Llegó la hora de las acciones de los pueblos, sin el ruido de las bombas, solo con determinación y coraje. Porque lo contrario –no tenga duda- será cruzar los brazos ante tanto derroche de crímenes y abusos.
Sirvan estas pobres líneas como un alerta para que el huracán no logre sus malévolos objetivos. Y, por otra parte, estimular a todas las fuerzas progresistas a desarrollar acciones comunes con el objetivo supremo de enterrar al monstruo. No se trata de encender el mundo sino de apagarlo con inteligencia y el concurso de todos los que aman la paz.













