El bloqueo lleva más de 60 años y nuestro pueblo se mantiene de pie, a pesar del persistente ataque a nuestras más elementales condiciones de vida que han causado daños casi indescriptibles y de manera genocida. Pero, sin duda caerá estrepitosamente.
Recientemente el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, expuso los daños cuantificados del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos provocó a Cuba, entre marzo de 2023 y febrero de 2024, que ascienden a 5 056.8 millones de dólares, en un período tan breve, pero marcado por los esfuerzos de la Mayor de las Antillas para recuperarse de los dos años de pandemia de Covid-19 que causaron millones de muertes a nivel global.
Una estrategia de asfixia de seis décadas, más el cerco de guerra económica de los últimos cuatro años, unido a la ausencia de ingresos por turismo debido a la pandemia, han provocado en Cuba una aguda situación de desabastecimiento en todos los órdenes.
El presidente de EEUU condenó a Cuba como un “estado fallido” que provocó “el estallido social” del domingo 11 de julio. Dijo estar dispuesto a despachar vacunas a Cuba sólo a través de una organización internacional que asegure administrarlas a la población. Mantuvo así las puertas abiertas para un “corredor humanitario” que desembocaría en un “cambio de régimen”. Omitió el siempre presente bloqueo.
¿Qué esperar del futuro? ¿Qué pasará con naciones hundidas en una miseria ancestral, algunas en proceso de extinción? En estas circunstancias, ¿surgirá el nuevo Orden Económico Mundial tan reclamado por los países en desarrollo? Es más probable que surjan correcciones al orden existente sin dar solución a los graves problemas que sufre la humanidad.













