China prueba el histórico éxito soviético

Teniendo en cuenta lo que es hoy China y lo que representa para la paz mundial y el desarrollo de los pueblos, se puede afirmar que el proceso soviético ha sido un éxito histórico extraordinario, si se reconoce que, en términos reales, China construye el socialismo como continuidad de la tarea emprendida inicialmente por la URSS. Sin embargo, desde 1989, muchos califican este acontecimiento de “el fracaso soviético”, por efecto de la propaganda capitalista en los medios de prensa de todo el mundo.

Esta es la opinión del jurista y escritor argentino Mariano Ciafardini quien en el sitio digital Con Nuestra América de Buenos Aires, se pregunta:

“Pero, ¿y si no existiera tal fracaso? ¿O por el contrario si el “proceso” del llamado socialismo real, tomado como un todo, y, en particular el balance del papel jugado por la Unión de la Repúblicas Socialistas Soviéticas, no condujera a un resultado macro-político negativo, sino, por el contrario, al de un gran éxito histórico?

“Porque la evidencia empírica sustancial que se esgrime como definitoria, acerca de tal fracaso, es simplemente la de que la Unión Soviética dejó de existir y que los países que la componían, Rusia principalmente, prosiguieron como naciones independientes en el marco de dinámicas económicas y políticas propias del sistema capitalista. Pero eso es sacar una conclusión simplista, a partir de un análisis superficial y coyuntural de los hechos, sensacionalista e impactante por lo catastrófico pero, sobre todo, parcial y nada histórico.

“El solo hecho de que la URSS haya resistido y vencido al nazismo, y aliviando en gran medida al mundo de tener que lidiar con semejante monstruo bélico y despótico, debería llevarnos a ser un tanto más cuidadosos a la hora de hablar de fracasos. Pero, además, ¿cuántos movimientos de liberación, de países neocoloniales y dependientes pudieron tener lugar, a la sombra de la gran sombrilla soviética? ¿Cuántos movimientos populares hallaron espacio geopolítico para surgir y mantenerse en esa bipolaridad en la que la URSS se inmoló soportando un asedio y un boicot insidioso y permanente de parte de todo “occidente”? y, ¿cuántas luchas y triunfos obreros en sus reclamos por mejoras en las condiciones de vida hubieran tenido un muy distinto resultado para peor sin la existencia del país de los soviets, que tuvo que contrabalancear las codiciosas tendencias de un capitalismo dominante y poderoso, durante todo el siglo XX, a costa de un esfuerzo económico y bélico que no quería pero que le fue impuesto insidiosa e hipócritamente?

“Pero no nos quedemos sólo en ello, vayamos mas allá y arriesguemos una interrogante que no solamente pone en duda la afirmación del “fracaso de la URSS” y de la experiencia del “socialismo real” del siglo XX sino que abona la conclusión exactamente contraria: ¿No es acaso el monumental proceso chino de la actualidad, que no sólo ha demostrado, en números concretos su efectividad socialista, al sacar de la pobreza a 800 millones de personas, sino que aparece, indiscutiblemente, como el freno real, en términos geopolíticos y económicos, del neoliberalismo y las erráticas, por no decir suicidas, tendencias políticas financieras de los grandes grupos de especulación y fraude mundiales, una consecución evolutiva, en forma de marcha y contramarcha dialéctica, de la gesta inaugurada por la Revolución de Octubre y continuada por la URSS?”

La revolución China fue uno de los tantos movimientos de liberación nacional y construcción del socialismo que se pudieron desplegar gracias a la existencia del apoyo soviético. Esta condición de posibilidad de tales movimientos no resta mérito alguno a sus dirigentes ni, especialmente en este caso, al pueblo chino, que pagó con sangre, sudor y lágrimas tal atrevimiento, pero hay que reconocer que, aun así, tal sacrificio hubiera sido en vano, de no existir ese muro de contención de la reacción mundial, que hubiera ahogado en sangre tanto a China como a todos los otros movimientos populares que se desarrollaron en el Siglo XX.

Cuando China, de la mano de Deng Xiao Ping, adopta la política de la “Reforma y apertura”, que la conduciría al monumental fenómeno político económico en que se ha convertido, allá por el año 1978/9, ya se habían restablecido los contactos con la URSS, interrumpidos principalmente durante todo el proceso de la Revolución cultural y, según el propio Kissinger, “el trato de camaradas había vuelto a ser la regla en las relaciones chino-soviéticas”. ¿No estaba la URSS, entonces, de algún modo, “pasándole la estafeta” a la gran nación China y a su revolución socialista?

El autor concluye: —¿No sería esa la manera real de ver “el todo” de la cuestión?

Manuel Yepe Menéndez
Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020