El otoño ha llegado con el silbido sigiloso del carcinoma,
tentáculos repulsivos hurgan su cuerpo, manoseando
cada tejido de su pleura que se defiende suavemente
su aliado son los glóbulos blancos regimiento bélico
los mosqueteros dan batalla incasablemente
los granulocitos, los monocitos, los linfocitos
dejan escurrir sudor y combaten sin cansancio.
Llega el amanecer color de siembra, abre sus párpados
eleva el tórax, su esqueleto, su epidermis sudorosa
un guerrero emerge con su azadón, su pala, su tijera
protege sus falanges con guantes de Fe
la contienda es innegable, el triunfo es vivir o morir.
La embestida inicia cuerpo a cuerpo, el invasor es imbatible
el terreno es fértil para una nueva siembra, él lo sabe
la primera caída causa hemorragia, inflamación, moretón
sus párpados se cierran, pero su sudor le queman las córneas
a lo lejos el estetoscopio deja escuchar acordes de Schubert
deja su lecho, corre sangre en sus arterias brioso corcel
levanta el bisturí asesta la última estocada
elimina las púas de cada tentáculo ponzoñoso.
El quirófano es su escenario, la lucha continua
llegan nubes doradas amazonas al alba
olor de lirio en primavera, las azucenas agitan sus pestañas
lo miran embelesadas, cantos de jilgueros las acompañan,
su mirada se torna cálida, su curación es vanidosa.
Sigilosa llamo a su puerta susurrando y le digo:
déjame acercarme y besar tu oído con mi aliento
sigilosa tocaré la punta de tus pies con mi saliva
recorreré la sangre que te vive y te reclama
para despertarte poco a poco sin sobresalto
shh, shh, shh
no despiertes sigue soñando, sigue con tu cruzada.










Responder