Pornografía para mujeres

Escena de Porn is on/Fotografía de Roger Rossell

La pornografía se consume en un ámbito privado, forma parte de nuestra intimidad. Pero ¿Qué pasa si se pone en el contexto público? ¿Podemos hablar libremente del porno que consumimos?

Soy una mujer fundamentalmente heterosexual, subrayó la entrevistada. Pero casi siempre acabo viendo pornografía lésbica. Es una cuestión de cómo se muestra el placer femenino en esta  ficción. No es que me excite la fantasía de tener sexo con otra mujer. Pero, definitivamente, lo que no me excita es ver cómo un hombre tira del pelo a una mujer y la obliga a hacerle una felación. Que es básicamente lo que muestra el porno heterosexual mainstream.

Opiniones como la anterior se repitieron durante las entrevistas que realicé para documentar la obra teatral Porn is on dirigida por Marina Rodríguez en 2018. Entendemos como pornografía mainstream, el material pornográfico producido para el consumo de las masas. Aquel que sigue fórmulas que garanticen el consumo de mucha gente, frente a otras corrientes de producción pornográfica más alternativas (porno feminista, porno ético, postporno, etc.). Dichos vídeos se alojan en tubes que se encuentran fácilmente en Internet y (casi) siempre gratis.

La principal característica de la pornografía mainstream es el punto de vista desde el que se cuenta la ficción. Da igual el argumento —si es que lo hay— que envuelva el vídeo: el contenido sexual está cortado con la misma tijera. Y esto incluye dominación del hombre hacia una mujer que ansía ser poseída/usada por el macho alfa en cuestión y cuatro posturas sexuales básicas: doggy (perrito), cowgirl (mujer cabalga hombre), sexo oral y misionero. Poco más.

Marina y yo iniciamos la investigación para documentar nuestra pieza teatral. Buscábamos mezclar el teatro documental con el rodaje y la proyección en directo. Para ello visualizamos decenas de vídeos pornográficos con el fin de analizar la semiótica audiovisual. También leímos y discutimos sobre obras referentes a la pornografía. Por ejemplo, El postporno era eso, de María Llopis. La autora plantea de manera biográfica una serie de ítems a cuestionar en cuanto la representación del placer de la mujer en la pornografía.

En la búsqueda del material pornográfico que reflejara el placer femenino como hilo conductor, dimos también con Lust Films. Se trata de la casa productora de la cineasta sueca Erika Lust. Esta mujer, afincada en Barcelona, cuenta con un gran catálogo de películas pornográficas que ella denomina porno para mujeres.

En esta etapa de investigación, no sólo entrevistamos a consumidoras y consumidores de pornografía, sino a actrices y actores que están activos en la industria. Y todas las personas coincidieron en que la representación del placer femenino es prácticamente nula en los vídeos que se encuentran disponibles en Internet de forma gratuita. No obstante, existe una pornografía alternativa, inclusiva y feminista… y esa se paga.

Decidimos centrarnos en la pornografía que se encuentra de forma gratuita a golpe de click, sobre todo por una razón: es la que consume la mayoría. De esa inmediatez, de esa oferta abrumadora es de donde surge una de las líneas discursivas de nuestra obra teatral: quién produce el porno masivo y gratuito y con qué fin.

De los vídeos analizados fue fácil extraer el punto de vista de la ficción: la mujer siempre es el objeto de placer del hombre. Y aunque esto pueda funcionar a nivel de fantasía para algunas personas (mujeres incluidas), la alarma salta cuando se trata de los y las adolescentes que consumen este material.

El hecho de que el porno siga siendo tabú, obedece, entre otras cuestiones, a la pobre educación sexual que recibimos tanto en el hogar como en la escuela. Es un fenómeno condicionado por las generaciones. Resulta incómodo para la mayoría de madres y padres sacar a colación estos temas durante las comidas familiares. No obstante, las y los adolescentes –conectadas a Internet las 24 horas del día- tienen acceso a todo tipo de material pornográfico. Es una realidad en la que los adultos preferimos no pensar, pero es así.

Entonces, hablar de estos temas en una obra de teatro representaba un gran reto. Hubo que discernir entre fragmentos de textos publicados, entrevistas y relatos íntimos aportados de manera anónima a través de una convocatoria. ¿Desde dónde queríamos hablar sobre pornografía y con qué fin?

El reto fue construir una dramaturgia, donde la voz del personaje femenino (protagonista de la pieza) fuera quien expusiera los datos evitando discursos morales y el adoctrinamiento. No estábamos en escena para educar a nadie, pero sí para generar debate. Y parece una conclusión simple: que hable de porno la mujer. Pero no lo es, porque lo que sabemos sobre pornografía, ha sido concebido por y para hombres. Hasta hace nada.

Softcore, hardcore y violación

La pornografía se consume en un ámbito privado, forma parte de nuestra intimidad. Pero ¿Qué pasa si se pone en el contexto público? ¿Podemos hablar libremente del porno que consumimos? En nuestra intimidad nadie nos juzga. Nadie excepto nosotros mismos. En Porn is on tocamos un tema poco abarcado en lo que al porno se refiere: el rechazo inmediato por el producto consumido una vez que se obtiene el orgasmo.

