Akire Tark

Dibujo original: Andrés Herrera Martín

Voy sintiendo cómo los días me han caminado en el cuerpo de una manera desordenada. Podría decirse que los cantos de las voces revolotean espirales de letras invitándolas a perderse en el cielo. Andando del monte hacia la ciudad de mis pensamientos cada ciclo está repleto de imágenes que pasan por mi cuerpo como si comprobaran su efecto en mi temperatura, como si fueran láminas de ánimas que atraviesan una y otra vez, de cabeza a pies, este mi ser que lucha por mantenerse de pie ante los días impensables a venir.

Quiero develar el tiempo de la comprensión, el segundo de la somnolencia y los largos minutos de angustia que mi guerrero combate con todas sus fuerzas. No me caeré, me repito, no lo haré porque al resonar mi cuerpo en la tierra, a pesar del silencio de propios y extraños, hay un polvo que se levantó como para molestar el recuerdo y recordar que mi ausencia no significó nada para nadie, ni para las cifras ni para la melancolía del relato plural. Mi yo singular cae para atrás poblando meses acolchonados de recuerdos, días de caminar embriagada de luceros, mientras salen de mi boca luciérnagas con destino al mar.

Pude saber que mi ausencia no importaba porque yo estaba yendo para atrás, cada día me internaba en el anterior y se había provocado una suerte de túnel del desaparecer mitad niebla, paredes de tierra y sin faltar, enormes lajas blancas de piedra que aseguraban mi camino en estas tierras del estoy pero me voy… ¿Has estado ahí? 

Podía sentir la mugre en mi cuerpo, hollín del tiempo, que se desprendía con esos pasos a la inversa, al doblar el tiempo en mí, la nuca me provocaba una comezón por la desaparición de la duda: vivir al revés el tiempo provocaba su ausencia. Pensé que todos los que habíamos nacido bajo el signo de interrogación podríamos encontrar el vacío de esta manera, así que decidí caminar de frente para atrás.

Yo sería testigo del paso reverso de la realidad. Atraída por paisajes cóncavos, encontré una nueva gravedad permisiva, tolerante a mi ignorancia, un sin embargo de las luchas estériles, escupitajo de la verdad. Un ¡Epa! ¡Epa! Cabalgante que repartía bofetadas en el camino, bofetadas antes vistas, previsibles, a las que mi cara se acercaba sin poder evitarlo, habitando realidades parkinsonianas, estrellarse era inevitable.

Caminar de frente hacia el pasado era como caminar en Juchitán, vientos fuertes portan tu cuerpo en diagonales impensables de 45 grados en relación a la tierra. Todas esas voces veces, voces vicios, voces vagos vicios vientos, se estrellaban contra mi cuerpo futuro. Puras estupideces estrellándose en mi frente como papeles abriendo la piel… como herirse al revés ¿te ha pasado?

No hay claridad en este viaje inverso, donde punto a punto, convertimos hechos en esculturas, momentos de discusiones congeladas en el gesto, expresiones de ira y frustración congeladas para siempre. La velocidad de los ojos detenidos por un episodio revelador de la ausencia donde la vida permanece y la comunicación parece detenerse. Tú, con toda esa fuerza de fiera confrontando una realidad detenida, ardiendo en la conciencia del estoy y me voy, interrupta belleza del horror: amor no me dejes…

Caigo de golpe ante el silencio de las voces, a tres de cuatro patas avanzo, la una no responde y me arrastro en este desierto sin recuerdos. He nacido en el colapso de mi cuerpo a un desierto sin fechas límite, saboreando la sal que huye de mi cuerpo, cobarde sal de mis memorias. Veo cómo se aproxima el pasado, samûn de mis silencios, devastador, asfixiante y yo, sin sudor ni tiempo, con el único consuelo de ser nadie. Y aguanto todo con la intención de llegar a mi Taklamakán.

El arte del ahogo revuelve mi coherencia, intento respirar y de mi boca brota una espiral de esferas de aire que revientan soltando palabras como seres que se alejan:

      Cuyo existió se hizo fue mi vida, 
   quiero, intento, lucho
                    pero vida amada pierdo,  
                                          sin voz, 
                    amor perdido,         
       sin fuerza,                           
               registro,                   
                       desisto,
                  llegar,                        
                           partir… 
                                 dejarse ir

Nunca imaginé terminar en verbos infinitos… 

¡Gloria a la muerte de mi Guerrero en día Augusto!

Comienza el canto del primer día, nacimiento cíclico sorprendente. No hay nada que hacer, sólo observar, oler, sentir.

Akire Tark es un héroe mitológico del linaje noble de Santiago Uyghur. Su apellido significa «abandonar, dejar solo, dejar atrás». Para modificar su sino, emprende una cruzada hacia el origen, practicando el arte de engullir el tiempo, dejando un paisaje desolado poblado por palabras y emociones sin sentido. Muere en combate consigo mismo. Su corta vida es ofrenda a la melancolía.

Dedicado a todos los que han visto el horror de cerca y a los que la pérdida ha dejado huérfanos.

Erika Torres
Actriz, bailarina, coreógrafa, diseñadora de vestuario e iluminación, fotógrafa escénica, docente y escritora. Ha desarrollado su trabajo en México, Costa Rica, Estados Unidos y Europa. En 2000 recibe la Medalla al Mérito Artístico otorgada por el Gobierno de Yucatán. Su trabajo aborda el estudio de la naturaleza del pensamiento caótico y su expresión en el habla, la escritura y la escena; la relación entre sonido y movimiento, simbiosis e independencia en el discurso escénico, especializada en interdisciplina. Ha dirigido más de 30 producciones coreográficas con las que ha recibido becas para estudios en el extranjero por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Relaciones Exteriores, becas nacionales otorgadas por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Premio del Público y dos veces premiada como mejor bailarina en el Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López. Representó a México en el Festival Internacional de Coreógrafos de Costa Rica y en la inauguración de Les Bains Connective Art Factory de Bruselas. Sus coreografías son producciones realizadas para el Festival de Arte Contemporáneo de León, Guanajuato, el Festival Internacional Cervantino, el Festival Internacional Música y Escena, el Foro de Música Nueva Manuel Enríquez y el Festival Eduardo Mata. Es directora de teatro para cuatro producciones de las siguientes instituciones y programas: el Centro Nacional de las Artes, el Teatro de la Ciudad, el Festival Internacional Cervantino y el Programa Nacional de Teatro Escolar. En ópera, ha trabajado en dos producciones con el Estudio de Opera de Bellas Artes para el Festival Internacional Cervantino y ha sido coreógrafa de óperas del compositor mexicano Víctor Rasgado desde el 2009. Actualmente trabaja con la Compañía Nacional de Ópera desde 2019 y en producciones de ópera del Teatro del Bicentenario desde 2012.