Hora de pequeñas muertes,
de fuego recién nacido,
de manantiales vertidos
sobre montañas inertes.
Hora del pudor vencido,
de los labios que atraviesan
el filo de la tibieza
y la piel del enemigo.
Hora de todas las horas,
el vaivén agonizante
de la sombra que devora;
Madreselva que incesante,
acaricia trepadora
el letargo de un amante.










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