Capitalizar el odio

¿Quién está detrás de toda la oleada de violencia que atestiguamos en las redes sociales? Muchas veces los que instigan ataques, burlas y humillaciones no tienen perfiles reales. Los llamados haters pueden ser personas que simplemente no tienen otra cosa qué hacer, pero también hay otros actores involucrados. Detrás del odio existen intereses económicos y políticos que desconocemos.

The hater (2020) es una película polaca dirigida por Jan Komasa. En ella se nos presenta a Tomek, un joven estudiante de derecho que es expulsado de la universidad por cometer plagio. Este es el inicio de su debacle mental y moral, que lo irá convirtiendo en un personaje complejo y ambiguo. En vez de confesar a sus patrocinadores educativos (a los que llama tíos) de su expulsión, los graba a escondidas para saber qué piensan de él. Descubre que es menospreciado por su poco refinamiento y sus  evidentes ambiciones de ser como ellos.

Este es el germen del odio, sentir la exclusión y saberse menor respecto a otros. En un intento de sobrevivir, Tomek consigue empleo en una agencia de marketing digital dedicada exclusivamente a sabotear marcas, personalidades (influencers) y políticos. Los métodos son poco éticos y de plano rayando en la criminalidad: mentir, crear cuentas falsas, manipular mediante hashtags. El odio no es gratuito, siempre es propenso a capitalizarse.

Uno de los aciertos de The hater es la urgencia por evidenciar esta maquinaria digital. Jan Komasa está preocupado por el giro fascista que tiene Europa, específicamente en Polonia, y el papel fundamental que juegan las redes para difundir ideas racistas y discriminatorias. No cae en el error de responsabilizar a las clases bajas por sus escasos recursos o poca oportunidad educativa, pues reconoce que ellos son apenas unos peones. Su interés es mostrar a los que agitan todo ese resentimiento y lo canalizan para conseguir objetivos mercantiles.

Tomek asciende muy rápido en aquella agencia y se involucra en política. Se le encarga crear estrategias para desprestigiar a un candidato progresista, y para ello despliega todo tipo de propaganda xenófoba e islamófoba. En todo aquello no hay ningún compromiso ideológico, simplemente realiza un encargo que le retribuirá prestigio y control sobre otras personas.

La ecuación de este odio desatado y capitalizable no está completa sin la clase burguesa y educada. También son responsables de crear un ambiente de tensión, por sus privilegios y por la criminalización de los pobres. Los patrocinadores de Tomek son la representación de los izquierdistas que se preocupan por los migrantes, pero no dudan en burlarse y tener prejuicios con los que creen inferiores. Este doble discurso no es solo un rasgo de personalidad, es una posición política: quedar bien con las causas justas, pero internamente reproducir modelos de segregación por clase.

En un momento la película se torna sangrienta. Es difícil detener el impulso de la violencia que causó Tomek. Sus ánimos de revancha personal se extrapolan hasta movilizar tanto a grupos de ultraderecha como a bienintencionados demócratas. El gran logro de Jan Komasa es hablar de esto sin idealismos, Tomek no es héroe ni antihéroe, su amoralidad (horrorosa) es necesaria para revelarnos esta realidad subterránea. Quizá por esto sea una película desalentadora: el mal, o mejor dicho, el capital siempre triunfa. Ver The hater es una sacudida para repensar qué tanto nos dejamos influenciar por las redes sociales. Cada vez que replicamos una noticia falsa o una imagen descontextualizada, alguien está ganando dinero por ello, o ayudamos a posicionar una marca o le damos ventaja a un político anti derechos. La crudeza de esta realidad ya no puede ocultarse. La pregunta es qué vamos a hacer: ¿alimentar el odio o cortarlo de tajo?

Yobaín Vázquez
Manuel Yobaín Vázquez Bailón (Mérida, 1990) Antropólogo social. Tianguista. Ganador del Premio Estatal de Cuento Corto “El Espíritu de la Letra” 2014 y del Premio de Cuento Joven FILEY 2015. Becario del PECDA 2018 en categoría Jóvenes Creadores. Mención honorífica en el Premio de Cuento “Beatriz Espejo” 2019.