Amasio de Miguel Manjarrez

Del libro de cuentos Nada que Fingir

Compadre Amasio, se está usted enculando, yo sé lo que le digo; no puede ni siquiera hablar de Amelia, porque al momento quiere llegarse donde ella. Tenga cuidado, si fuera una mujer de otro pueblo no estaría yo con el pendiente, pero es de La Teja… Aunque no sea usted el primer casado que frecuenta una de ahí, bien sabe que todos los que han andado en estos líos, dejaron a sus familias en el abandono.

—Párele ya de regaños, que no soy un chamaco, esto es no más por pura calentura; sino pos cómo me echaría a lo buey una hora en caballo. Por cierto, ya hace dos días que no me aparezco por ahí… ¡Eh mesero, tráigame la cuenta!

—¿Lo ve compadre? Nomás piensa en ella y luego, luego, le hacen cosquillas las andaderas… ¿O no será que es ella la que pensó en usted y lo está llamando? Tenga cuidado compadre, hay otras mujeres para las cusquerías, la mentada de Amelia tiene fama de yerbera, mejor dicho, es bruja, y por ahí dicen que es de las meras buenas, por ser de La Teja. Yo creo que por eso no se ha sentido bien últimamente, mire que hasta tiene que venir al dispensario a gorrear las medicinas, dicho sea, con el debido respeto, porque usted es de los más pudientes de esta miserable región.

—Ah qué joder con las supersticiones, compadre. Amelita sabe que esta querencia es nomás por un tiempo, y que en cualquier rato se acaba, faltaba más.

—Ojalá sea pronto, compadre, porque mi comadre como que ya se huele algo. Cuando me ve pasar medio borracho a mi casa y usted no va conmigo, nomás arrrisca la mirada y se rasca la cabeza, como buscándolo a usted entre los paredones del caserío. Compadre déjese de tonterías y ya no vaya con la Amelia, compadézcase de su familia.

—Oiga compadre, ¿No será que usted quiere atenderme el negocio con la comadre?… Si por ese lado andan sus preocupaciones, ahora mismo las arreglamos.

—Cómo cree compadrito chulo, yo lo respeto a usted y a mi comadre, más de lo que se imagina, nomás decía…

—Pos no ande diciendo… Aunque para serle sincero, yo también quiero que esto se acabe. Ahora mismo voy para La Teja a terminar con Amelia, sí señor.

—Gracias a Dios compadre, es más de puro gusto yo pago la cuenta, y usted apúrese, no sea que le caiga la noche y se las arregle la vieja esa para que se quede con ella.

—No sea mula compadre, si yo dije que esto se acaba es porque se acabó. Amasio, después de la cabalgata a matacaballo, por fin se apeó del animal retinto que, aunque sudoroso y resoplante, piafó repetidamente, como saludando la vivienda, donde Amelia, en la cocina, permanecía dando la espalda hacia la entrada. Amasio la miró con lástima al recordar que en dos años sólo había medio discutido en dos ocasiones cuando ella le rogó que se quedara a vivir a su lado. Se habían conocido cuando Amasio había ido a La Teja, porque el peón encargado de comprar los fertilizantes estaba enfermo. Al preguntar en una tienda, Amelia le dio santo y seña del negocio agrícola que buscaba, pero, después de las compras, ya de noche, acabó en casa de la mujer de ojos penetrantes y de andar cadencioso, que parecía no tocar el suelo.

—Buenas tardes, Amelita, pensé que me había oído llegar.

—Te oí Amasio, esperaba a que me abrazaras por detrás como me gusta sentirte cuando llegas. La cena está casi lista —su mirada retozona se detuvo un instante en la incógnita que surgió de las facciones varoniles— mientras bebe un tecito para el frío.

—¡Qué té ni qué nada! Tus bebedizos nada más son para que yo regrese a ti con más urgencia; pero esto se acabó, no volveré nunca más.

—Vas a volver, yo sé que vas a volver.

—Ya lo veremos, entonces sabrás quién es Amasio Pichasuelta.

Se alejó a galope tendido, pero una voz quejumbrosa parecía silbar en el aire: “… Vas a volver… Regresarás…”

Le acometieron unas terribles ganas de orinar. El jalón a la rienda hizo que el caballo se parara en dos patas. Desmontó, desabotonó la bragueta, mas no se halló el miembro.

En medio de la desesperación y el susto dio marcha atrás, encontrando a Amelia sentada con la cena intacta, como esperándolo.

—Te dije que ibas a volver. Pasa al baño, que sólo aquí en mi casa podrás tener lo que tanto has presumido y que hace un momento no encontrabas, porque no podrás ser de nadie

más sino mío.

—Pero Amelita por favor, entiende, mi mujer, qué será de ella. Intentaba entre gimoteos conmover a la de la Teja.

—¿Tu mujer? Ella está feliz porque estés aquí. Pensabas que era yo la que te estaba trabajando, pero te equivocaste. Has de saber que soy la única de La Teja a quien le fueron negados los poderes de las yerbas, por ser de padre extranjero, tu mujer te ha engañado desde siempre. Ella es de aquí de La Teja, pero nunca te lo dijo. Es ella quien les ha dado los remedios.

—¿Nos ha dado? ¿A quiénes?

—A ti, para que te quedes a mi lado, y a tu compadre Juan para que le haga compañía; y ya pásale al baño, ¿No que tenías tantas ganas de mear?

Miguel Manjarrez Torres
Lic. en Ciencias de la Comunicación, estudios de Filosofía en Seminario de Yucatán, Maestría en Psicoterapia Cognitivo Conductual. Escritor de novela, cuento y poesía. Experiencia docente y directiva de 20 años en Escuelas secundarias y preparatorias. Diácono de la Iglesia Anglicana en la Diócesis del Sureste de México. Entre sus publicaciones encontramos la novela corta Cuéntame gatito publicación particular en 2001, libro de cuentos Había una vez por parte de la Universidad La Salle en 2002, Nada que fingir, libro de cuentos por parte de Porrúa en 2015, Orbelina por parte de Ed. El Nido del Fénix 2017. Y Mía-Vuela en 2019. Además aparece en la compilación de textos de Excelencia Literaria editado en Estados Unidos como resultado de ser finalista en la categoría de cuento y poesía, aparece de igual forma en la Antología de poesía erótica por parte de Librélula Editores en mayo del 2015. En el 2014 ganó el concurso estatal Letra del Himno del CECyTE Quintana Roo. Ha participado en diferentes encuentros literarios, como la Feria internacional del Libro en Bogotá Mayo 2015, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara diciembre 2015 y la FILEY en marzo del 2016 y 2017. Creador del Premio Nacional Nada que Fingir, desde 2016, Plataforma que reconoce el trabajo artístico en México.