Desarrollo humano Vs. desigualdad de género

La mujer no nace, se hace

Simone de Beauvoir

Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres han sido y continúan siendo el soporte de una valoración social diferenciada entre ellos, con un impacto decisivo tanto en la definición de ámbitos de competencias, roles y funciones que corresponden a unos y a otros, como en lo concerniente a la asignación de las oportunidades, recursos y espacios de decisión.

Para alcanzar un desarrollo humano sostenible en México, es fundamental combatir los rezagos asociados a la desigualdad de género (PNUD).

Una idea generalizada es que el Siglo XXI será el siglo de las mujeres, pero la realidad es que, a casi dos décadas de su inicio, todavía existen grandes desigualdades sociales, que es necesario y urgente superar

México es uno de los países de mayor extensión territorial a nivel mundial, ha tenido un gran crecimiento de la población en los últimos 100 años, ha pasado de 106.5 millones en el año 2005 (PNUD) y a 130.574 millones en 2017 y del total de habitantes, las mujeres representan el 50.7 %  y los hombres 49.3% de acuerdo al  Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de ONU (DAES-ONU)

En México, la situación actual de las mujeres se caracteriza por la desigualdad en todos los ámbitos: ingresos, laboral, educativo, salud, familiar y político, padecen las condiciones más desfavorables y asumen los mayores costos, algunos de ellos considerados como “normales”, sumando a que se necesitaron 200 años de lucha para que se reconocieran sus derechos como derechos universales

En los últimos 25 años, como consecuencia la transformación de los patrones reproductivos, se han producido cambios notables en la estructura por edades de la población. Esta polarización de la sociedad es posible apreciarla a través de las condiciones de desigualdad y pobreza, donde el índice de desarrollo humano (IDH) es un factor importante para medirlas.

La condición de desarrollo humano se puede apreciar mediante dos indicadores cuantitativos, objetivos y oportunos: el Índice de Desarrollo Humano (IDH) desagregado para mujeres y hombres, y el Índice de Desigualdad de Género (IDG).

El Índice de Desarrollo Humano ofrece un panorama de la movilidad de oportunidades en las entidades, municipios y para los individuos que habitan el país, indaga las razones de la presencia de obstáculos, y examina políticas públicas para superarlos.

El Índice de Desigualdad de Género refleja tres dimensiones en las que las mujeres pueden experimentar desventajas respecto de los hombres: salud reproductiva, empoderamiento y participación en el mercado laboral.

La dimensión de salud se mide mediante la tasa de fecundidad en adolescentes y la tasa de mortalidad materna. En 2012, la tasa de fecundidad en adolescentes fue de 0.066 (Conapo, 2014); es decir, de cada mil nacidos, 66 fueron de mujeres entre 15 y 19 años. En cuanto a la tasa de mortalidad materna, la Secretaría de Salud reportó un 42.03 por cada 100,000 nacidos vivos.

El empoderamiento se observa mediante la representación de las mujeres dentro del Congreso y los logros alcanzados en educación secundaria y superior.  En el ámbito nacional, se observó que 23.2% de los escaños parlamentarios eran ocupados por mujeres y el resto por hombres (INEGI, 2010).

La última dimensión mide la participación de las mujeres y hombres en el mercado laboral. El 43% de las mujeres mayo­res de 14 años formaba parte de la Población Económicamente Activa (pea), hecho que contrasta con la participación de los hombres, que fue de 78% (INEGI, 2012).

Estos indicadores calculados y desagregados por entidad federativa y municipio dan constancia de aspectos clave para el desarrollo humano, como la salud, la educación y el ingreso, y revelan cómo los contrastes en otros rubros participación en el mercado laboral, empoderamiento y salud reproductiva pueden generar desigualdad (PNUD)

Estas condiciones de desigualdad de género son más evidentes en países con menores niveles de desarrollo .A pesar de instituirse como valor cultural el principio de igualdad entre mujeres  y  hombres, las acciones rebasan las intenciones públicas o privadas, ya que la desigualdad entre hombres y mujeres, no se deriva de coacción, sino de las prácticas cotidianas de una sociedad aparentemente bien intencionada.

La responsabilidad más importante es visibilizar la situación en que se encuentra el colectivo. Estudios recientes muestran el grado de “sobre-representación” de las mujeres entre las filas de los más pobres y los más desposeídos.

La acción para la igualdad de mujeres y hombres, requiere que todas las acciones integren la perspectiva de género a través de una acción transversal, y de educación, que priorice un desarrollo humano equitativo e igualitario fortaleciendo todas las capacidades humanas y preparando a mujeres y hombres para afrontar el presente, pero sobre todo para la construcción de un futuro más justo.  

María Doris Ybone Candila Echeverría
Maestra en Desarrollo Organizacional, Licenciada en Química, Diplomada en Género y Políticas Públicas y Agentes de Desarrollo Local. Académica de la UADY, Diputada de la LVIII Legislatura donde presidió la comisión de Equidad de Género, iniciativas aprobadas, la Ley de Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de Violencia . Directora fundadora del el Instituto Municipal de la Mujer en Mérida Yucatán, 2010-2012, Consejera del Instituto Nacional de las mujeres, 2013-.2018 y Consejera del Instituto Estatal de Acceso a la información y Protección de datos personales 2018-2020.