Dos cantos de Miguel Manjarrez Torres

Quintana Roo

Eres doncella que el caribe baña
reina preciosa que el camino mellas
Chetumaleña se escuchan tus huellas
tú eres chiclera que ni al tiempo engaña.
 
Furia en tus aguas, huracanes gesta
fina armadura de corales bríos
son caracoles, sacrificios fríos
mármol de estrella de tu lecho en fiesta.
 
Son tus leyendas de ancestrales mayas
rayos que emanan de tu invicto escudo
perlas preciosas de suprema laya
 
suave eres canto de un mensaje rudo
aventurera que a tus pies me encallas
dame la calma, ya que Ixchel no pudo.

Chetumal ( Del libro de cuentos Nada que Fingir)

Regreso después de quince años. Me siento en la banca que siempre estuvo ahí, ocupada por el mismo espectador fiel a su vocación, gentil y cortés saludando a quienes, día a día, transitábamos por la av. Héroes. Algunos llevan carriolas, otros a sus hijos de la mano, algunos más con los hijos mayores.   Otros    estamos solos en  esta avenida, sin papá o mamá que nos lleve a los algodones de azúcar, a los hot dogs empanizados, a los machacados de frutas, que refrescaban las insoladas caminatas vespertinas. Las venteras de cada esquina ofrecen chicharrones, palomitas, esquites, elotes y fruta con chile y limón.

Esa banca hoy es mía por primera y posiblemente por última vez. Ya no soy el transeúnte de quince años atrás. Hoy soy el espectador de ese retrato chetumaleño que ha vencido al tiempo; las mismas acciones, los mismos lugares,  detrás de la banca el monumento a Gonzalo Guerrero, y el Mercado Andrés Altamirano, y en la calle, los que transitamos.

Intento reconocer a alguien  en medio de ese entorno, que parece fotografía de los noventas, pero no distingo a nadie. Ya no está el que ocupó esta banca años atrás: un anciano de tez quemada, de mirada agradable y sombrero de paja, con la voz enrarecida por el tabaco. Parecía que me esperaba cada viernes cuando acostumbraba, con mis amigos de adolescencia, caminar rumbo al Boulevard, “Hola güero, buenas tardes güero, que te vaya bien güero”.

Nadie me voltea a ver; me siento obligado al saludo, pero ni siquiera perciben que estoy aquí sentado. Nunca supe el nombre del anciano, sólo sé que si él hubiera estado en esta banca, Chetumal sería más cálido. Junto a mí pasa, casi atropellándome, una señora que se detiene a comprar un granizado de uva para su hijo. El niño me mira, como esperando algo de mí; me pongo de pie, le acaricio la cabeza despeinándolo un poco: “hola güero” le digo, mientras camino sobre la Av. Héroes, cazando algún recuerdo atrapado en las paredes de sus edificios.

Miguel Manjarrez Torres
Lic. en Ciencias de la Comunicación, estudios de Filosofía en Seminario de Yucatán, Maestría en Psicoterapia Cognitivo Conductual. Escritor de novela, cuento y poesía. Experiencia docente y directiva de 20 años en Escuelas secundarias y preparatorias. Diácono de la Iglesia Anglicana en la Diócesis del Sureste de México. Entre sus publicaciones encontramos la novela corta Cuéntame gatito publicación particular en 2001, libro de cuentos Había una vez por parte de la Universidad La Salle en 2002, Nada que fingir, libro de cuentos por parte de Porrúa en 2015, Orbelina por parte de Ed. El Nido del Fénix 2017. Y Mía-Vuela en 2019. Además aparece en la compilación de textos de Excelencia Literaria editado en Estados Unidos como resultado de ser finalista en la categoría de cuento y poesía, aparece de igual forma en la Antología de poesía erótica por parte de Librélula Editores en mayo del 2015. En el 2014 ganó el concurso estatal Letra del Himno del CECyTE Quintana Roo. Ha participado en diferentes encuentros literarios, como la Feria internacional del Libro en Bogotá Mayo 2015, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara diciembre 2015 y la FILEY en marzo del 2016 y 2017. Creador del Premio Nacional Nada que Fingir, desde 2016, Plataforma que reconoce el trabajo artístico en México.