Queridos lectámbulos:
Definitivamente, el Covid-19 trajo consigo muchos aprendizajes para todos, de los cuales apenas empezamos a estar conscientes. Es por eso que esta edición de nuestra revista la titulamos “Educación y Pandemia”, tema que ha cobrado fundamental importancia en la transición a la nueva normalidad.
Si repasamos los meses anteriores, desde que comenzó la pandemia, los aprendizajes más importantes tuvieron impacto en nuestros hábitos de vida como en la higiene: el lavado de manos, el aislamiento social, el uso de cubrebocas, el desinfectar los objetos que vienen de exterior.
Asimismo, aprendimos a tener más conciencia respecto de nuestra alimentación, el ejercicio y a ser empáticos unos con otros. Es verdad, que también durante esta pandemia, como en todas las crisis de la historia, vimos el peor lado de la humanidad en escenas de alta violencia hacia elementos de la salud que poco podrían creerse, pero al mismo tiempo, algunos sectores de la sociedad aprendieron a organizarse para beneficiar a pequeños comerciantes y así reactivar su economía; los pequeños empresarios, por su parte, modificaron sus métodos de venta, entrega y productos. Aprendimos a innovar.
El arte y la industria cultural también tuvo grandes cambios que obligó a los artistas a adquirir nuevos aprendizajes y ofrecer nuevos servicios: a reinventarse. En estos meses hemos tenido una oferta de talleres, seminarios y cursos virtuales de pintura, cine, literatura, danza, yoga —y más—, cómo nunca antes.
Por supuesto, la educación formal sufrió un impacto inmediato. Los países desarrollados pusieron en marcha la tecnología y posteriormente, uno de los primeros debates que se pusieron en la mesa fue: ¿La pantalla vs salón de clases? Sin embrago, para los países en vías de desarrollo, la situación fue aún más compleja.
Durante los primeros meses de la pandemia, la Secretaría de Educación Pública de México generó una alianza con Google for Education y Youtube para una capacitación masiva de profesores a través de una serie de veinticinco webinars gratuitos para lo que llamaron en ese momento Estrategia de Educación a Distancia, que se impartiría a través de la plataforma Gsuite de Google, sin con contar que un gran número de profesores mexicanos no tenía ni tiene aún las herramientas digitales básicas —manejo de paquetería office, correo electrónico, etc.— ni los recursos tecnológicos para impartir clases en línea y la gran mayoría de los alumnos tampoco cuenta con una computadora ni internet (en algunas comunidades ni siquiera cuentan con luz eléctrica).
Nuevamente, la capacidad de adaptación y vocación de los maestros en diferentes países latinoamericanos donde se comparten estas realidades hizo que la educación se abriera paso a través de mensajes de texto, grupos de WhatsApp, videos grabados cada semana, incluso de profesores que visitaban a sus alumnos de casa en casa. Todo, mientras la pandemia del Covid-19 seguía cobrando empleos y vidas.
Las vacaciones de verano permitieron a algunos profesores mexicanos, sobre todo de escuelas privadas y universidades, prepararse para lo que se esperaba en el siguiente curso, aún con la incertidumbre de la información oficial.
Efectivamente, como al día de hoy, no regresamos a las aulas. Las escuelas siguen vacías. Se echó marcha atrás en los convenios con Google for Education y Youtube y ahora se firmó un nuevo convenio con las televisoras Televisa, TV Azteca, Grupo Imagen y Grupo Multimedios para transmitir horas de televisión y radio de acuerdo a los programas de estudio. Cabe decir que para estas alturas de la pandemia, la televisión de muchos hogares había sido empeñada.
En este momento, la educación en México y Latinoamérica se ha abierto paso con la creatividad de los maestros, sus propios recursos: su internet y sus equipos, pero sobre todo su vocación. Lamentablemente, cuando todo esto termine, la distancia social será todavía más grande, entre los alumnos de escuelas privadas, quienes pudieron desarrollar nuevas habilidades, seguir conviviendo con sus compañeros, acompañarse de sus padres y celebrar días espaciales; y los que durante todo un curso escolar —si bien les fue— pudieron ser receptores de información y mandaron sus tareas por WhatsApp.
Ante esta situación nos quedan muchas interrogantes para disertar:
¿Cómo está impactando a la educación especial esta pandemia? ¿Además de la situación académica, en qué estado emocional regresarán los niños y jóvenes a las aulas después de un año de aislamiento? ¿A caso no habría sido mejor hacer una pausa, y enfocar este año en otros aprendizajes más humanos, como el hogar, la convivencia, la solidaridad, la revaloración de nuestros adultos mayores, la identidad, la cocina, etc.? ¿Qué tanto impactará esta pandemia a la educación artística? ¿Será que cuando todo esto termine, de verdad la educación formal valore lo que el arte nos dio durante este confinamiento? ¿Habremos realmente aprendido la lección y esta pandemia nos haya hecho mejores seres humanos?
Verónica García Rodríguez. Noviembre, 2020.










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