Pudimos comprobar durante las entrevistas que algunas mujeres se sienten atraídas por la fantasía la violación. Y existe una gran cantidad de vídeos pornográficos que van desde inocentes azotes hasta acciones más violentas en las que la mujer es siempre la víctima. Otra vez surge la necesidad de cuestionar quién produce este material y a quién está destinado.

Fotografía: Roger Rossell/Escena de «Porn is on»

Hoy en día, los vídeos más buscados por las categorías que ofrecen los servidores de Internet son los homemade (hecho en casa) y los amateur. Esto implica un deseo de consumir imágenes más apegadas a lo cotidiano y no las ya antiguas producciones artificiales de hace una década. Y en este tipo de material “de andar por casa”, la línea que separa unas cachetadas y nalgadas de una violación, suele ser muy fina. Por supuesto, estamos hablando de ficción. ¿Una ficción que promueve la imagen de la mujer como receptora unilateral de la violencia? Sí. No hace falta más que meterse en Google y teclear palabras clave.

¿La fantasía de una violación es recurrente en las mujeres? No necesariamente, según los datos obtenidos de nuestras entrevistas. Pero sí resultó común la idea de que el sexo edulcorado o en el que el placer de la mujer brilla por su ausencia, no interesaba a las entrevistadas. Es importante mencionar que este grupo lo conformaban mujeres españolas de entre 22 y 40 años.

Considero oportuna la puntualización, pues en ciudades europeas como Barcelona, todo lo que atañe al feminismo está en auge. Y romper los esquemas patriarcales de lo que ha sido la sexualidad, y el papel asignado a la mujer —sin contar con ella—, incluye hablar abiertamente de pornografía. Y para sopesar dos puntos de vista distintos sobre el porno para mujeres, volvimos a dos de nuestras fuentes iniciales: Maria Llopis y Erika Lust.

Llopis sostiene que se puede ser feminista y a la vez disfrutar del sexo duro. Afirma “a las mujeres no siempre nos gusta despacito y con luz tenue, a casi todas nos gusta el hardcore”.  Y esto no es óbice para rechazar y condenar la violencia machista. El problema está en no saber diferenciar la fantasía sexual de los comportamientos que —de manera más o menos consciente— han formado parte de nuestra sexualidad a través de años de adoctrinamiento heteropatriarcal.

Por su parte, Lust (autora de Porno para mujeres) reivindica no sólo la necesidad de reflejar el placer sexual femenino en sus películas, sino a romper con esquemas antiguos de la pornografía. Sus películas combaten la idea de que el sexo acaba cuando el hombre eyacula. O que las actrices tengan que lucir cuerpos llenos de silicona. Para ella la ficción pornográfica puede incluir hasta promesas de amor eterno.

Llopis, en su blog, sentencia: cada vez que Erika Lust abre la boca, una feminista muere. Para la artista valenciana (autora también de Maternidades subversivas) no es posible afirmar que una u otra sea, en efecto, pornografía para mujeres. Por una razón simple: el deseo sexual de la mujer no está explorado. Por el contrario, ha sido invisibilizado durante siglos. Por lo que considera una estafa que Erika Lust abandere el porno feminista. Ya que, según Llopis, el cine de Lust deja fuera sexualidades alternativas que involucran a mujeres que no se ven reflejadas en dichas películas.

Finalmente, y para poder articular un discurso dramatúrgico, tuvimos que partir de la  base: la protagonista de nuestra historia. ¿Quién tuvo la idea de crear Porn is on? Marina Rodríguez. ¿Quién dirigió la pieza? Ella misma. ¿Desde dónde, entonces, tendría que elaborarse el discurso sobre la pornografía? Desde su experiencia personal. Como mujer, consumidora, artista y, sobre todo, como parte de la sociedad. ¿Representa este discurso a todas las mujeres? Por supuesto que no, ni lo pretende.

Para hablar de porno para mujeres, tienen que hablar más mujeres. Escribir, dirigir, producir. Y nosotros, los hombres, callar y escuchar.

Artista binacional (México-España) residente en Madrid. Actor, director, escritor y pedagogo teatral. Licenciado en Arte Dramático con Especialidad en Interpretación Textual por la ESAD Sevilla (España) y Licenciado en Educación Secundaria con Especialidad en Inglés por la ENSY de Mérida (México). Su obra teatral como actor, director y pedagogo se ha desarrollado en España, México, Alemania, Italia, Egipto, Rumania y Bangladesh, tanto en producciones locales como festivales internacionales. En 2011 crea Ekkyklema Teatro, sello bajo el cual escribe, dirige e interpreta un teatro que investiga la transversalidad de lo narrativo y lo escénico: Macario, muerto de hambre, Monstruo, Acullá. Más allá de aquí y Czech dream son algunos ejemplos. Su carrera como actor de cine y televisión incluye las series Malviviendo, Flaman, Valeria, Intimidad, Las pelotaris, Silent witness, Ella es tu padre; y largometrajes como Obra 67, La flor de lis y Els nens salvatges. @ricardo_mena_rosado / www.ricardomenarosado.com