Solemos decir: no tuvo madre, al expresar admiración hacia la genialidad de algún personaje con virtudes sobresalientes. Joannes Chisostomos Wolfgang Gotlieb (Gotlieb es sinónimo de Amadeus —el que ama a Dios—) Mozart Pertl, sí tuvo, y se llamaba Anna María Pertl.
Leopold Mozart, el padre de Amadeus, solía decir con eterno sarcasmo, que su mujer pertenecía a La Orden de Los Calzones Remendados, por no haber podido aportar dote al matrimonio. Anna María había quedado huérfana de padre a los cuatro años. Llegó a Salzburgo en 1724, donde pasó toda su niñez y parte de su adolescencia, hasta que casó con Leopold. A pesar de haber recibido una educación dirigida a proporcionar la paz y la felicidad al hogar con abnegación y diligencia, su fino instinto presentía la personalidad genial de su hijo.
Tanto fue así que en múltiples ocasiones se desprendió del hogar, su máxima responsabilidad, para acompañar a sus hijos Wolfgarnel y Nannerl, padeciendo extenuantes viajes y el aburrimiento de las antesalas.
Fue precisamente en un viaje que hizo a París con Amadeus, que enfermó y murió. Amadeus tardó una semana entera en comunicar la noticia a su padre y a su hermana. Podría haber sido por miedo o porque no podía aceptar su orfandad.
Nannerl ó María Anna Walburga Ignatia, hermana cuatro años mayor que Amadeus, la otra sobreviviente de los siete embarazos que tuvo Anna María Pertl, también fue niña genio. Era una excelente clavecinista y compositora. Acompañó a Amadeus en sus giras infantiles y de la adolescencia, pero al paso del tiempo, se casó con un funcionario que le llevaba quince años y con quien no fue demasiado feliz. Parió tres hijos, pero sólo sobrevivió el primogénito, a quien bautizó con el nombre de Leopold, en honor al abuelo. En 1801, Nannerl enviudó y se mantuvo dando clases de piano. Veinte años después perdió la vista. Vivió nueve años más, sólo confortada por el reconocimiento mundial al genio mozartiano. O sea que Wolfgang, también tuvo hermana.
En octubre de 1777, cuando Amadeus tenia veintiún años, de paso por Augsburgo, éste recuperó la relación con su prima Maria Anna Tekla Mozart, por quién se sintió atraído al instante. Ella le correspondió. Pronto se hicieron amantes y se escribían toda clase de cartas escatológicas, que para los enamorados resultaban del todo eróticas. Bäsel (primita—como la apodaba Amadeus—) era animosa, inteligente, llena de humor mundano y receptiva a las jocosas obscenidades del genio. Aparentemente, ella lo inició en los placeres sexuales.
Por lo menos durante algún tiempo, Bäsel, se volvió la mujer que encarnara todos sus afectos. Y además era su prima, o sea que,pues se le arrimó…
No se sabe a cuántos desdenes amorosos se hizo acreedor el genio de Salzburgo, el que fue más sonado se lo propinó, una belleza de dieciséis años, fría y ambiciosa llamada Aloysia Weber, hermana de otras tres muchachas en edad casadera, e hijas todas de un músico en desgracia de la ciudad de Mannheim, situación que produjo en Wolfgang fantasías de rescate, en las que imaginaba que tenía el poder de cambiar las vidas ajenas.
Aunque Mozart no reveló su plan de casarse con Aloysia, dejó entrever—en la constante correspondencia con Leopold, su padre—, el deseo de quedarse a vivir un tiempo en Mannheim. Leopold respondió intentando chantajearlo con una sentencia eclesiástica: “Debes pensar en el bienestar de tus padres con toda el alma, de lo contrario, el diablo se la llevará…” Mientras que a Wolfgang lo retenía el virtuosismo de la orquesta de Mannheim, y por supuesto, la esperanza de conquistar a Aloysia. Ganó Leopold y obligó a su hijo a regresar a París y seguir dando recitales que el padre cobraba.
Durante ese tiempo, Amadeus siguió escribiendo abundantes mensajes para Aloysia, pero ella ya no estaba interesada en el compositor, puesto que la maravillosa voz de joven le había asegurado un puesto en la Ópera de Munich. Entonces él se consoló con Constanze Weber, la hermana de Aloysia. Se casaron en Viena sin el consentimiento de Leopold. Para celebrar la unión y tranquilizar a su padre, Amadeus compuso la Misa en do menor, misma que pensaba estrenar en Salzburgo con Constanze como soprano solista. Cosa que no alegró ni a Leopold ni a Nanerle. Para colmo de males, el primer hijo de la pareja, murió al mes de nacido. Sobrevivieron sólo dos, de los seis hijos que Constanze trajo al mundo mientras estuvo casada con Mozart, ambos varones.
Constanze era una mujer excesivamente preocupada por la economía doméstica y las ganancias de su marido. Mientras Mozart escribía las últimas notas del Requiem, su esposa reposaba en una villa de aguas termales. No obstante, entre ellos siempre existió una extraña camaradería. No sabemos cuántos amoríos más tuvo el genio musical, éstos son los que han trascendido el tiempo, pero la gran pasión de Wolfgang Amadeus Mozart siempre fue la música, y ella jamás lo traicionó.










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