«Estamos al final de algo. No sé exactamente qué es lo que está terminando, pero algo se está acabando. Y no lo vamos a entender del todo hasta dentro de un par de décadas. Pero se siente, se percibe claramente: como si el mundo —o al menos un tipo de mundo— estuviera dando sus últimos respiros”
Guillermo del Toro
Hace unos meses, ante la incredulidad de miles de personas e incluso demandas y acusaciones en su contra, Donald Trump regresó al poder del país que todavía se impone como una de las grandes potencias del mundo. No serían sorpresa las excentricidades ni siquiera de la dureza de sus políticas, sobre todo migratorias, ya que fueron una de las banderas tiene enarboló durante su campaña. El mundo sabía que podía ser peligroso, pero a estas alturas, pienso que nadie imagino hasta dónde.
La provocación internacional, que inició con el aumento desproporcionado de los aranceles, ha cobrado una nueva dimensión con la violencia que hemos visto en los últimos días contra los indocumentados: redadas anti migratorias; deportaciones masivas con migrantes encadenados trasladados en aviones militares; la militarización que ha convertido a Los Ángeles en una ciudad sitiada fuera de todas las garantías individuales, por encima de la constitución del país que se ha ostentado como el libertador del mundo y defensor de la democracia. Más aún, hemos sido testigos del gran desfile militar de Trump, símbolo de poderío que nos hace recordar los mejores tiempos de la monarquía y los inicios de la Alemania Nazi, que anunciaba el horror del holocausto.
No es nuevo, sabemos que Estados Unidos ha estado detrás de las guerras más mediáticas y también de los bloqueos económicos como el de Cuba y Venezuela; sin embargo, ahora en la figura de Trump y sus aliados, resulta ser más evidente; sobre todo, cuando sin descaro alguno hemos visto su relación con Netanyahu, responsable del genocidio en Gaza. Cuando sin reparo alguno, ética o moral, ante las cámaras, como aterrador espectáculo los vimos hacer planes sobre el territorio que aún ocupan miles de refugiados a quienes se les ha negado durante meses las condiciones mínimas para sobrevivir.
Lo que se vive en Palestina es más preocupante cuando se ve en contexto con el conflicto de Rusia-Ucrania y los recientes hechos en California.
Las marchas y las protestas alrededor del mundo no son ocasionales ni aisladas; las personas están saliendo a la calle a hacer escuchar su voz sin miedo, a pesar de la represión: ¡Palestina libre! ¡No al bloqueo! ¡Not Day King! ¡Vivos se fueron, vivos los queremos!
Es mayor el miedo que siente el mundo de perder los derechos que con tanto esfuerzo se han logrado, por lo menos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Por eso, esta edición de Lectámbulos se titula: Derechos y manifestaciones, porque las manifestaciones, no vienen solas. Son un síntoma de que algo no está bien, o es este caso, de que algo está por terminar, por lo general es el estado de derecho. No olvidemos las palabras de Margaret Atwood: “Nada cambia instantáneamente: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido antes de darse cuenta”.










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