La tecnología como fuente de enseñanza

La lectura estimula, enciende, aviva. Es como soplo de aire fresco sobre la hoguera resguardada, que se lleva las cenizas y deja al aire el fuego

José Martí

Fue un acalorado intercambio entre adolescentes lo que destapo mis alarmas. Curiosamente la que aparentaba menos edad defendía con vehemencia un ejemplar de Rayuela, de Julio Cortázar, que sostenía en sus manos utilizando su índice como marcador. Otro esgrimía en alto su móvil y a toda voz reiteraba que “leía en internet mientras realizaba otras tareas”. El último, mucho más preocupado por tener una apariencia más llamativa que sus compañeros, dijo: “ni doctor ni ingeniero: yo seré influencer”.

Cada día son más las personas que viven con sus cabezas sumergidas en las pantallas digitales de un ordenador, teléfono o tablet.

Digitalización es sello de modernidad y, a estas alturas, resulta imposible imaginar nuestras vidas sin la omnipresencia de tales aparatos.

Libros, periódicos y revistas van quedando como objetos de museos. Muchos jóvenes, aunque saben que existe ese patrimonio de la historia universal, no imaginan que hay vida fuera de la famosa nube, en la que es tan fácil encontrarlo todo.

Las actuales generaciones alimentan su intelecto, fundamentalmente, en el mundo de las redes. Una esfera en la que todo está masticado, diseccionado y listo para ser consumido. Cada día son menos necesarias la profundización en los contenidos, la concentración y la paciencia. La mayor parte de la audiencia digital vive en la superficie, fascinada con contenidos inmediatos, aparentemente fáciles de descartar.

Leer, lo que se llama en verdad leer y que constituye un acto de inmersión intelectual, de captación de conocimiento y concentración, muy pocos lo hacen. Estudios de neurocientíficos en diferentes países, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos, revelan que el cerebro humano no reacciona de la misma manera a los estímulos de la lectura digital que a los de la tradicional, o sea, el texto impreso.

Este último, según refieren, se debe a las características de su manejo físico, lo que implica una interacción real, palpable.

Quienes viven dentro de burbujas digitales son más propensos al aislamiento de ambientes sociales, a las fobias y a la inacción.

Una forma de revertir estas tendencias es proponernos utilizar la tecnología como fuente de enseñanza en las instituciones de educación.

El desafío viene acompañado de la necesidad de desarrollar nuevas habilidades en los educadores para convertir los espacios digitales en aliados. Es proporcionar contenidos y propiciar en la profundización y la expansión de conocimientos, de experiencias. Utilizar los beneficios de la inmediatez de internet para llevar nuestros saberes cada vez más lejos.

Transformar las nuevas tecnologías en instrumentos de enseñanza es prioridad. Hay que entender que el acceso a internet trajo consigo una nueva forma de lectura que incluso permite la interacción en grupos.

Los textos impresos, por otra parte, no siempre fueron accesible a los grandes públicos. Inicialmente estaban restringidos solo al ámbito religioso. Mucho más tarde se expandió a ciertas capas de la sociedad, específicamente a las más poderosas, y durante mucho tiempo restringido al sexo masculino.

Fue con el alemán Johannes Gutenberg y la invención de la imprenta que comenzó la paulatina y lenta democratización del libro, hasta llegar a la tecnología actual, que facilita acceso inmediato a una inagotable cantidad de contenidos.

La fuerza de atracción de lo digitalizado te hace detener ante cualquier pantalla. A diferencia de otras etapas del desarrollo del libro, internet significó un cambio en la forma de leer y una transformación bastante radical de los formatos del manual impreso.

El rol de quienes transmiten conocimientos es servir de canal, de vínculo para aprovechar al máximo los recursos que nos brindan las nuevas tecnologías y utilizarlas para fomentar buenos hábitos de aprendizaje, investigación, análisis y sano disfrute de la realidad.

Oponerse a la banalidad, la desinformación la desorientación profesional con todos los recursos a nuestro alcance, es crear mejores seres humanos. Fomentar la lectura es una de esas vías.

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Graduado de Periodismo en 1988 por la Universidad de La Habana. Trabajó como reportero en la emisora radial Victoria de Girón, en la occidental provincia cubana de Matanzas y en la COCO, de la capital del país, donde recibió diversos reconocimientos por su destacada labor como reportero en esa planta Seguidamente, laboró durante varios años en la revista de los universitarios cubanos Alma Mater, donde abordó sensibles temas de la vida de las casas de altos estudios en Cuba. Igualmente laboró en el Centro de Información para la Salud del Ministerio de Salud Pública cubano, en el cual encabezó varias campañas de comunicación de bien público destinadas a crear conciencia en la sociedad sobre cómo desarrollar una vida saludable. Fue coautor del proyecto Para la vida, de la UNICEF, por el cual recibió diplomas de reconocimiento de esa organización de las Naciones Unidas, debido a sus aportes en la estrategia de publicidad y comunicación de la campaña, dirigida a sensibilizar a la sociedad en el cuidado de niñas, niños, adolescentes y adultos. Trabajó como editor web en la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina. Actualmente labor como Gestor en la embajada de Trinidad y Tobago en Cuba.