Bloqueo contra Cuba: la más larga guerra a nivel global

El 6 de abril de 1960, el subsecretario de estado del gobierno de los Estados Unidos, Lester D. Mallory, escribía un memorándum secreto en su condición de asistente para los asuntos interamericanos donde exponía la esencia de la filosofía del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto, meses después, contra Cuba.

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Desde entonces hasta la fecha, esta medida que trasciende por décadas, ha sido recrudecida con 243 medidas adicionales, las cuales provocan graves consecuencias en la economía cubana y afectan directamente todas las esferas relacionadas con las posibilidades de garantizar los recursos básicos para la vida del pueblo cubano.

Recientemente el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, expuso los daños cuantificados del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos provocó a Cuba, entre marzo de 2023 y febrero de 2024, que ascienden a 5 056.8 millones de dólares, en un período tan breve, pero marcado por los esfuerzos de la Mayor de las Antillas para recuperarse de los dos años de pandemia de Covid-19 que causaron millones de muertes a nivel global.

Rodríguez Parrilla, argumentaba frente a periodistas nacionales y extranjeros, el documento, en virtud de la resolución 78/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada: “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, el cual recoge las afectaciones de esa política hostil en los diferentes sectores de la economía y la sociedad en todo el archipiélago.

Elaborado a partir de un informe que Rodríguez Parrilla calificó de arduo y minucioso, se reflejaban cifras que demuestran el impacto genocida del bloqueo que todas las administraciones estadounidenses han tratado de disfrazar con la palabra “embargo”, de modo que se establezca una relación de derecho sobre la soberanía de Cuba como si trataran de un asunto doméstico de Washington con respecto a los estados que integran la Unión.

Cuba presenta desde 1992 la resolución titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, que cada año ha recibido el apoyo mayoritario de las naciones miembros del organismo internacional.

No obstante, La Habana denuncia que la Casa Blanca persiste en ignorar ese resultado, y ha recrudecido el bloqueo a niveles sin precedentes, aplicando una política de asfixia económica para buscar deliberadamente el colapso del país.

Situación económica en la década de los años 50: la ilusión económica bajo la “prosperidad” del garrote.

Uno de los afluentes actuales de la guerra mediática contra Cuba pretende edulcorar la imagen de la capital de Cuba, en medio del “esplendor” que se atribuye a determinadas construcciones de edificios que por su modernidad arquitectónica –fundamentalmente en la capital cubana- fueron construidos como parte del supuesto programa de obras públicas durante la última etapa de la dictadura de Fulgencio Bastista.

En realidad, tal bonanza no existía. Las grandes diferencias de una mayoría marcada por la pobreza no podían ser encubiertas en los barrios exclusivos del Vedado o Miramar. La capital exhibía grandes casinos, hoteles y salas de juego. La llamada industria del ocio marcaba los intereses del capital norteamericano que se dirigía a expoliar las tres fuentes más importantes de la producción cubana de entonces: azúcar, tabaco y café. Además de las explotaciones mineras sobre metales preciosos y níquel, muy lejos de la capital.

El bajo nivel de vida explica también otro de los grandes problemas que asolaron a Cuba antes del triunfo de enero de 1959: el desempleo. En el llamado período muerto de la zafra azucarera, cerca de ocho meses del año, llegaba a 600 mil trabajadores, con una tasa de casi el 35% de la población económicamente activa, estimada en dos millones de trabajadores. Esta cifra es superior al nivel de desempleo alcanzado por los Estados Unidos durante la Gran Depresión de 1929 a 1933, que fue todo un símbolo de la decadencia económica en ese país, algo que era rutinario en la sociedad cubana de aquella época.

Los males descritos arriba se distribuían en todo el país. La Habana, excepto las refinerías de petróleo, su condición de capital, principal puerto del país (por su proximidad con los Estados Unidos) y su condición de capital de administración y servicios, no poseía grandes industrias. Es precisamente lo que exponía Fidel en su condición de primer ministro del gobierno revolucionario, ante los empleados del comercio, el 20 de diciembre de 1959:

“Es decir que nosotros llegamos a tener que resolver todos esos problemas cuando esa reserva de la nación estaba virtualmente agotada, y, en esas dificilísimas condiciones, tuvimos que emprender la tarea de realizar lo que no se había realizado aquí en 50 años y tuvimos que emprender la tarea de hacer todas las obras, todas las calles, todos los acueductos, todos los caminos, todos los alcantarillados, todas las escuelas, todos los hospitales que no se habían hecho aquí en 50 años, y hacerlos cuando el precio del azúcar era más bajo, y hacerlos cuando nuestras divisas estuvieran agotadas, y, como si todavía fuera poco, hacerlos también con la enemistad de muchos políticos vecinos del norte, con la campaña de casi todas las revistas de más publicación en el vecino país del norte, que nos estaban atacando, nos están atacando y nos seguirán atacando, sencillamente, porque hemos tenido el decoro de defender las cosas de Cuba y defender los intereses de Cuba”.

Varias generaciones de cubanos, hemos sufrido las consecuencias directas que provocan las limitaciones del bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. ¿De qué nos van a limitar en momentos que se abre un camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas? En nada. La guerra declarada del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, así lo ratifica.

Licenciado en periodismo por la Universidad de La Habana, en 1989. Jefe del Grupo de Televisión de la Academia de Ciencias y miembro del Consejo editorial de la revista Ciencia, en 1989. Subdirector de la Cadena Provincial de Radio de La Habana, en 1993. Periodista y jefe de redacción del periódico El habanero, en 2013. Subdirector de Tribuna de La Habana 2015. Posee cursos de postgrado relacionados con la dirección guion y realización de programas de radio y televisión; fotografía, diseño. Crítico de arte, dibujante, caricaturista. Postgrado de especialista en temas económicos por el Banco Central de Cuba. Ganador de disimiles premios en concursos periodísticos de Radio y Prensa escrita. Ha publicado relatos en dos ediciones cubanas y una en Argentina. Miembro del jurado del concurso provincial de periodismo en La Habana. Ha participado como jurado en el Festival de la canción mexicana, en La Habana. Actualmentes, es director del periódico Tribuna de La Habana desde 2021.