crecimiento ejemplar en el continente africano, sin disturbios ni guerras.

Seretse se mantuvo en la presidencia hasta su muerte por cáncer de páncreas en 1980, fue enterrado en una colina en las tierras familiares. Ruth fue su compañera inseparable y continúo viviendo en Botswana después de muerto Seretse. Tuvieron cuatro hijos y en 2008 su segundo hijo Ian Khama fue elegido como el cuarto presidente de la Republica de Botswana.

Lo más importante es que su matrimonio “diverso” e interracial, abrió camino y fue un ejemplo para el mundo, aun cuando su vecino sudafricano tardó un poco más en entender y respetar lo valioso que resulta la unión de todos los seres humanos y lo trascendental que es aceptar las semejanzas y diferencias entre todos.

Laura Elena Rosado Rosado
Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.