«Un diálogo muy interesante» de Silvio José Blanco

Duermo un sueño merecido, el día ha sido inquietante, laborioso, en fin… pero mi sueño no es profundo, a sobresaltos se interrumpe, y pienso que es por mis preocupaciones múltiples, sean porque las tinieblas de esta vida me agobian, sean porque soy un soñador, o porque no concibo que se ignoren tantas amarguras y egoísmos en este mundo. Así pensando, y en medio de una pausa del sueño veo algo que, de momento, ¡me parece insólito! Por mi ventana, y a la luz de una luna resplandeciente, distingo un pájaro gigante, increíble; ¿será cierto?, me pregunto, pero no tengo respuesta.

Él se acerca pausadamente al bajar de mi ventana, y me percato de tres cosas extrañas: de las dos alas, una es negra como azabache y la otra de un color blanco brillante, rematando su figura insólita con un gran pico dorado; extrañamente, no siento temor, más bien sorpresa y curiosidad. Me atrevo a preguntarle ¡que tonto!, cómo me va a responder si es un ave, pero insisto y escucho una voz tenue, cariñosa y persuasiva. Vengo de un largo peregrinar por este mundo, me dice, haciendo que los humanos reflexionen para que todos se comporten como hermanos, y ahora llego a ti, es tu turno.

Mis alas son dos niños. Uno es pobre, muy pobre, vaga por los caminos de piedras y charcos putrefactos suplicando un pedazo de pan; tiene dos hermanos mayores que son niños también, pero ya trabajan; no creas, me dice, que como Dios manda, no, solo laboran buscando ansiosos en los desperdicios de la gran ciudad para descubrir algún objeto de cierto valor que luego puedan vender; dicen que un día tendrán suerte y podrán comprarle la medicina a su mamá. Del padre te cuento que fue el puntal de la casa, porque al menos, trabajaba de jornalero por un salario irrisorio que alcanzaba para un poco de comida; pero un día –muy triste- se quitó la vida. El dueño ya no lo necesitaba. Noto que aquel pájaro me habla con voz entrecortada, lo noto apesadumbrado e infiero, naturalmente, que el motivo es la amargura que siente. Me suplica que lo crea, porque es real su patética narración. ¿Por qué me cuentas esto?, le pregunto; lo sabrás más adelante. Por el momento sí puedo decirte que esta pobre criatura está representada por mi ala negra, la que no conoce de resplandores ni de horizontes promisorios.

El otro niño es rico, muy rico. Su papá es un acaudalado político. Cuando aquel infante nació, hubo una fiesta muy grande, llegaron otros políticos con sus respectivas esposas dedicadas a sus labores filantrópicas, “ayudando a los pobres”, porque de ese modo, dicen, llegarán al reino de los cielos. En sus cumpleaños, ya mayorcito, llovían los regalos lujosos, porque es una costumbre de la alta sociedad, emular para que se conozca cuál fue el mejor presente. El niño jugaba con juguetes de maravilla, vestido con ropita de la mejor marca. En el remanso hogareño se hacen planes para cuando vaya a la mejor escuela de la ciudad. A la hora de la cena, harto de golosinas, dice no tener hambre, por lo que la mamá le ofrece otros platillos muy apetitosos. Está contento, porque se avecina el día en que lo llevarán a Europa para que conozca lugares maravillosos. ¿Ya lo sabes verdad?, me pregunta, sí, efectivamente es el niño rico, tu ala blanca, le respondo.

Gran pájaro, ahora me doy cuenta; quieres sembrar la idea del bien, el rechazo a la maldad, la inconformidad porque hallan niños pobres y niños ricos. Porque el éxito no estará nunca en que los primeros quieran ser los segundos y, tampoco en que éstos sean los primeros; de lo que se trata es que todos podamos vivir con plena dignidad humana, gozando del bienestar que nos brinda el trabajo creador, sin explotar a nadie, sin que existan niños que tengan que vagar buscando un mendrugo de pan, mientras que otros incurren en insultantes derroches. Pájaro, no creas, por favor, que soy excesivamente romántico o idealista. Es que estoy seguro que las grandes obras siempre, primero, han sido soñadas. Desistir de los sueños es dar la espalda a lo más hermoso de la vida.

¡Me siento sorprendido! Aquel pájaro se inclina ante mí, y con brillo en sus ojazos me dice “gracias hermano, has comprendido”, y me da un beso en la frente con su pico dorado.

Es originario de la La Habana, Cuba, con 48 años de experiencia en los medios de comunicación, fundamentalmente en la radio. Periodista, escritor, analista de programación, asesor de primer nivel, director de programas, entre otros. Es colaborador habitual del Portal de la Radio Cubana, y antes del periódico Tribuna de La Habana. Ha recibido diversas distinciones, entre ellas, la Medalla “Félix Elmuza” de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba); Medalla “Raúl Gómez García” del Ministerio de Cultura de Cuba; Premio Ramal de Periodismo Radial por la Obra de la Vida en la Radio “Juan Emilio Friguls”; Reconocimiento al Mérito Periodístico por sus aportes al Periodismo radial y la Excelencia del Trabajo Realizado; Sellos conmemorativos de 60 Aniversario de la UPEC y 85 Aniversario de la Radio Cubana. Por otra parte, a solicitud del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), ejerció funciones de Jurado Nacional del Festival Nacional de la Radio, a cargo de las actividades de propaganda y programas informativos, durante ocho años consecutivos. De manera autodidacta y con el apoyo de prestigiosas figuras logrado un considerable conocimiento de la Comunicación Social. Igualmente, diseñó metodologías que han sido implantadas en el Sistema Nacional de la Radio cubana. Por otra parte, es autor de tres libros: “Los programas informativos en la Radio”; “La Radio, Arte, Técnica y Magia” y “Una Mirada a las Tinieblas”; este último aprobado y en proceso para su publicación. Además, ha impartido cursos y talleres a periodistas del Sistema Nacional de la Radio en Cuba.