Sirvan estas pobres líneas como un alerta para que el huracán no logre sus malévolos objetivos. Y, por otra parte, estimular a todas las fuerzas progresistas a desarrollar acciones comunes con el objetivo supremo de enterrar al monstruo. No se trata de encender el mundo sino de apagarlo con inteligencia y el concurso de todos los que aman la paz.

Como pólvora recorre el mundo la noticia de una nueva masacre, se produce el espanto y el horror, corren lágrimas. Se cierne en derredor, como un manto muy oscuro que nos abraza, el desaliento y el vacío, la certidumbre de la muerte inaudita.